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Votar por el Bien Común

Escrito por Antonio San Román Sevillano 22 Mayo 2015
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De nuevo elecciones. Una campaña electoral nueva. La irrupción de Ciudadanos y Podemos parecen ofrecer nuevas posibilidades de voto a los ciudadanos.

Todos los partidos nos ofrecen transformar la sociedad actual para construir un mundo mejor. Los partidos institucionalizados, los dos que han ejercido el poder como delegados del poder financiero, nos piden que les votemos para sacarnos de este putrefacto mundo socio-económico en el que ellos mismos nos han metido. Los casos de corrupción que se destapan casi a diario en el PP hacen incomprensible que haya quien, siendo honesto, les pueda votar.

Es evidente que no es lo mismo el PSOE que el PP. Aunque ambos, de la mano en numerosas ocasiones, nos han traído hasta aquí. Cierto que uno ha asesinado los Derechos Humanos más que el otro. Pero, como en la vida cotidiana, o se está o no se está embarazado. No se está sólo un poquito.

Sí, ambos afirman que son partidarios y que defienden los Derechos Humanos. Derechos Humanos son el derecho al trabajo, a la vivienda, a la educación y sanidad gratuitas y para todos, a la integridad personal, a la igualdad, al honor, a la vida privada, a la libertad de información... Pero, asesinando el derecho a la libertad de información, ambos grupos –más el PP, cierto- actúan en defensa de la libertad en los escasos límites que les han autorizado los patrones de los medios de comunicación de este país.

Cierto que el nivel de corrupción entre ambos no es comparable. En el PP levantamos una piedra -concejal, diputado, dirigente, etc.-, y destapamos una trama de corrupción. Estoy seguro hay personas honestas de buena voluntad militando en el partido, que éticamente repudian todo tipo de corrupción.

En el PSOE todos conocemos lo que hay. Seguramente, si no conocemos más, es porque, a pesar de todos sus esfuerzos, ni los poderes del PP ni sus voceros de la caverna mediática han sido capaces de encontrarlo. Buena señal, pues nos muestra un partido socialista mucho más fiable que el que nos dejó Felipe González. Sí, ese señor que parece temer la limpieza política y económica que prometen los nuevos partidos.

Los nuevos partidos. Los intereses que están en juego nos son fundamentales.

El 99%, que cantaban los Ocupy Wall Street, evidentemente somos muchos más. Pero muchos de este 99% colaboran con el enemigo. Hasta tal punto, que ellos mismos son enemigo porque creen formar parte del 1%. Cobran -se alimentan con- las migajas que se le caen de la mesa al rico Epulón financiero. Fundamentalmente, quienes más y mejor colaboran, son periodistas, divulgadores, presentadores, colaboradores de los medios de comunicación convencionales. A3Media, Mediaset, COPE, Vocento, defienden el orden capitalista violentamente injusto que, junto a los grandes partidos, han contribuido a construir y colaboran en mantener.

El peligro de estas elecciones es que lo viejo no muera lo suficiente. Que mantenga sus cuotas de poder político. Y siga muchos años como zombie emponzoñando la vida de este país. <<Otro mundo no es posible>>, no se cansan de repetir. <<Los malos son los que vienen>>, aunque todavía no hayan hecho nada, salvo prometernos un mundo mejor. Aunque sea un confuso mundo mejor.

La guerra entre la mayoría y la minoría del 1% es ancestral. La batalla es cotidiana. Es una batalla desigual. Con sus armas -el poder económico y la información-, nos han ido dispersando. Nos han ido individualizando. Hoy en día es más difícil que confiemos los unos en los otros. Casi siempre, parecen más enemigos nuestros iguales que quienes nos avasallan con su poder cotidianamente.

Actores políticos viejos, antiguos, están dando, seguramente, su última representación. Lo nuevo aún no ha nacido. Algunos de los nuevos tienen/ponen tanta bruma a su alrededor, que no sabemos qué son.

El peligro de estas elecciones es que lo viejo no muera lo suficiente. Que mantenga sus cuotas de poder político. Y siga muchos años como zombie emponzoñando la vida de este país. Ya sabemos que la fuerza del mundo financiero, su bokor-brujo, es monstruosa. Y, para conservar su poder, el mundo financiero está dispuesto hasta a la insensatez de ponernos al borde de la destrucción de la Tierra.

El PP y el PSOE, principalmente, pero no sólo, han logrado que la política resulte al ciudadano lejana y corrupta. Recordemos que uno de los propósitos del Felipe González gobernante fue que España se pareciera a USA a la hora de las elecciones: que votase una minoría por desafección de la mayoría. Él lo expresaba de otra forma más elegante.

