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Opinión Opinión La pequeña revolución de las palabras.

La pequeña revolución de las palabras.

Escrito por Antonio San Román Sevillano 07 Mayo 2015
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Cuando elegimos un medio y determinados programas para seguir la realidad, ciertamente estamos eligiendo una ideología, una forma de comportamiento social.

"Hoy, un país pertenece a quien controla los medios de comunicación". Umberto Eco.

En nuestra vida cotidiana nos hemos acostumbrado a las metáforas, a los símbolos, a la suplantación de conceptos, incluso por palabras vulgares, que los ocultan. En los diálogos cotidianos sustituimos frases enteras por una metáfora adquirida del lenguaje deportivo, taurino, por un símbolo captado en la publicidad. O las reemplazamos por una expresión malsonante que todo el mundo entiende. Sin entrar en el nivel de desagrado, tolerancia o, incluso, reciprocidad de los oyentes y de la persona que las pronuncia. En estos casos, podríamos explicarlo así, el taco adquiere la categoría de metáfora o símbolo que los interlocutores entienden. Con frecuencia, es el método habitual de comunicarnos. En ocasiones, tras tales expresiones está el ánimo de insultar. Tras el insulto la descalificación, el deseo de humillar al adversario.

Una metáfora, un taco o un símbolo pueden ayudar a explicar, a aclarar un concepto. Pero, a modo de ejemplo, lo que antes llamábamos viejo ahora lo definimos como tercera edad. Estamos suplantando conceptos, ocultando realidades. Disimulamos el hecho de la decadencia de alguien o de algo. Si es de alguien, queriendo ser educados, tratamos de ocultarle la cercanía de la muerte y/o el declive físico. Ocultamos el miedo a la muerte deseando esconder un hecho fundamental en la vida: que somos mortales. Para hablar sobre el concepto viejo, multiplicamos las palabras creando un nuevo significado, que trata de vendernos una realidad diferente. Pero, aunque el concepto sea nuevo, no lo es la realidad: Soy viejo, Eres viejo, Somos viejos, si es el caso.

Este mismo sistema primario de comunicación transformador-ocultador de la realidad, sin utilizar –salvo ocasionalmente- los tacos, es manejado habitualmente por los grandes y poderosos medios de comunicación. Que tienen dueños. Entidades financieras con una ideología muy concreta: el neoliberalismo. Con una finalidad muy precisa: el poder.
Somos nosotros los que debemos cambiar la sociedad a favor nuestro, porque ellos ya la están construyendo en su beneficio.
Tejen construcciones verbales con los hilos de lo absurdo para disfrazar hechos crueles y criminales que nos imponen con la divulgación de sus noticias, de sus programas de entretenimiento.

Los cientos de medios –prensa, radio y tv- que actúan en España pertenecen, fundamentalmente, a dos grandes grupos financieros. Controlan las grandes cadenas de televisión, de radio y de prensa escrita.

¿La pluralidad-libertad de dos es libertad-pluralidad de expresión en una sociedad presuntamente democrática? No se puede confundir libertad de prensa con libertad de empresa. Tampoco hay libertad de empresa cuando existen los monopolios o duopolio, como es el caso.

En España hay pluralidad de niveles en las formas de expresión. No es lo mismo un periódico de provincia pequeña que el de una gran urbe, que, por añadidura, suele ser de tirada nacional. No es lo mismo la cadena pública de medios –controlada completamente por el Gobierno-PP de la nación- que la pequeña emisora local controlada por el consistorio correspondiente. Aunque el grupo municipal esté subordinado al nacional o regional, ambos grupos políticos defienden la misma ideología y fines socio-económicos vinculados. Las finalidades inmediatas son distintas, aunque la última en la acción social sea el poder-control sobre el resto de la sociedad.

Ni siquiera son lo mismo las cadenas controladas por A3Media que las dirigidas por Mediaset. Aunque ambas cadenas defiendan el mismo sistema social económico en que se desarrollan y sostienen sus intereses.

Libertad de expresión, dentro del orden neoliberal, para los dividendos económicos y del poder. Si te sales un poquito, te vas a la calle. Como hemos visto no hace muchos días en Cuatro.

Todos los medios utilizan lenguajes propios para dirigirse a los consumidores. Que es lo que somos. Reescriben la realidad tergiversando el significado de nuestro idioma. Con ello, modifican no sólo nuestro lenguaje sino también nuestro imaginario, el que sustenta nuestra personal ideología.

En, estos momentos de crisis mundial, con tal neo-escritura de la realidad, tratan que no veamos y olvidemos las causas y a quienes provocaron la crisis. Que son los mismos que nos imponen la solución a la misma y a esta peste de corrupción que ha contagiado todos los estratos sociales.

Es en esta utilización de los medios para adoctrinar a la población, en la que nos unifican intelectualmente para mejor mantenernos divididos en estratos y cubículos sociales manejables.

Cuando elegimos un medio y determinados programas para seguir la realidad, ciertamente estamos eligiendo una ideología, una forma de comportamiento social. Naturalmente, uno se puede sentar delante de la tele, leer la prensa o escuchar la radio con actitud muy diversa. Creo que fue Sun Tzu quien escribió que es necesario conocer al enemigo para vencerlo. Pero la mayoría de la población se sienta con una actitud rendida ante la tele, junto a la radio, frente a la prensa. Los ven como amigos amables, incluso sinceros.

