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Lo que entienden los capitalistas por libertad

Escrito por Juan Carlos Sánchez del Barco 17 Enero 2013
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¡Qué júbilo y alegría! Libia ya fue 'liberada' en octubre de 2011 de las 'garras' del coronel Gaddafi tras una guerra que, a día de hoy, aún continúa, aunque los medios de intoxicación informativa no hagan apenas referencia a este hecho.

Se trata de un conflicto civil en toda regla, una guerra que fue provocada por el derrocamiento del dictador Gaddafi, hecho que abrió la caja de pandora de los males de esta nación norafricana, aflorando y resurgiendo lo que, durante mucho tiempo, se consideró muerto y enterrado en Libia. No obstante, para estudiar más pormenorizada y detalladamente la situación libia tras la muerte de Gaddafi, recomiendo analizar y reflexionar el artículo que publiqué en abril del año 2012, que lleva por título "Libia insurgente".

En esta ocasión, voy a centrarme en los acontecimientos más actuales de la política y sociedad libias. Sin embargo, antes de acometer este fin, habríamos de realizar un examen retrospectivo, remontándonos a febrero de 2011, fecha en la que comenzó la rebelión contra el dictador. Nótese que digo "rebelión" y no "revolución" (conceptos ambos que suelen ser confundidos, cuando, en este caso, son contradictorios), al estar promovido el fin de Gaddafi por una institución reaccionaria, conservadora y, por tanto, contrarrevolucionaria, como es la OTAN. Por tanto, el período post-gaddafi no será demasiado halagüeño para los libios, en tanto que no será revolucionario, sino capitalista.

Como íbamos relatando, la oposición al antiguo régimen imperante en Libia empieza a tornarse en febrero de 2011, con el estallido de multitudinarias manifestaciones que, en un principio y salvo algunas excepciones, no cuestionaban el sistema de la Yamahiriya implantado desde 1969 con el golpe de estado contra el Rey Idriss I el Senoussi. Sin embargo, la incompetencia del régimen libio, reprimiendo a tiros dichas expresiones populares, unido a la corrupción imperante y a la vida ostentosa y lujosa propia de un rey que se llevaba el clan Gaddafi, encienden la mecha para una revolución contra el dictador, revolución que fue sustituida por rebelión al inmiscuirse la OTAN, con EEUU y la UE a la cabeza. Los estados capitalistas antes mencionados empezaron a conspirar para aprovechar esta coyuntura (si es que no fueron ellos quienes la forzaron mediante sabotajes y incitaciones a la población), estableciendo el ya citado CNT como representante, no ya del pueblo libio (que es como se decía en la prensa), sino de los intereses de las transnacionales de los estados pertenecientes a la OTAN e incluso intereses políticos, por ejemplo: el alcohólico Sarkozy recibió dinero para su partido y campañas electorales del régimen de Gaddafi, y éste último poseía inmuebles y multimillonarias inversiones en Gran Bretaña, Italia, Francia y España. Además, el corrupto, pederasta, estúpido y fascista Berlusconi pagaba sustanciosas cantidades de dinero por "frenar la inmigración ilegal" hacia Italia y, por ende, a la UE. Todas estas cuestiones, con considerable probabilidad, han debido ser importantes a la hora de invadir y bombardear libia. Sin embargo, dejo la relación entre estos hechos y lo acaecido en este país musulmán a la libre interpretación del lector.
El primer gran negocio de Libia va a ser su reconstrucción. No es necesario poseer una inteligencia portentosa para saber quiénes serán los beneficiados: las grandes constructoras de los mismos estados que bombardearon y asesinaron a miles de personas.
La situación socio-política libia, ya en marzo de 2011, se agrava hasta el extremo de que empieza a hablarse de guerra civil entre los partidarios gubernamentales (esto es, de Gaddafi) y los denominados como "rebeldes" (es decir, el CNT, con sus milicias, que fueron, curiosa y extrañamente, armadas y pertrechadas hasta los dientes en un tiempo extremadamente corto-¿acaso lo tenían todo planeado de antemano?-, y la inmensa mayoría de los integrantes de este grupo eran mercenarios extranjeros).

