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Internacional Tema Preparando la salida de Afganistán

Preparando la salida de Afganistán

Escrito por Alberto Piris 28 Junio 2013
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Por primera vez desde que en 2001 los talibanes fueron expulsados de Afganistán por las fuerzas de la coalición aliada invasora, la OTAN ha puesto la responsabilidad de la seguridad nacional en manos del Gobierno del presidente Hamid Karzai.


Karzai. Foto Harald DettenbornEn una ceremonia que tuvo lugar en Kabul el pasado 18 de junio, Karzai declaró que "nuestras fuerzas militares y de seguridad dirigirán a partir de ahora todas las actividades que les corresponden". No obstante, las tropas aliadas permanecerán en Afganistán hasta concluir 2014 y podrán acudir en refuerzo de las unidades afganas.

Aparte de la incesante actividad que las fuerzas de ISAF están llevando a cabo, preparando la retirada y desmontando los complejos sistemas logísticos que constituyen las bases, proseguirán las misiones de instrucción así como las de apoyo de transporte aéreo y evacuación urgente de bajas. El Secretario General de la OTAN, que participó en la ceremonia, alabó la "extraordinaria resolución" de las tropas afganas e insistió en que todavía quedaba mucho por hacer en los 18 meses restantes: "Seguiremos ayudando a las fuerzas afganas en el desarrollo de las operaciones, si es necesario, pero nosotros ya no las planificaremos, ejecutaremos ni dirigiremos; a finales de 2014, todas nuestras misiones de combate habrán concluido".
No fue un buen augurio del inicio de esta nueva situación el ataque terrorista suicida que tuvo lugar pocas horas antes del solemne acto de transferencia de responsabilidades.
Las tropas aliadas desplegadas ahora en el país afgano suman unos 97.000 efectivos, procedentes de medio centenar de países, aunque el contingente mayor -unos 68.000- pertenece a EE.UU. Cuando en 2014 hayan abandonado Afganistán, solo quedará un pequeño grupo de instructores y asesores militares, cuya composición y tamaño está todavía pendiente de una decisión conjunta con el gobierno de Kabul.

Karzai, por su parte, mostró su satisfacción personal por el objetivo alcanzado e insistió en que ahora se iniciaría una nueva estrategia, de la que no formarían parte los ataques aéreos "contra los hogares y las poblaciones afganas", recordando así su radical rechazo al uso de los fatídicos drones, que tanto complacen a los estrategas del Pentágono y de la CIA, pero que con frecuencia causan bajas inocentes y producen gran disgusto entre la población.
Las tropas aliadas permanecerán en Afganistán hasta concluir 2014 y podrán acudir en refuerzo de las unidades afganas.
No fue un buen augurio del inicio de esta nueva situación el ataque terrorista suicida que tuvo lugar pocas horas antes del solemne acto de transferencia de responsabilidades, y que causó tres muertos y más de una veintena de heridos. El presunto objetivo del ataque, un señalado dirigente hazara, salió ileso.

Las opiniones consultadas sobre el terreno, respecto a la nueva situación, son muy variadas. Un instructor militar aliado aseguró que los mejores soldados afganos están a la altura de cualquier ejército de un país en vías de desarrollo, pero que el grueso del contingente deja todavía mucho que desear. El jefe del ejército afgano se ha quejado de que la escasa capacidad aérea de sus fuerzas es un difícil reto a resolver: "Tenemos muy pocos medios para el transporte aéreo y en muchas zonas tenemos que recurrir a ISAF. Por lo demás, creo que seremos plenamente capaces de realizar nuestra labor".

Si el aspecto militar del futuro Afganistán independiente presenta algunas perspectivas aceptables, no ocurre lo mismo con los problemas políticos que el Gobierno de Kabul habrá de resolver.
Los contactos que a nivel diplomático estaba previsto realizar entre el Gobierno de Karzai y la dirección talibana, parecen atascados por cuestiones de imagen y prestigio, y por la desconfianza mutua entre ambas partes.
Los contactos que a nivel diplomático estaba previsto realizar en Doha, la capital de Catar, entre el Gobierno de Karzai y la dirección talibana, parecen atascados por cuestiones de imagen y prestigio, y por la desconfianza mutua entre ambas partes, así como desacuerdos importantes entre el Departamento de Estado de EE.UU. y el Gobierno afgano, que el pasado 20 de junio rechazó iniciar las conversaciones con la delegación de los talibanes.

Karzai se quejó de que éstos abrieran una oficina en Doha y de la forma en que llevaron a efecto una conferencia de prensa que, según él, hizo aparecer a los talibanes como el Gobierno en el exilio del presunto "Emirato islámico de Afganistán" (nombre que adoptaron los talibanes durante el tiempo en que gobernaron el país). Esto fue lo que provocó el incidente diplomático con EE.UU., que ha patrocinado estas tentativas de encuentros bilaterales. Las insistentes llamadas del Secretario de Estado, John Kerry, no han logrado suavizar el conflicto, y Karzai sigue acusando de duplicidad a EE.UU. por mantener contactos ocultos con los talibanes. Sus esfuerzos para que el Gobierno catarí haga retirar de la fachada de la delegación talibana los signos y banderas que molestan a Karzai, son una muestra de que las conversaciones tienen todavía un largo camino que recorrer, en el que símbolos e intenciones ocultas son obstáculos difíciles de superar. Pues así están las cosas en aquel lejano país del que todavía tendrá que regresar incólume el destacamento español que allí presta sus servicios. Deseémosle suerte. Δ

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva. www.ceipaz.org
Militares Afganistán



 

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