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Opinión Opinión Jerusalén: dividir lo indivisible.

Jerusalén: dividir lo indivisible.

Escrito por Meir Margalit 04 Abril 2014
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Pocas ciudades en el planeta que se adjudican el titulo de 'Ciudad Santa', han alcanzado un récord de intolerancia como Jerusalén.

Caudales de herejía y profanación han brotado de esta ciudad, que codiciada por las tres religiones monoteístas, se ha convertido en fuente de inspiración infinita pero a la misma vez, vivero de incontables intrigas.

Cicatrices de inclemencia resaltan en cada esquina, y en particular en la parte árabe de la ciudad. Pero Jerusalén, no es solo una maraña de conflictos, es también la llave de la paz en Medio Oriente. Si hay una esperanza de paz en esta sufrida región, ella pasa por Jerusalén. Es por ello que a pesar de ser un callejón sin salida, se hace imprescindible no desesperar, continuar buscando aquella formula justa y viable que transforme a Jerusalén de obstáculo en estimulo, de un escollo a una fuente de paz, y sobre todo, -es esencial-, darle rienda abierta a la imaginación, generando alternativas novedosas y creativas, dado que las opciones disponibles, habituales y corrientes no ayudan a salir del pantano.

¿Por dónde pasa la solución de este conflicto ? Pues por dos axiomas ineludibles. Uno, la ciudad debería ser dividida. O dos, la ciudad es indivisible. Cada uno de estos dos enunciados, parece a primera vista incompatibles, pero así como extremos en un circulo se tocan indefectiblemente, de la misma manera que la conjunción de ambos enunciados se compaginan en una unidad orgánica que contiene en si la solución de este conflicto.
Jerusalén, no es solo una maraña de conflictos, es también la llave de la paz en Oriente Medio.
Deberá dividirse primero y ante todo porque eso es lo justo, es lo que corresponde, pero también por motivos meramente geopolíticos. No hay forma de llegar a un acuerdo de paz sin que la parte oriental de la ciudad se constituya en capital del futuro Estado palestino. Y también es indivisible porque estos casi 50 años de ocupación han generado una interdependencia entre ambas partes de la ciudad que imposibilita su división.

Las dos partes de la ciudad están tan entrelazadas, su tejido urbano tan enredado demuestra que no hay forma de cortarla en dos. Es por ello, que los modelos tradicionales de división no encajan con la realidad local y de ahí surge la propuesta de una división funcional de la ciudad, pero no territorial. Es decir, crear dos capitales en una misma ciudad, abierta y unificada, donde se establezcan dos municipalidades: una palestina para la parte oriental de la ciudad y una israelí para la parte occidental. Cada una de ellas otorgaría servicios a sus compatriotas en cuestiones que son imposibles de dividir como el abastecimiento de agua o electricidad, que serían articuladas conjuntamente. Tal vez hiciera falta establecer un organismo supra-nacional, por encima de ellas, para arbitrar posibles malentendidos que tuvieran lugar.

Este modelo singular, atípico que no existe en otro lugar del mundo no tiene por qué ser absurdo. Y sí en cambio, requiere de coraje, buena voluntad, y una buena dosis de amor a la ciudad para enfrentar todos los obstáculos que sin duda surgirán con el tiempo. Nosotros, sus habitantes sabemos que esta es la única solución factible para una ciudad que debe dividirse pero es indivisible.

Jerusalén precisa (y se merece) nuevos horizontes, paradigmas y para ello es necesario cuestionar el actual modelo de "soberanía" tradicional basado en una ciudad uni-nacional que pertenece única y exclusivamente a un solo país. Llegó la hora de probar otro modelo que puede cobijar bajo sus alas a más de un país, de la misma forma que cobija a más de un grupo étnico, religioso o nacional.

En esencia se trata de reemplazar los parámetros nacionalistas, exclusivistas, monolíticos, por un territorialismo humanista, incluyente y tolerante, basado en la unidad a la tierra, al paisaje y a su gente.

No se trata sólo de un modelo coyuntural, de una fórmula ad hoc que surge por falta de otras alternativas sino de un camino que puede conducirnos no sólo a un acuerdo de paz, sino a un modelo profético de convivencia no sólo para la ciudad sino también para toda la región. Desde esta perspectiva, Jerusalén es una ciudad privilegiada, un laboratorio de relaciones humanas, ya que podría llegar a ser una piedra angular de un futuro país binacional, palestino e israelí, o tal vez la semilla de una federación multinacional junto con Jordania, y los países árabes limítrofes -algo así como los Estados Unidos de Oriente Medio o como el modelo latinoamericano de UNASUR o el de la Unión Europea-.

Si a los lectores esto les resulta extraño no es culpa suya. Se trata de un modelo complejo, y al no existir precedentes, resulta difícil configurar o imaginar pero no por eso es imposible de concretar.

El desafío es inmenso pero el beneficio será mas que rentable, dado que abre la puerta a una nueva época en la que ambos pueblos puedan convivir armoniosamente para el provecho común de todos sus residentes. ¡Que más se le puede desear para una ciudad ! Δ

Meir Margalit. Ex concejal de Jerusalén por el partido de izquierda. Director del Centro de Iniciativas de Paz en Jerusalén.


 

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