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Un país derrotado

Escrito por José Luis Briones 22 Octubre 2014
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Son las utopías las que nos sacan de las crisis, son los sueños colectivos los que nos unen. Un futuro que nos apasione es el que nos dará la fuerza necesaria para superar y transformar el presente.

Tengo tantas sugerencias de salidas de la crisis que estamos sufriendo, como economistas he escuchado, muchas de ellas acertadas, otras incompletas, la mayoría con algo de razón, pese a que en muchas ocasiones defiendan planteamientos teóricamente opuestos. Sin embargo hace unos días escuché la opinión de uno de estos profesionales de la economía, que por otra parte respeto y sigo con interés: José Carlos Díaz, que rechazo de forma tajante.
El Señor Díaz, a respuesta de un miembro de la mesa de debate en la que participaba, afirmó que "la utopía nunca nos va a sacar de la crisis".
Permítame Señor Díaz que pese a mi respeto por su capacidad y pese a que en la mayoría de las veces coincidamos en los planteamientos, en esta ocasión rechace firmemente esta afirmación.
Craso error, si hay algo que se puede comprobar a lo largo de la historia es que son las utopías las que nos sacan de las crisis, que son los sueños colectivos los que nos unen y focalizan las energías, que es precisamente lo opuesto al sobrevivir actual lo que nos da fuerza para superar las mayores dificultades, que es un futuro que nos apasione el que nos dará la fuerza necesaria para superar y transformar el presente.
Pero es que en este momento estamos viviendo en España dos situaciones que confirman esto.
Uno es el fenómeno de Podemos, tranquilo no voy a defender a esta experiencia política, pues ni siquiera he leído su programa – pese a que tengo que confesarle que muchas veces tengo la tentación de echarme en sus brazos de forma ciega, cuando escucho las criticas imbéciles que con objeto de generar miedo en el ciudadano medio, hacen muchos de los voceros de los partidos tradicionales-, sin embargo esta experiencia está teniendo un papel fundamental: la de generar una catarsis, la de desestabilizarnos, la de llevarnos a enfrentarnos a nuestra realidad de ciudadanos pasivos, la de hacernos ver que es posible otra alternativa, estemos o no de acuerdo con ella.
Y este es el primer paso para ser capaces de ver más allá de nuestra realidad cotidiana, que nos oprime, comprime, limita y ciega en muchas ocasiones. Si, otro horizonte es posible. El fenómeno Podemos está teniendo un papel fundamental: la de generar una catarsis, desestabilizarnos, llevarnos a enfrentarnos a nuestra realidad de ciudadanos pasivos, la de hacernos ver que es posible otra alternativa, estemos o no de acuerdo con ella.No caiga Usted amigo lector en la tentación de juzgar estas palabras como una aproximación a los planteamientos de esta fuerza política, insisto: no conozco su programa – lo que no digo con orgullo, permítame la explicación – por lo que no puedo afirmar estar de acuerdo con ellos, lo que estoy diciendo es que, probablemente sin ser conscientes de ello, está teniendo un papel de dinamización de nuestra vida política, y especialmente están obligando a que los burócratas profesionales de la política, se pongan las pilas.
Es decir: tomen conciencia de que o crean ilusión...o desaparecen. Así de sencillo.
El otro ejemplo de situación es quizás más conflictivo, y en este si me puedo mojar sin dudarlo. Me refiero al movimiento pro independencia de nuestros paisanos catalanes (he puesto paisanos catalanes de forma consciente, en cuanto que así les considero, con lo que ya me estoy definiendo: no acepto la independencia catalana)
Sin embargo es un testimonio que entiendo deberíamos reflexionar mas allá de su significado, con todo el dramatismo que este tiene. No dudo que esta política fomentada por el Gobierno actual de Cataluña sea una estrategia tendente a desviar la atención del ciudadano medio de sus problemas cotidianos, pero este es el merito precisamente.
Los independistas catalanes han creado ilusión, han conseguido que el ciudadano medio se sienta protagonista de su vida, se sienta parte de algo que le hace sentirse orgulloso, que le presenta un horizonte que va más allá de su realidad cotidiana, con todas sus limitaciones actuales. Un proyecto, más que utópico, irracional desde mi punto de vista, ha servido de elemento de cohesión, de integración, de compromiso, al ciudadano medio.
¿Tengo que volver a decirlo?, lo diré: no estoy de acuerdo con la independencia catalana, y le pido al amable lector que si lo esté, que no anule el mensaje de este artículo porque no estemos de acuerdo en este punto, por muy importante que sea.
Porque el mensaje no es la defensa, o no de este objetivo, el mensaje es que el pueblo catalán ha creado un proyecto de nación, un proyecto común, una visión de la sociedad que quieren crear y en la que quieren sentirse protagonistas.
¿Qué pasaría si pasara igual en el resto de la nación española?, ¿Qué pasaría si la mayoría de los españoles también nos sintiésemos protagonistas de la Historia, si en lugar de sentirnos desplazados a ejercer nuestro derecho cada cuatro años, nos sintiésemos integrados en un proyecto común?