El peligro es que lo nuevo no lo sea tanto. Que pretendan tan sólo volver al sistema económico anterior al estallido de la crisis. Sistema que originó la crisis. El peligro es que, nuestros nuevos partidos que nos anuncian una nueva primavera, sean tan sólo el principio de un nuevo otoño. Detrás del otoño aún faltará pasar el invierno. Que desconocemos cómo será, salvo que será muy, muy duro.

Y nosotros, el resto del 99%, esta inmensa 'mayoría' que aún no estamos vendidos ni sometidos mentalmente al 1%, al mundo financiero, ¿qué podemos hacer?

Vemos a 'Ciudadanos' como el nuevo camuflaje de lo más viejo de la derecha. Su neoliberalismo económico y su extremismo social son el aggiornamento de nuestra derecha más casposa. Su programa económico y muchas de sus manifestaciones para lo social se asemejan a las de Marie Le Pen, que es un aggiornamento de ésta al programa de su padre. Albert Rivera rechaza la gestión del PP. Rechaza la corrupción manifiesta de esta organización. Uno de sus principales postulados es un aparente nacionalismo etnicista. Sus manifestaciones para no dar sanidad a los inmigrantes ilegales manifiestan que su patriotismo se asienta, realmente, sobre el nacionalismo del capital: un rico es de la nacionalidad que puede comprar y, por tanto, disfrutar de todos los derechos que le otorgan la nacionalidad escogida y el monto de su fortuna. Es el nacionalismo del capital. Ese ente cuya patria está allí donde puede comprar más privilegios.

Los límites de las nuevas fronteras hoy están establecidos, en primer lugar, entre los intereses económicos de las grandes corporaciones. Y, en segundo lugar, entre los intereses de los de arriba –ese 1%- y los de abajo, el resto.

Ciudadanos nos promete unas reformas más modernas que las retrógradas llevadas a cabo por el PP. Las reformas de Ciudadanos son menos Estado, más capital expoliador y esclavizador –ellos lo llaman mercado- y más libertad para el capitalista. En definitiva, la privación de los pocos derechos que nos han dejado el gobierno del PP y la UE de Frau Merkel.

PODEMOS, la gran esperanza de muchos, tras una resplandeciente aparición, ha ido esparciendo brumas sobre sus principales propuestas. Al integrarse con otras candidaturas en los diferentes Ganemos, las medidas propuestas parecen tímidas reformas. Renuncias como la Renta Básica no sé si responden a un golpe de realismo económico o, deseo que no, a una caída en la adocenada realidad política. Su deriva hacia el centro moderado les aleja de la necesaria crítica a las élites político-financieras.

Hubo tiempos en que la unidad parecía posible entre las distintas facciones progresistas que conforman la mayoría. Todos queremos el bien común. Con todas sus gradaciones filosóficas y diversas actitudes prácticas, anarquistas, comunistas, cristianos de base, socialistas y otros muchos, queremos el bien común. Aunque el cumplimiento de la utopía me la fían larga, la práctica del bien común cotidiano es de sentido común. A modo de ejemplos: Si una ciudad precisa de un tranvía o no, no es el deseo de los ciudadanos el que resuelve el dilema. Unos técnicos nos pueden decir por qué sí o por qué no. La decisión político-económica de la sociedad debe estar en función de esta conclusión técnica. No de los intereses económicos de unos productores, ni de los motivos sentimentales de unos usuarios. Qué tipo de educación queremos para nuestra comunidad, también debería ser una comisión de expertos en pedagogía de todos los <> quienes, dejando la ideología en la puerta de su casa, hicieran una propuesta para la educación pública. La privada, quien se la pague puede fundamentarla como lo crea oportunamente. Siempre que no viole ninguno de los Derechos Humanos.

Las elecciones municipales y autonómicas pueden servir de ensayo. Si los grupos que buscan el bien común las consideran como una toma de posiciones para mostrar sus poderes de cara a las elecciones generales, la izquierda ha empezado a perderlas. Un único propósito, el Bien Común, debe ser el único motivo para la unión de todos en un frente único contra el capital. No debe ser un pulso para conseguir puestos en las próximas listas en las elecciones generales.

Las elecciones generales están en el futuro. Pero el futuro no es. Nunca será. Es el presente lo que hemos de hacer mejor. El futuro se va construyendo presente a presente. Nadie ve ni conoce el futuro. Aunque haya mentes privilegiadas que puedan intuirlo. Nosotros debemos ir hacia el futuro trabajando por el Bien Común, cimentándolo día a día. Δ

 

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