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Entrevistas Entrevistas Orencio Osuna. Momento de cambio

Orencio Osuna. Momento de cambio

Escrito por Marta Iglesias. Fusión 07 Mayo 2015
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Activo militante de Bandera Roja y el PSUC en tiempos de la dictadura franquista, nunca abandonó la lucha por la participación ciudadana en las esferas políticas. Fue de los pocos que intuyó que la concentración en Sol en 2011 tendría repercusiones y realizó diversas entrevistas a personas allí presentes, que se resumen en el libro Momentum.

Orencio Osuna

-Una de las frases que prologa su libro es "El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro nacen los monstruos" (Antonio Gramsci). ¿A quiénes considera los monstruos del escenario político actual?

-En Europa la crisis ha despertado muchos monstruos como la xenofobia, el ultranacionalismo y todos estos fenómenos que en su momento también causaron el gran trastorno bélico y la barbarie de la Segunda Guerra Mundial. Es decir, que esta situación de crisis que afecta a todo el mundo -y sobre todo a los países de Europa- tiene dos posibles salidas: una de avance, de mayor democratización, y otra salida que puede consistir en deteriorar la democracia, como está sucediendo, al restringir el acceso a los emigrantes o convertirlos en enemigos, y también al crear una sociedad en la que las personas menos afortunadas queden al margen de los derechos sociales y políticos.

Libro Momentum. Autor: Orencio Osuna-La primera entrevista que hizo fue cinco días después de que estallase el 15M en 2011. ¿Cómo tenía tan claro que esa movilización cambiaría el escenario político, cuando en los medios de comunicación tradicionales fue acallada?
-Desde el estallido de la crisis económica con todas sus secuelas de desempleo, de deterioro de la democracia, de liquidación de muchos de los servicios públicos, de recortes salariales, etc y por otra parte con la corrupción que se iba destapando, cada día me iba enfadando más. Así que la aparición del 15M fue como una luz que indicaba que todavía había reservas de resistencia en la sociedad española. Y ese desafío que suponía el 15M, con sus secuelas durante estos años -las Mareas y las diversas resistencias-, me hizo pensar en la necesidad de recoger opiniones destacadas de la vida política, académica, intelectual, periodística... que diesen su visión sobre qué estaba pasando en España y qué alternativas tenemos ante nosotros. Porque en España se sumaban además procesos tan decisivos como el que se estaba abriendo en Cataluña de desafección hacia el Estado y una crisis generalizada del sistema político generado en la Transición, cuestionándose desde la monarquía a distintas instituciones a la luz de su deterioro. Hice un total de treinta entrevistas, aunque en el libro sólo publico cuatro.
"Para mí el 15M fue una sorpresa extraordinaria, prueba de que la sociedad española tiene un importante depósito de sensibilidad y de conciencia política"
-¿Qué recuerda usted de aquellos días más claramente?
-Que me produjo una alegría tremenda ver tantas personas en Sol, muchas de ellas jóvenes, que hasta ese momento parecía que se mantenían al margen, a espaldas de los problemas y la vida política. De pronto, veían que los problemas políticos, económicos o sociales que tiene la sociedad, nos conciernen a todos. Para mí fue una sorpresa extraordinaria, prueba de que la sociedad española tiene un importante depósito de sensibilidad y de conciencia política. Porque si no te interesas por ella e intervienes, si dejas la política en manos de ciertos profesionales, de partidos como los que ha habido en España tan corruptos como ha sido el PP, con la incompetencia total del gobierno de Rajoy, pues ya se van a ocupar otros de ti, desmontándote los hospitales, deteriorando las pensiones o haciendo que gran parte de los jóvenes españoles, a pesar de que han alcanzado los mayores niveles de formación profesional y académica de la historia de España, no tengan la menor posibilidad de empleo en nuestro país y tengan que abandonarlo. Ese es un giro total y muy importante que no se conocía, yo creo que desde las luchas de finales del franquismo, cuando gran parte de la sociedad española se tensionó y consideró que era necesario intervenir y manifestarse por una salida democrática.

