.

Quién está en línea

Tenemos 164 lectores conectados
Nacional Tema Activar la demanda para salir de la crisis

Activar la demanda para salir de la crisis

Escrito por Fernando Luengo 14 Enero 2016
( 0 Votos )
Imprimir
Uno de los rasgos más importantes de la actual crisis económica ha sido la fuerte caída de la demanda. El crecimiento de las últimas décadas, muy especialmente el registrado tras la implantación de la moneda única, estuvo basado en la escalada de la deuda. La implosión financiera de 2007-2008 clausuró abruptamente esa fase de crecimiento financiarizado, dejando a empresas, bancos, familias y, en menor medida, administraciones públicas con muy elevados niveles de apalancamiento.

Activar la demanda para salir de la crisisLa respuesta a esa situación, frágil e insostenible, consistió en una sustancial reducción del gasto, tanto en bienes de consumo como de inversión, con el objetivo de aminorar la deuda acumulada. Lógicamente, esta estrategia, cuando se generaliza y se lleva a cabo de manera simultánea, tuvo un efecto contractivo sobre la demanda agregada, lo cual amplificó la crisis financiera, abriendo las puertas a la Gran Recesión.

Las políticas implementadas por el gobierno español y por los responsables comunitarios han tenido un acusado componente procíclico, agravando el referido problema de demanda, asociado a las estrategias de desapalancamiento. Más concretamente, las medidas de contención salarial y las de ajuste presupuestario, llevadas a cabo con el propósito de mejorar la competitividad y de reducir el déficit y la deuda públicos, han provocado un efecto "bola de nieve", pues han comprimido todavía más el consumo y la inversión (sin que hayan alcanzado los objetivos que las justificaban).

Añádase a todo ello la masiva destrucción de empleo ocasionada en estos años de crisis, los elevadísimos niveles de desempleo, que todavía muchas empresas producen muy por debajo de su capacidad instalada y la amenaza deflacionista que se cierne sobre nuestra economía. Todo ello supone un pesado lastre sobre la demanda agregada, a pesar de la leve mejoría de algunos agregados macroeconómica experimentada recientemente.

Estas son básicamente las razones para plantear la necesidad de un sustancial viraje en la política económica, que deberá orientarse a la reactivación de la demanda, Será necesario, por lo tanto, detener las políticas de austeridad, que no lo han sido para la banca y las grandes corporaciones, y de devaluación interna, que no lo ha sido para los ingresos salariales más altos, y revertir las políticas estructurales, unilateralmente centradas en la desregulación de las relaciones laborales.
Las medidas de contención salarial y las de ajuste presupuestario, llevadas a cabo han provocado un efecto "bola de nieve", pues han comprimido todavía más el consumo y la inversión.
Estímulo de la demanda, sí, pero siempre en el bien entendido de que tanto las causas más profundas de la crisis (que se han apuntado anteriormente) como las alternativas a la misma superan con mucho los confines de la demanda, y, desde luego, las tradicionales políticas de estímulo del gasto público de impronta keynesiana. Abrir el foco de esta manera obliga a que las políticas de demanda sean pensadas y llevadas a cabo en estrecha relación con aquellas cuyos objetivos son renovar el tejido productivo, promover la sostenibilidad de los procesos económicos, mejorar la cohesión social, corregir las desigualdades de género y redefinir los entornos institucionales de modo que estas políticas sean viables. En otras palabras, las medidas destinadas al estímulo de la demanda deben encajar y soportar las transformaciones estructurales que precisa la economía española.

Dos de los pilares que a corto plazo podrían sostener una activa política de estímulo de la demanda agregada son a) un ambicioso paquete de estímulo público, que comprometiera tanto al gobierno central como a los autonómicos y locales, y b) un plan de inversiones ejecutado desde Bruselas destinado de manera preferente a las economías meridionales, las más castigadas por la crisis y las que se encuentran más lejos de la salida de la misma. Ambas estrategias, compatibles entre sí, estarían dirigidas a la creación de empleo y a promover la inversión social y productiva.
Activar la demanda para salir de la crisis

Uno de los objetivos centrales de un gobierno de cambio tendría que ser el aumento del empleo público, vinculado a la revitalización de la ley de la dependencia y el impulso de la educación infantil, a la recuperación, reciclaje y reutilización de residuos y la mejora de la eficiencia energética en viviendas y empresas, al cambio de modelo energético basado en la utilización de energías renovables y al fortalecimiento de las actividades de investigación, desarrollo e innovación.

Una dimensión importante de esta política de impulso de la demanda agregada sería promover el crecimiento de los salarios, aumentando los percibidos por los trabajadores públicos, sobre todo de aquéllos que han sufrido una perdida mayor de capacidad adquisitiva, especificando clausulas salariales en los pliegues de condiciones entregados por las empresas que contratan con la administración pública. En esa misma dirección, una vez derogada la actual reforma laboral, responsable en buena medida de la degradación salarial, se debería promover un nuevo marco de relaciones laborales que garantice la negociación colectiva, actualmente muy debilitada, dentro y fuera de las empresas. Otras medidas que deberían parte de una activa política de demanda serían el aumento del salario mínimo y de la prestación por desempleo, y garantizar a las personas en situación de pobreza o exclusión social, así como a los desempleados de larga duración que ya no reciben la prestación por desempleo, una renta que permita llevar una vida decente..
Una política de estímulo de la demanda debe asegurar que el crédito fluye a familias y empresas en condiciones que faciliten la actividad económica y, de esta manera, un progresivo desendeudamiento.
Nos parece evidente que, dada la fragilidad del consumo y la inversión privados, el Estado tendría que desempeñar un papel decisivo en la dinamización de la demanda agregada. Pero no sólo eso. También, porque esa intervención desde el Estado –dotado de una nueva legitimidad- garantiza que predominen criterios –rentabilidad social, externalidades estratégicas- que, como no puede ser de otra manera, trascienden la lógica de la iniciativa privada; siendo conscientes, con todo, que el concurso de ésta es necesario para que la política de demanda tenga el recorrido necesario. En este sentido, el objetivo sería comprometer y movilizar recursos privados en cuantas actividades permitan esa colaboración público-privada.

Un consideración final, una política de estímulo de la demanda debe asegurar que el crédito fluye a familias y empresas en condiciones que faciliten la actividad económica y, de esta manera, un progresivo desendeudamiento. En este contexto, los bancos privados que reciban recursos públicos, tanto estatales como comunitarios, deberían estar sometidos a una estricta condicionalidad social, productiva y ocupacional. Como complemento a esta política, tendría que emerger una potente banca público que actuaría siguiendo esos mismos objetivos, aplicando criterios de rigurosa profesionalidad. Δ

Fernando Luengo, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Complutense y miembro del colectivo econoNuestra. fernandoluengo.wordpress.com


 

Escribir un comentario

Los comentarios por parte de visitantes y usuarios registrados quedarán pendientes de aprobación, y será sometido a un importante filtrado.
No se permiten comentarios subidos de tono.
No se permiten comentarios que hagan alusión a contenido adulto.
No se permiten comentarios que insulten o agredan verbalmente a cualquier otro usuario, persona o empresa, escritos de forma incorrecta, en mayúsculas, sin tildes o al estilo SMS.
Los comentarios deberán hacerse en el lugar apropiado y tratando el tema adecuado.
Todos los comentarios que no cumplan estos requisitos serán directamente eliminados.


Código de seguridad
Refrescar