¿Qué pasaría si tuviésemos un horizonte que despertase nuestras pasiones, que pasaría si nos sintiésemos algo más que meros espectadores de nuestras propias vidas?
Hemos renunciado a vivir, estamos adaptándonos a sobrevivir. Sentados en nuestras, hoy incomodas, butacas de platea, observamos la vida, escandalizándonos de lo que siempre ha ocurrido, pero que nos hemos negado a ver. Al fin y al cabo Caja Madrid y otras similares, nos estaban financiando el sueño de ser dueños de nuestras casas, incluso de una segunda vivienda.
¿A que más podíamos aspirar?
Nos vendieron la moto y la compramos. La felicidad consistía en tener un contrato seguro e indefinido, una casa en la playa y si es posible dos coches, aunque mejor tres, nuestros hijos crecieron sin darnos cuenta y es lo menos que podíamos darles como muestra de nuestro propio triunfo.
Mientras la vida seguía, dejamos de ver el horizonte, empezamos a vivir con el único objetivo de llegar a fin de mes, de afrontar todos los pagos comprometidos, aunque para ello fuese preciso no solo que trabajásemos todos los que ya teníamos edad para hacerlo, sino que además comprometiésemos nuestra vida económica, no ya a largo plazo, sino durante las dos terceras parte de nuestras vidas.
No tenemos más horizonte que llegar a fin de mes con la menor angustia posible, la felicidad es que pasen los días con los menos sobresaltos posibles, la seguridad no viene por la toma de conciencia de nuestras posibilidades, sino por los gestos que nos puedan proporcionar nuestros jefes, con contratos indefinidos a ser posible, o por los políticos de turno con sus falsas promesas, que precisamos creernos para mantenernos.
Hemos perdido la ilusión como país, hemos perdido la pasión que genera ser sujetos de creación de una nación, de un proyecto común, de una forma de entender la vida, y hasta la Historia. Hemos perdido la ilusión como país, hemos perdido la pasión que genera ser sujetos de creación de una nación, de un proyecto común, de una forma de entender la vida, y hasta la Historia.Hace poco tuve la osadía de ponerme una cadena de reloj que era los colores de la bandera de España, unos amigos – supuestamente de izquierdas – me lo reprocharon. ¿Cómo es posible que estemos aceptando de forma pasiva que la llamada derecha se haya apropiado de los símbolos que nos definen como españoles, que cohesionan nuestras ilusiones, que nos dan sentido a nuestra pertenencia a algo que nos supera, como es la construcción de un país?
¿Cómo es posible que ser de izquierdas implica forzosamente despreciar estos símbolos, dejándolos, con esta postura, a disposición de la derechona?
¿Es que nadie tiene conciencia de que para salir adelante debemos unir nuestros brazos, nuestras fuerzas, nuestras mentes y nuestros corazones?, ¿Cómo es posible que los políticos de turno no sean capaces de generar ilusión y que critiquen con argumentos tan zafios como los de la "revolución bolivariana" a los jóvenes que están siendo capaces de crear ilusión en otros jóvenes, de hacernos ver que otro mundo es posible?
No, amigo, no...de veras: no estoy diciendo que el mundo que nos presenta Podemos sea el ideal – tampoco le digo que no lo pueda ser – lo que estoy diciendo es que están creando ilusiones, ¿falsas?....disculpe: llevamos casi seis años ya escuchando falsedades, dejemos que nos cambien los argumentos, aunque estos sigan siendo falsos.
¿Cómo es posible que no lleguemos mas allá de lo que el fenómeno independentista catalán significa?, ¿Cómo es posible que estemos ignorando el clamor que se ha despertado en esta hermosa tierra, y que todo lo reduzcamos a que quieren irse de España?
¿No será porque en España no hay nada que ilusione?, ¿no será porque en España estamos sobreviviendo y este pueblo, como deberíamos hacer nosotros, quiere vivir, tener horizontes que les apasione, sueños que conquistar, metas que alcanzar?
¿Cuáles son las nuestras, aparte de que la prima de riesgo baje, que no sigan haciendo recortes y que la famosa reforma laboral no nos afecte?
Todas preocupaciones reales, importantes, que debemos afrontar, pero ¿suficientes para luchar, para levantarnos cada mañana con ilusión?, ¿suficientes para sentir que merece la pena luchar por algo más que llegar a fin de mes?
Le dejo aquí las preguntas, seria para mí un privilegio que me diese la oportunidad de conocer sus respuestas. Δ

José Luis Briones, emprendedor y profesor en escuelas de negocio.
creadoresdehistoria.com  y  blogrey.creadoresdehistoria.com


 

Comentarios   

 
0 #1 Rosa M Reyes Tamaral 03-11-2014 11:39
Como siempre fantastico articulo José Luis, estoy de acuerdo, pero no me gustaria que entrase PODEMOS, (son comunistas camuflados), pero estoy totalmente contigo que tanto estos como los catalanes (Tampoco esoty de acuerdo con su independencia), crean ilusion y ostras espectativas aunque luego no sean la verdad, porque cuando llegan al poder no se que es lo que tiene que todos se transforman.
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0 #2 Luisa del Castro 03-11-2014 11:47
Estoy de acuerdo con la reflexión del sr Briones. Sólo hay que coger la prensa de hoy y comprobar el efecto que está produciendo en todo el panorama político-económico y social, la irrupción de podemos.Y eso es así, aunque muchos pretendan mirar hacia otro lado o no estén de acuerdo con ellos.
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