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Opinión Opinión El oficio más bonito del mundo tiene esperanza

El oficio más bonito del mundo tiene esperanza

Escrito por Irene Casado Sánchez 22 Julio 2014
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Para ser un buen periodista no basta con ser honesto. También hay que ser desconfiado y sensato con las suculentas y nada inocentes manzanas que le prometen el paraíso.

Existen muchas clases de periodistas. Tantos como adjetivos. Está el periodista aventurero, el trágico, el modesto, el rápido, el listillo, el ambicioso, el comedido... Pero hay un periodista indispensable: el honesto.

Decía Ryszard Kapuscinski que para ser buen periodista hay que ser buena persona. Una cualidad sin la cual no es posible desempeñar la profesión más bonita del mundo, como afirmaba el genio Gabriel García Márquez. Desde hace algunos años, este oficio ha perdido credibilidad y, muchos de sus profesionales, el respeto de los ciudadanos. Sin embargo, aún queda esperanza y mucho talento para sacar a flote un oficio que vela por las libertades y la democracia. Aún hay buenas personas.

Los mejores periodistas son "aquellos que a pesar de su profesionalidad, su rigor y su talento, han tenido que dejar la profesión porque sus empresas han hecho un ERE". Los que "se han visto privados de su libertad por hacernos llegar información potable". Son las palabras de Jordi Évole, guionista y presentador de 'Salvados', al recibir el premio de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) al Mejor Periodista del año.
Los mejores profesionales son aquellos que se negaron a ir al mundial de Brasil con todos los gastos pagados por Iberdrola.
El guionista catalán recordó en su discurso a Marc Marginedas, Javier Espinosa y Ricardo García Vilanova, tres profesionales de la información que fueron secuestrados y retenidos mientras cubrían la guerra en Siria. Son tres ejemplos de los muchos periodistas que renuncian a sus hogares, a la normalidad, al confort de una cama, o a un plato de comida caliente. Un sacrificio que se convierte en un modo de vida, todo para contar qué sucede más allá de nuestras fronteras.

Pero no hace falta irse tan lejos para ser un buen periodista. Los mejores profesionales son "los que han publicado el nombre de la entidad financiera que había detrás de un desahucio aunque su periódico o su medio estuviese refinanciando su propia deuda con ese banco", señaló Évole. Desde que la información se enredó con el poder financiero, hasta casi fusionarse, pocos han sido los valientes que han sacado a la luz las malas praxis de bancos y empresas.

El silencio informativo es tan dañino como la mala información. En un contexto marcado por los recortes, los despidos de trabajadores y la deuda, muchos medios, y por ende sus profesionales, han enfermado de mutismo. Por eso, el polémico presentador aplaudió a "los que han denunciado las malas prácticas del presidente de su Comunidad Autónoma aunque con ello corriesen el riesgo de quedarse sin parte de la publicidad institucional". Periodistas honestos que dejaron de lado su miedo para cumplir con su labor: informar de forma veraz y lo más objetiva posible a los ciudadanos.

El poder de la información es inmenso. Desde las esferas políticas y económicas es elemental controlar a sus profesionales, comprar sus palabras para tergiversar la realidad para así mantener su imagen y conseguir apoyo popular. Para ser un buen periodista no basta con ser honesto. También hay que ser desconfiado y sensato con las suculentas y nada inocentes manzanas que le prometen el paraíso. Porque, como enfatizó Évole, los mejores profesionales son aquellos que "se negaron a ir al mundial de Brasil con todos los gastos pagados por Iberdrola".

Periodistas que arriesgan sus vidas en conflictos armados, que plantan cara al poder financiero y político aunque de ello dependan sus puestos de trabajo, esos son, sin duda, los mejores. Tampoco es posible olvidar a aquellos que "han arriesgado y se han buscado la vida con nuevos medios de comunicación para contar lo que pasa a pesar de la precariedad".

Medios que salen adelante gracias a la entrega de los periodistas que trabajan sin descanso más de 12 horas al día en sus redacciones. Que renuncian a días festivos, puentes y sueldos de ensueño porque creen que otro periodismo es posible. Que no cesan en su empeño por descubrir que hay detrás de los despidos de empresas como Coca-Cola, o que sucede con sus compañeros víctimas de los recortes de Telemadrid. Profesionales que siguen convencidos de que este oficio es el más bonito del mundo. Δ

Irene Casado Sánchez. Periodista. CCS


 

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