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Editorial Editorial Las dos Españas siguen muy vivas.

Las dos Españas siguen muy vivas.

Escrito por Fusión 28 Mayo 2015
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Ya se ha vivido la primera batalla de este importante año electoral. Los resultados, más allá de lo que suceda tras los pactos, evidencian que este país entra en una transición hacia lo que puede ser una transformación política sin precedentes en la democracia.
Falta ahora ver si dicha transición se consolida en las generales a final de año o si todo se queda en fuegos de artificio.

En cualquier caso, los resultados electorales de esta primera confrontación dan para muchas reflexiones.

La primera es la constatación de que una parte muy importante de este país no tiene ningún inconveniente en apoyar con su voto a los corruptos, a los que apoyan, tapan y justifican la corrupción, a los que han privado a los ciudadanos de derechos constitucionales ganados a pulso, de libertades adquiridas en algunos casos a precio de pérdida de vidas y, como no, de someter al país, a los ciudadanos, a una austeridad salvaje impuesta por los dictados del FMI y de la Alemania de Merkel.

El Partido Popular ha hecho retroceder a este país a niveles que incluso en Bruselas, donde se acomodan los sirvientes de Merkel, han causado sorpresa y, en algunos casos, han llamado al orden al gobierno de Rajoy porque se estaba pasando de la raya.

Lo curioso, y a la vez lo más triste de esta historia, es que los que ahora han depositado de nuevo su confianza en el PP, lo hacen aparcando, ignorando intencionadamente, el hecho de que Rajoy y los suyos les han mentido, les han timado, les han utilizado intencionadamente para, justificándose en su voto, poder hacer su santa voluntad, que no se parecía en nada a las promesas recogidas en su programa electoral.

Resultaría un ejercicio mental considerable ponerse en el lugar de esos inquebrantables votantes y tratar de entender cómo funcionan sus mentes, qué es tan importante en su lealtad al PP que esté por encima de su dignidad, que sigan confiando en quienes han mentido a conciencia, robado a conciencia y gobernado con prepotencia, falta de respeto a los ciudadanos y a los demás partidos.

Desde luego, la dignidad no es su fuerte, porque no sólo han sido timados ideológicamente sino que además han sido ninguneados, o lo que es lo mismo, su partido no les profesa el más mínimo respeto.

A pesar de todo, el PP ha sido una vez más la fuerza más votada. Está claro que el sentido del patriotismo no es lo mismo para todos, porque se supone que lo que importa es la calidad de vida de los ciudadanos, de todos los españoles, no la bandera que más alta esté en el palo del poder.

Es cierto que el PP se ha llevado un buen batacazo, pero también es preocupante para este país y su futuro que sus incondicionales no sean sensibles a la realidad social que se vive y les importe más ostentar el poder a cualquier precio que los derechos humanos y constitucionales.

Está claro, con todo ello, que Franco tenía visión futurista cuando dijo que "quedaba todo atado y bien atado". Y es evidente que sus descendientes se saben muy bien la lección y siguen muy preocupados porque "las hordas comunistas se apoderen del país".

Sin embargo, y a pesar del celo guardián de estos defensores de lo de siempre, el futuro está en movimiento y otro horizonte se vislumbra.

Tal vez todo dependa de que los "fósiles" del pasado, que aún sobreviven en el presente, abandonen por causas naturales sus poltronas y den paso a nuevas generaciones más comprensivas, más tolerantes y definitivamente alejadas de la obsesión franquista que basa todo en la estrategia del miedo, de la inestabilidad y de la ruptura de España.

Ahora, demostrar que eso es falso es la gran responsabilidad de los llamados partidos emergentes.

Y en verdad que es una gran responsabilidad, porque implica gobernar con los ciudadanos y para los ciudadanos, y tratar de convencer definitivamente a los que siguen votando al PP por miedo a lo que pueda pasar si gobiernan los "otros", los de la otra España, porque aquellos que lo hacen por "fidelidad eterna" a sus ideologías no van a cambiar su visión sobre la realidad de este país, aunque ello suponga hacer un ejercicio extremo de mirar para otro lado cuando los ciudadanos no tienen medios para calentar sus casas, ni para alimentar dignamente a sus hijos, y no hablemos de los ancianos que son expulsados de sus hogares por la avaricia y la falta de humanidad de los banqueros depredadores, todo ello con el visto bueno de esos políticos que, además, presumen de católicos.