Así, todos acabamos hablando de los mercados como entes etéreos e independientes. Del Estado como nuestro enemigo, el enemigo de la libertad individual, sinónimo de socialismo dictatorial. Hablamos de la crisis de la política porque el sistema capitalista en que vivimos no sólo no resuelve nuestros problemas, sino que los agrava cada día más. Pero se lo soluciona a los dueños de los medios de comunicación. De la crisis de la política porque los políticos defensores de este sistema cada vez son más corruptos. Y quienes defienden y votan a éstos se enfrentan a quienes se sublevan contra este sistema corrupto y señalan a quienes lo sustentan.

La ambigüedad ideológica y moral en los medios de comunicación de masas es hoy día rutinaria, está normalizada. Los medios dominantes buscan la pasividad comunitaria a través del amodorramiento del consumidor. El conformismo sin conciencia de éste, ha llevado a la muerte del ciudadano. La mayoría social española no es ciudadana. Viene a ser un zombi que se come su propio cerebro social en el consumo de programas y medios intelectualmente ínfimos y de deshonestidad cierta, en la lectura de una prensa servil que busca simplificar el pensamiento de los ciudadanos.
La ambigüedad ideológica y moral en los medios de comunicación de masas es hoy día rutinaria, está normalizada.
Todos tenemos la oportunidad de leerlos, escucharlos y verlos. La publicidad, además de vendernos un producto –lavadora, chocolate, cerveza, burguer, chips, aifon, omega3, el máster universitario, el seguro sanitario privado, ...- nos está transmitiendo una ideología concreta. Cada uno de nosotros vemos los mensajes de los medios de masas de modo diferente. Nuestra idiosincrasia, tan condicionada por los medios económico, social y familiar en que vivimos –las interrelaciones entre ellos ocupan bibliotecas enteras-, es la que nos permite interpretarlos y asimilarlos de modo diferente.

Entre interlocutores familiares, amistades y compañeros sociales –vecinos, trabajo, bar, etc.- los códigos suelen estar establecidos de antemano. Tratan sobe la vida cotidiana de los interlocutores. Sean comentarios, explicaciones, opiniones políticas, religiosas, deportivas, etc. Los interlocutores, en general, saben cuando pueden emplear qué tacos, qué metáforas deportivas, qué imaginario sexual, etc. Aunque, finalmente, las expresiones son las aprendidas-aceptadas de los grandes medios.

Los códigos de comunicación entre los medios y el consumidor también tienen bases en común. Son los medios los que los imponen, los que los cambian cuando lo precisan. Y, cada día más, son los códigos internacionales de un lenguaje neoliberal anglosajón, que ni siquiera responden a nuestra idiosincrasia cultural. El ciudadano no tiene capacidad para que un programa de radio, de televisión o la línea de un periódico cambien a las expresiones de su hábitat.

Son estos códigos sobre los que debemos actuar. Pues son estos códigos los que acaban interviniendo en el imaginario de cada individuo. En definitiva, sobre el imaginario social. Sobre nosotros. Sobre nuestro colectivo. Que acaba siendo suyo. La sociedad los va adoptando, utilizando y, por tanto, asumiendo la ideología de los medios de masas con los que convive. Ante los que se rinde.

Retomar, reaprender nuestros rituales, los relatos sociales propios de nuestro entorno, nos ayudaría a recuperar nuestro imaginario colectivo. El nuestro, el que tenemos en común con nuestros conciudadanos. No sólo los de nuestro pueblo o ciudad. También el imaginario colectivo regional, nacional, mediterráneo, etc. Hasta donde estemos dispuestos y nuestra formación nos permita llegar.

Debemos elaborar estrategias que nos organicen como colectivo dispuesto a participar en un proceso de transformación social. Sin compromisos. Somos nosotros los que debemos cambiar la sociedad a favor nuestro, porque ellos ya la están construyendo en su beneficio. Tratando de evitar males menores, construiremos nuestras derrotas. Si creemos que bastará conquistar el poder, acabaremos esclavizados. Cuando la socialdemocracia alcanzó el poder, se hizo neoliberal. Cuando los Verdes alemanes se coaligaron con el poder, entraron a formar parte del sistema, se hicieron capitalistas. Las revoluciones no se diseñan de antemano. Se construyen día a día.

Construir relaciones sociales diferenciadas: nosotros y ellos, nuestro lenguaje-idioma y el suyo, nuestro imaginario y el suyo. Transformar radicalmente nuestras relaciones básicas. Llegar a una visión del mundo de nuestro entorno más coherente. Para ello debemos conocer muy bien el suyo, siendo conscientes de que no es el nuestro, que no es nuestro territorio de vida. Su mensaje es contrario a nuestros intereses. Su mensaje lucha por la injusticia social.

Podemos retomar la palabra crisis en lugar de la desaceleración del crecimiento, recuperar la palabra pobreza en lugar de estado de necesidad, represión en lugar de articular el derecho de reunión y manifestación, hablar de exilio económico en lugar de movilidad exterior, liquidación de los derechos laborales en lugar de flexibilización del mercado laboral, podemos decir derecho a una casa, a una vivienda, en lugar de soluciones habitacionales, etc. Probablemente haya expresiones más acertadas que las que propongo. Búsquelas. Úselas. Difúndalas. Golpee con ellas. Δ

 

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