-Precisamente usted fue un activo luchador antifranquista, ¿qué paralelismos y qué diferencias encuentra entre la actualidad y esa época tan dura de la historia de nuestro país?
-Sin duda hay muchísimas diferencias. La sociedad española de ese tiempo era una sociedad enclaustrada por una dictadura totalitaria en la que no había libertad ni de reunión, ni de manifestación, ni de nada. Poco tiempo antes de la muerte de Franco hasta se fusilaban a personas que se oponían al franquismo. Pero sí existe paralelismo en una cosa. Antes citabas la frase de Gramsci, y efectivamente vivimos en esa coyuntura histórica, sin el dramatismo de la época de Franco, en la que pugna por aparecer una situación nueva, un sacarse de encima esta presión, esta ineficiencia, esta corrupción, esta falta de democracia que estamos padeciendo. Se está resquebrajando la confianza de gran parte de los ciudadanos en los partidos que han representado ese sistema que emerge después de la muerte de Franco, y aparecen fuerzas políticas nuevas. Es lo mismo que sucedió tras la muerte de Franco y posteriormente, con partidos que estaban en la clandestinidad o nuevos: UCD, PSOE y el viejo Partido Comunista se hicieron con la mayoría de la opinión cuando hubo unas primeras elecciones democráticas. Ahora pasa lo mismo. Sobre todo PP y PSOE están desacreditados. Tienden a ser partidos con minorías y enclavados en sectores cada vez más mayores de la población, y emergen nuevas fuerzas que probablemente abran un nuevo ciclo político en nuestro país.
"En España, aunque los ciudadanos decidiésemos establecer unas prioridades de cómo gastar el dinero, existe una limitación en la soberanía nacional. Y esto es una novedad política muy importante"
-Y tras años de conquistas, ¿en qué cree que hemos dado pasos atrás?
-Hemos dado pasos atrás en todos los sentidos. Hay que pensar que España se incorporó a la construcción del Estado de Bienestar mucho más tarde que el resto de los países europeos. Hasta que no murió Franco, bien entrados los años 70, no se empezó a construir la Sanidad Universal, la Enseñanza Pública, y otros sistemas de servicios y de derechos públicos. Ni siquiera de infraestructuras. Era un país empobrecido, un país retrasado en todos los sentidos. Luego hubo una etapa larga de treinta años de un crecimiento enorme, pero la crisis ha golpeado de modo virulento esos avances. Se ha cogido dinero de los presupuestos públicos, de los recursos de todos los ciudadanos españoles para taponar la sangría que se ha producido en sectores económicos como la banca, las cajas de ahorros...
En el terreno político estamos sufriendo un retroceso. Cuando Grecia intentó hacer un referéndum sobre los recortes, lo que hizo la UE fue forzar la destitución de Papandréu en aquel momento y nombrar a dedo a un señor que era un empleado de Goldman Sachs, una de las grandes empresas. Y lo mismo pasó en Italia. A pesar de ser gobernada por un personaje tan oprobioso como Berlusconi, en un momento determinado también fue desbancado por el señor Letta –sin elecciones, por supuesto-, empleado en la gran banca. Quiero decir que en España, hoy, aunque los ciudadanos decidiésemos establecer unas prioridades de cómo gastar el dinero, existe una limitación en la soberanía nacional. Y esto es una novedad política muy importante, porque una democracia en la que no existe soberanía popular está coja.
Y a nivel interno ha pasado que unos partidos que controlan las instituciones, han funcionado de manera corrupta. Órganos como la justicia están divididos por partidos, que es otra cosa distinta a estar politizado. Y luego observamos cómo la monarquía que presidía Juan Carlos de Borbón estaba en relación con una corrupción intolerable.

manifestación
-Cuatro partidos están bastante igualados actualmente en las encuestas. Hay posibilidad de romper el bipartidismo con partidos que unifican ideas, no regiones... ¿Qué cambio político supone esto?