Con todo, las dos Españas siguen muy vivas, pero eso es así porque aún quedan restos de ese oscuro pasado que les interesa mantener el miedo vivo, porque al no tener capacidad, ni ideas, ni intención de perder su poltrona de poder, se agarran al pasado al precio que sea. Pero esa parte está ya en estado de cierre y derribo.

Le corresponde ahora a la España renovadora, a la que nació de la indignación ante las mentiras, la corrupción, el desprecio y el autoritarismo, demostrar que otra forma de hacer política es posible, como también lo es otra forma de convivencia y, sobre todo, el plantearse todos juntos una preparación para los tiempos que vienen, porque más allá de los "juegos" políticos existe una realidad superior que nos afecta e involucra a todos, y es que el planeta está en proceso de cambio, de transformación, y en este país estamos muy por debajo del nivel de medidas y de preparación que ya existen en otros como los EEUU, Francia, Inglaterra y otros muchos. Medidas dirigidas a tener capacidad de respuesta ante los efectos catastróficos del cambio climático y de los peligros inherentes a la ya muy anunciada, temida y esperada tormenta solar extrema.

Sólo unidos, mano con mano, podemos sobrevivir a todo ello. Esto ya es una realidad admitida por muchos gobiernos del mundo.

Aquí, en España, necesitamos mentes abiertas, técnicos preparados, políticos que no se dejen comprar por las multinacionales que se hacen de oro explotando los recursos planetarios y que, vendiendo sus almas al diablo, hacen campaña negando el cambio climático y todo aquello que suponga para ellos dejar de ingresar dinero en sus prostituidas cuentas.

Superemos ya las dos Españas, dejemos pasar a la gente nueva, más preparada, más predispuesta a comprender la realidad y a trabajar en ella.

Demos las gracias a los "fósiles" por su labor y apartémoslos de la primera línea de actuación. Además no desprenden precisamente mucho atractivo.

El futuro está en juego, o mejor, nuestra supervivencia a ese futuro, que en muchos casos ya es presente. Una realidad que ya es imposible no ver.

Bienvenido lo nuevo, pero que demuestren que están aquí para construir otra forma de hacer política. Que no cometan el error de poner las siglas de su partido por encima del bien común.

Es imprescindible y urgente que así se haga. Y para ellos es vital si quieren sobrevivir a las generales. Δ

 

Comentarios   

 
0 #1 Ana Ribas 29-05-2015 09:28
Parece que de momento el bipartidismo aguanta. Está herido pero no muerto. Y en medio de ese estertor utiliza el miedo como arma para atacar a su adversario... Coincido con vosotros, en que nos encontramos en medio de una nueva transición. donde lo nuevo debe demostrar que realmente es nuevo y no se deja seducir por fórmulas caducas. Porque lo viejo aún está ahí, quiere mantenerse a costa de lo que sea. Y no le importa hacer el ridículo... si no miremos el espectáculo de Aguirre y compañía...
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-1 #2 Fonso R. Lago 29-05-2015 09:43
En España todavía tenemos muchos elementos franquistas: una Iglesia que nos dicta una ley de educación, como la ley Wert, unos empresarios que como única solución para ser competitivos exigen al Gobierno bajar los salarios -no tienen desperdicio las declaraciones de Rosell-, una relación subordinada respecto a Europa -siempre nos toca bajarnos los pantalones-... Estos elementos que debilitan tanto la democracia nacieron en la primera transición. Es momento de cargárselos de una vez. Hemos esperado mucho tiempo este momento.
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+1 #3 Fernando Leal 29-05-2015 12:00
España se encuentra en un momento importante, un momento de cambio. Hay quienes se niegan a aceptarlo y hasta cierto punto esta resistencia es normal, lo que no lo es, es que haya miedo. la ciudad es de todos y para todos. La compartimos a pesar de nuestras diferencias.
Es bueno que cambiemos y que veamos el cambio como algo normal, como una evolución de nosotros mismos. De hecho,la capacidad para evolucionar, para cambiar, es uno de los rasgos más importante del ser humano. Lo que nos ha permitido llegar hasta aquí.
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