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Vuestro miedo es nuestra esperanza

Escrito por Juan Carlos Sánchez del Barco 08 Julio 2015
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El miedo es un instinto de conservación que nos ha sido otorgado por la Naturaleza para protegernos los unos a los otros y a nosotros mismos. Sin embargo, también es el método que utilizan, como tantas otras artimañas y añagazas, los poderosos para paralizar al pueblo y, de esta forma, destruir toda iniciativa tendente a subvertir la situación social.

Pero son la ignorancia y el hecho de poseer, aunque insignificante, algo material que perder quienes transforman la protección en paralización.

Ahora reflexionemos sobre un aspecto igualmente trascendente sobre el dominio de una ínfima minoría hacia una población tremendamente superior (en sentido humano y demográfico). Estamos hablando del terrorismo. Y éste se encuentra siempre patrocinado y vinculado por elementos relacionados al poder (Iglesia Católica, grandes multinacionales, estados y gobiernos, etc.) y no es una casualidad. Como tampoco lo es que no se sepa este último aserto. El terrorismo, tal como su análisis etimológico sugiere, consiste en infundir miedo y terror a una población. ¿Por qué? La respuesta está en nuestros propios instintos, los cuales son utilizados contra nosotros mismos por seres viles, infelices e ignominiosos para dominarnos y adormecernos. Se demuestra, y el poder lo sabe, que, cuando la sociedad tiene miedo y es ignorante, con algo que perder, y si como colofón, infunden estas capas dominantes al pueblo un egoísmo que, por otra parte, es inherente al capitalismo, tenemos el cóctel que explica el dominio de una minoría sobre el pueblo.
La ley mordaza es sólo una expresión de su terror a que el pueblo organizado los eche de una vez y para siempre al basurero de la historia.
El poder, por naturaleza, se basa en la obediencia y el mandato, aun cuando pudieren desprenderse del mismo algunas buenas intenciones, que por cierto, esta última posibilidad es casi inexistente, salvo algunos casos aislados en la historia. Cuando existe un poder, el individuo y, por ende, la sociedad de la que ha elegido formar parte, no desarrolla su instinto natural de autodesarrollo intelectual y ético al estar desposeído éste de su derecho de decidir y tomar parte en las deliberaciones y problemas que acucian a dicha sociedad. Es decir, constituir una sociedad de personas que se involucran en los asuntos más variados. Con la existencia de ese poder, la autoorganización y autogestión desaparecen, siendo sustituida por un gobierno de unos pocos.
El poder conoce nuestra psicología mucho mejor de lo que podríamos hacerlo nosotros mismos, ya que son ellos quienes intentan moldearnos e instruirnos desde pequeños a través, sobre todo, del sistema mal llamado "educativo". "Manipulador" e "intoxicativo" son palabras más exactas para definir el resultado nada alentador de la situación sociocultural del mundo.

En resumen, no creas la historia oficial. Es intrínsecamente falsa o incompleta. Lee, querido lector, piensa, reflexiona, experimenta, aprende y serás dueño de tu vida. No te dejes engañar o influir por la propaganda (que es la historia oficial) del sistema. Olvida lo que sabes, nace de nuevo, recupera tus instintos y canalízalos positivamente, aprendiendo de este modo de la experiencia.

Y, sobre todo, sé dueño de tu vida. Que los poderosos estén aterrorizados es buena señal para nosotros, el pueblo. Su sistema se tambalea día a día, y asistimos cotidianamente a revoluciones silenciosas que socavan cada vez más su imperio execrable basado en el mal. Revoluciones como la cada vez mayor animadversión a este sistema "educativo", movimientos asamblearios y vecinales, rebeldía ante ciertas leyes, como la obligatoriedad de colaborar, a través de la mesa electoral, con el sistema de elección de los tiranos. O también la negación de muchas personas ante la idea de que los impuestos vayan a parar a gastos militares y a nutrir la bestia monstruosa de la corrupción. Rebeldía ante los propósitos del poder de regalar a sus amigos multimillonarios (o que lo serán gracias al pelotazo que pegarán) todo aquello de lo que debieran, por ley natural, beneficiarse todos los seres vivos, y no unos cuantos viles esperpentos y caricaturas que son los avariciosos enfermos de dinero y poder.

Así que ten miedo sólo de la parálisis. La ley mordaza es sólo una expresión de su terror a que el pueblo organizado los eche de una vez y para siempre al basurero de la historia.

Mi mensaje de tranquilidad a los poderosos: no temáis, que pronto dejaréis de tener miedo. Os lo aseguro, porque no podéis por más tiempo nadar en contra de los vientos imparables de los verdaderos protagonistas del devenir histórico. Δ

 

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