-Yo estoy convencido de que el malestar y los desencuentros con los representantes políticos y las instituciones, que acumula la sociedad española, van a revertir en la aparición de nuevas fuerzas políticas. Concretamente, creo que Podemos sobre todo y probablemente Ciudadanos serán fuerzas que seguramente tengan la misma representación que los dos viejos partidos que son vistos por gran parte de la sociedad como incompetentes y corruptos. Estoy seguro es de que va a haber un cambio en la estructura de representación de partidos, pero eso no quiere decir que hayamos solucionado los problemas que tiene el país. Tenemos que resolver un modelo económico que sigue siendo el flagelo del desempleo, que deja a la juventud sin futuro y que cada vez aumenta más las desigualdades entre los ciudadanos.

-David Fernández, al que entrevista en su libro, es el político catalán mejor valorado, según encuesta de La Vanguardia de diciembre de 2014. Sin embargo ¿por qué en los medios nacionales el nombre que más suena es Albert Rivera?
-Cuando hablamos de los medios siempre nos referimos a los que radican en Madrid, a los grandes diarios o las grandes cadenas de TV, que emiten una plantilla de opinión. En este país por ejemplo el asunto de Cataluña no se acepta, no se acepta la realidad política y social de que hay millones de ciudadanos que quieren rediscutir su relación con el Estado Español. España es un estado resultante de la agregación de distintas monarquías que hubo en su tiempo, algunas de las cuales mantienen su cultura, su tradición, su lengua... y hay que respetarlo porque este es un país multinacional se quiera o no, lo haya tapado o no el franquismo y el conservadurismo oligárquico español durante décadas. Lo que hace falta es que organicemos la convivencia entre todos, de una manera armónica. Por tanto, llega Albert Rivera y se convierte en un figura, porque les conviene a ciertos sectores de la derecha y del conservadurismo español. Incluso los intereses económicos de las grandes empresas del IBEX 35 desean convertirlo en una alternativa, una salida para frenar quizás a Podemos y para consolidar una cierta idea de continuidad del sistema liberal, de derechas o de centro derecha. Y, claro, una figura como David Fernández o Ada Colau pasan a ser una especie de cocos amenazantes hacia nuestro sistema de convivencia, como si fuesen una amenaza en sí mismos. Amenaza son los antidemócratas, los que no respetan la voluntad popular.
"Llega Albert Rivera y se convierte en un figura, porque les conviene a ciertos sectores de la derecha y del conservadurismo español, e incluso los intereses económicos de las grandes empresas del IBEX 35"
-Como dice Monedero en el epílogo, ¿se trata de captar la época que estamos viviendo, definir con claridad cada uno lo que no queremos para articular un debate social amplio sobre lo que queremos?
-Creo que Monedero acierta en su epílogo en una cuestión clarísima: las viejas respuestas a los problemas no sirven. Claro que los problemas que viven España y Europa son de hace tiempo –el desempleo, el sistema ultraliberal que prima a los sectores empresariales respecto a los ciudadanos, la desigualdad-, pero no es válida la respuesta que ha dado recientemente la socialdemocracia a través de Tony Blair, Zapatero o Francoise Hollande. En su momento los representantes de la socialdemocracia fueron los que construyeron el Estado de Bienestar en Europa, pero hoy en día han asumido la agenda liberal. Y el Partido Comunista, que en su momento jugó un importante papel en la lucha antinazi y que logró grandes conquistas sociales con la lucha sindical, se ha quedado en la retórica y ha sido incapaz de hacer cambios. Por lo tanto, lo que dice Monedero se remite a que si cambian los contextos, y por ejemplo la clase obrera se extingue y es sustituida hoy por lo que se llama precariado –una legión de personas que trabajan por salarios de pobreza, incluso en Alemania-, si ya no existe la soberanía de cada estado, tenemos que cambiar también las palabras. No podemos estar toda la vida denunciando cosas con los mismos argumentos. Se trata de dar soluciones a una sociedad que cada vez se debilita más y camina hacia una distopía como la que imaginaba Orwell.

