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Editorial Editorial Regeneración democrática ya

Regeneración democrática ya

Escrito por Fusión 23 Enero 2013
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No hay vuelta atrás. No puede ni debe haber vuelta atrás. ¿Qué les queda por demostrar a los 'dioses' políticos? ¿Hasta dónde puede llegar la degradación de su responsabilidad como funcionarios al servicio de los ciudadanos? ¿Cuánto más vamos a permitir y a sufrir?
Las máscaras se caen y con ello queda al descubierto la repugnante realidad de unos individuos sin escrúpulos, obsesionados por el poder y lo que éste aporta en oportunidades de enriquecerse.

El desprecio a los ciudadanos, a sus sueños, a sus esperanzas, necesidades y derechos, es ya más que evidente. Son elegidos con el voto democrático y lo utilizan para sus egoístas, interesados e ideológicos fines. Han demostrado ser basura. Han demostrado que no están a la altura de los mínimos principios democráticos, ni tan siquiera de la imprescindible base humana y moral que debe alimentar a todo aquel que desempeñe un cargo público.

Ahora queda sacar enseñanzas de la lección, y corregir lo que está mal, que no son sólo las personas y sus delitos, de eso debe encargarse la justicia, sino las bases, las leyes, que permiten que individuos sin escrúpulos puedan desempeñar cargos responsables, puedan acceder al mecanismo democrático y utilizarlo para su provecho.

Toca regenerar la democracia, crear un nuevo sistema que permita la transparencia en tiempo real, que controle el trabajo de los empleados del pueblo, los mal llamados políticos, que exija a todo aquel que quiera servir al pueblo desde la poltrona del poder unas condiciones mínimas de honradez y de consecuencia con su declaración de intenciones, o sea, el cumplimiento por ley del programa electoral presentado ante los ciudadanos y por el cual estos eligen a sus candidatos.

Se debe dar más uso al referéndum, único cauce para que los ciudadanos puedan ser partícipes de las decisiones que les afectan directamente. Es inconcebible que unos ciudadanos elegidos por otros ciudadanos, tengan la potestad de tomar decisiones drásticas sin el consentimiento de los primeros.

Una democracia sin un uso más fluido del referéndum se convierte en una dictadura avalada por las urnas. Y eso exactamente es lo que está sucediendo. Cuando los ciudadanos protestan aquellas decisiones que les afectan gravemente, los "políticos", que ya han olvidado su origen y quien les paga, se justifican diciendo que están avalados por el voto, por las urnas. Pero eso es una mentira interesada, una verdad a medias, manipulada, porque las urnas avalan un programa, unas promesas, un proyecto, y lo que está ocurriendo no se parece en nada a lo que los ciudadanos votaron. Esta incongruencia dota de un sinsentido total al concepto de democracia. Deslegitima la democracia. La convierte en un mecanismo fraudulento al servicio de los intereses del partido más votado.

El programa electoral presentado por los partidos es una declaración de intenciones que estos plantean a los ciudadanos para captar su voto. Incumplirlo implica cometer un delito que debería ser castigado, expulsando a los infractores, denunciando los resultados electorales y repitiendo las elecciones. Pero la permisividad legal existente al pasar por alto tan vital regla democrática, es lo que favorece la proliferación de "diosecillos" que se creen con potestad para hacer lo que les da la gana, incluyendo en ello el apropiarse de lo ajeno, lo que nos pertenece a todos.

La mayoría de los problemas existentes vienen, derivan, de la no existencia de un control de las bases, de las reglas, que son la salud de la democracia. Aquí vale todo. Lo único que tiene en cuenta al ciudadano es la llamada al voto cada cuatro años. El resto es un desprecio, una burla y una constante proliferación de delincuentes que, además, gozan de privilegios especiales ante la justicia por su condición de diputados o cualquier cargo político que ostenten.

Lo que ahora mismo hay es basura. La democracia es una burda mentira consentida por todos los políticos y avalada por el absurdo voto y el silencio de unos ciudadanos resignados a sufrir las consecuencias de la ignorancia, la incultura, el desprecio y la falta de responsabilidad de los que ostentan cargos públicos.

Resulta inconcebible asistir día tras día a los manejos de cualquier patán, ascendido a la categoría de ministro, que decide por su cuenta que hay que cerrar las minas, o que hay que devolver la religión a las aulas, o que el idioma catalán suena mal, o que hay que privatizar la sanidad, o que hay que pagar tasas judiciales, etc. etc.

Resulta inconcebible que la democracia haya degenerado tanto para que eso suceda. ¿Quiénes coño son estos personajes? ¿De dónde han salido? ¿Qué derecho tienen a disponer de las vidas de los ciudadanos? ¿De donde ha salido su potestad para tomar ese tipo de decisiones a espaldas de los ciudadanos? ¿Cómo es posible que ante las protestas de los ciudadanos saquen sus "perros" a la calle para que los machaquen? ¿Es eso legal en una democracia? ¿Es eso justicia?

Todo eso es una vergüenza. Lo absurdo gobierna. Lo absurdo se ha instalado en la vida y ha tomado el mando. Sólo queda plantarse y pararlo todo. Sólo queda negarse a participar de esta mentira, de este esperpento, de esta degradación de lo que tanto costó conseguir.

Los políticos que participan y se aprovechan de este engendro son los causantes del mal. Los ciudadanos que colaboran con su pasotismo y su adulación a los políticos son también culpables y responsables. Pero, además, son estúpidos, porque les están robando su futuro, su dignidad y su libertad, y les siguen aplaudiendo, jugando su juego, riendo sus gracias. Es lamentable.

La solución es unirse para regenerar las bases democráticas. Exigir nuevas leyes, nuevas condiciones, nuevos controles, nuevos políticos al servicio del pueblo. Empleados, no "dioses". Y para ello se deben equiparar en ganancias y en derechos a los ciudadanos. No más privilegios. Que la "profesión" político sea vocacional, no una forma de enriquecerse y asegurarse el futuro.

Y ello debe ser conseguido antes de las próximas elecciones. El cambio debe ser ya.
Y si no existe voluntad de cambio por parte de los que deben legislar, entonces no les demos el aval del voto. A nadie. A ninguno. Hagamos que todo se pare. Que se detenga la maquinaria de la corrupción, de la mentira, de la no presencia del pueblo en los asuntos decisivos. La democracia es el gobierno del pueblo. ¿Es eso lo que tenemos...?
En nuestra mano está. Y si no lo hacemos, tampoco nos sigamos quejando, no perdamos el tiempo con manifestaciones, huelgas o protestas que sólo sirven para que llevemos más palos y perdamos aún más derechos.

Es evidente que a ellos no les tiembla la mano y no se inmutan en sus decisiones. Y que tampoco cambian su nivel de vida, sus sueldos, sus privilegios, su "justificarse" los unos a los otros, su actitud despótica, engreída e inhumana.

La solución, la única solución posible, es cambiar las leyes, las normas democráticas y realizar así una limpieza total. Regenerar la democracia. Limpiar la basura y comenzar desde cero.
No es una utopia. Es posible. Es, además, digno y humano. Hay mucho en juego.
En nuestra mano está. Δ

 

Comentarios   

 
+2 #1 Ezkaba 25-01-2013 22:55
Magnífico artículo muy actual y necesario. Es evidente que no podemos seguir así. Con lo que no estoy de acuerdo es con lo de no votar a nadie. Al igual que las personas, todos los partidos no son iguales y no podemos responsabilizar a todos por igual, haya gobernado o no.
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