-Y ese planteamiento de Monedero abre la puerta a pensar sobre lo que queremos, lo cual es un gran cambio, en una sociedad qué sólo escoge entre lo que le ofrecen...
-Lo que late en la sociedad española es la necesidad de una revolución democrática, no en el sentido de cortar cabezas, de enfrentamientos y de violencia. Todo lo contrario, una revolución democrática quiere decir que las sociedades y los ciudadanos sean maduros y comprendan que tienen que coger el destino en sus manos, ser personas informadas, ser capaces de decidir sobre sus cosas. Si mañana recortan las camas de hospitales que afectan a tu hijo y a tu padre, tienes que saber que esas decisiones se adoptan en la esfera política y que tienes instrumentos para empoderarte y lograr que las cosas se moldeen y se acuerden en función de los intereses de las mayorías. Si se destinan cien mil millones para tapar la corrupción de la banca, si cuatro oligarcas se hacen ricos con los recursos nacionales, los ciudadanos tienen capacidad de influir para que eso sea como ellos desean. Todos tenemos capacidad y poder para que las cosas sean debatidas transparentemente, que sepamos las implicaciones de las decisiones que se toman... Pero para eso se necesita conocer la política, comprometerse con la política como ciudadano, votando, opinando, manifestándose.

Momento de cambio-En resumen, debemos abandonar la idea de que al votar a un partido con el que compartimos ideas no se termina nuestra responsabilidad como ciudadanos constructores de esta sociedad, de que no se trata de volver a delegar en los políticos...
-Es que ese es el problema. ¿De qué nos valdría sustituir al PP por ciudadanos o al PSOE por Podemos? Así sólo cambiaríamos a los representantes políticos para reproducir los mismos esquemas. Una democracia moderna requiere personas que estén en las instituciones, se dediquen a ellas y que se responsabilicen, pero que sean transparentes y estén constantemente sometidos a una sociedad informada y a unos medios de comunicación que no trabajen en función de los intereses de los propietarios, que en última instancia son los bancos y las grandes empresas. Si eso es así, estos partidos tendrán un sentido de renovación y de cambio, sino volveremos a crear lo mismo. Porque no se trata de cambiar personas sino de cambiar políticas, y sobre todo que los ciudadanos y los medios de comunicación también cambien.

"Dejar de delegar en política. En el fondo de eso va este libro: de gente que sabe que votar es el primer paso para cambiar nuestras democracias, pero que ni de lejos basta para llevar a buen puerto ese necesario y urgente recado".
Así resume Juan Carlos Monedero en el epílogo de Momentum el futuro que nos espera, si queremos luchar por él... juntos. Δ

Momentum de Pablo Iglesias, Ada Colau, Alberto Garzón y David Fernández"De las treinta y tantas personas que he ido entrevistando a lo largo de estos años, estas cuatro representan el nuevo liderazgo, aunque hay más. Hablamos de un nuevo tiempo, de un nuevo ciclo político, de nuevas fuerzas políticas, pero hay que hablar también de los nuevos liderazgos.
En ello, no tengo la menor duda que Pablo Iglesias ha sido la representación de este giro que está dando la sociedad española, análogo al que se dio en Grecia con Syriza. Lleno de incertidumbre, de dificultades sin duda, pero ese liderazgo ha referenciado gran parte de las ansias de cambio.
El caso de Ada Colau lo veo espectacular, porque es un liderazgo que viene de la sociedad. Ella ha conseguido que la mayoría de los ciudadanos estén contra los desahucios y lo consideren una de las peores expresiones de la crisis.
Alberto Garzón es la juventud de una fuerza política histórica en España, como ha sido el Partido Comunista y luego IU, que ha tenido muchas dificultades, pero creo que él intenta conectar con todo lo nuevo de esta sociedad y desprenderse de una cierta caspa política de un partido que no ha sido capaz de conectar con los nuevos ciudadanos que están por el cambio y a veces ha quedado dentro de estos juegos políticos.
Por último, David Fernández es la expresión de una situación política más concreta como es la de Cataluña, una posición independentista basada en una radicalidad anticapitalista y antisistema... Creo que se tiene que escuchar también, aunque no se esté de acuerdo, como es mi caso. Pero hay que aprender a escuchar todas las posiciones.
Estas cuatro personas representan las nuevas voces, los nuevos liderazgos que sin duda van a presidir la vida política y social española en las próximas décadas, junto con otros, por supuesto".


 

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