Ciertamente, los gaddafistas tenían el control militar al principio de esta contienda, pero la implicación directa de la OTAN (en apoyo descarado al CNT, aunque se vendiera como "intervención humanitaria"), con sus campañas de bombardeos sobre la población civil en varias ciudades del país y la apertura de un pasillo de exclusión aérea para los rebeldes) hicieron cambiar la balanza a favor de los pro-OTAN, que posiblemente habría pocos en Libia. Tras salvajes batallas, matanzas perpetradas por ambos bandos, ajustes de cuentas, etc. llega el mes de octubre, en el que muere Gaddafi.

A partir de este momento, se establece un apagón informativo en los estados integrantes de la OTAN hacia sus respectivos pueblos. Parece ser que Libia ya no existe, ya no se hacen eco los medios de propaganda y, sobre todo, sólo se reseña aquello que interesa al sistema deformando la información de forma deliberada y sesgando lo que acontece en este país árabe. Sin embargo, se venden las recientes elecciones de julio de 2012 como "un triunfo del pueblo libio" y como un paso más en la "consecución del objetivo democrático". Pero no se comenta que los partidos que incurren en esa farsa teatral están todos, de una u otra forma, supeditados a los intereses de las potencias pseudodemocráticas de la UE y, sobre todo, a EEUU. Curiosamente, una copia exacta de la transición política en España, avalada, dirigida y controlada desde Washington. Y como la española, muchas más.

Esta forma de transiciones poseen la particularidad de no romper con lo anteriormente establecido. Sólo se basan en reformas visibles, pero que no tienen un efecto de desligarse del pasado. En consecuencia, sólo se imprime un barniz pseudodemocrático que oculta la raíz dictatorial y verdadera de quien gobierna, porque, en el parlamentarismo, todo es fachada e hipocresía.

En el caso de España, el Estado antiespañol sigue teniendo el mismo cariz fascista que durante el franquismo y que en toda su historia. Durante la llamada transición de los años 70 se acometieron una serie de lavados de cara del régimen dictatorial, estableciendo las elecciones como forma, en primera instancia, de retirar el poder a los españoles (que, naturalmente, tampoco tenían durante el franquismo, ni nunca) de forma muy sutil, porque el pueblo ni se enteró, ni sigue haciéndolo actualmente, porque se sigue acudiendo en masa a votar. Franco murió, pero no los intereses yanquis en España, ni la desigualdad social, ni el acaparamiento de tierras por unos pocos, ni la especulación, ni la injusticia, ni la violencia policial, etc.
La 'democracia parlamenaria' es una forma de mantener los privilegios de los ricos a costa de los pobres sin que estos últimos cuestionen el capitalismo.
En consecuencia, el régimen que nunca debió existir y que no acabó en 1975 (este año murió Franco, pero no su sistema, que actualmente perdura), ha continuado en la actual "democracia parlamentaria", una "democracia" que permite y avala corruptelas, asesinatos, golpes de estado, bombardeos e invasiones a otros países soberanos, la división de España en 17 regiones con 17 sistemas educativos, sanitarios,..., privatizaciones, altísimos impuestos para el pueblo, exención fiscal a los ricos, etc.

La gente piensa que la "democracia parlamentaria" es la panacea para conseguir el poder que le corresponde. Sin embargo, es una forma de mantener los privilegios de los ricos a costa de los pobres sin que estos últimos cuestionen el capitalismo. Es de una perversidad inaudita. Pues este sistema basado en la dictadura del parlamento es el que va a ser impuesto en Libia, haciendo creer a este magnífico y noble pueblo que la libertad ha llamado a la puerta de sus casas mientras se le arrebata el petróleo (aunque la tendencia liberalizadora y neoliberal ya fue apuntalada por Gaddafi), la educación, sanidad, aguas, carreteras, etc. y, por supuesto, las escasas, pero productivas tierras que hoy son del estado libio y que se encuentran en el extremo norte del país (la franja costera) empezarán a ser concentradas en torno a los miembros del CNT (organismo plagado de antiguos ministros y leales a Gaddafi) que se encuentran al cobijo del poder, se introducirán intereses bancarios usureros, las multinacionales entrarán a muerte en el país para saquearlo y se harán con el control de todo, incluso con el gobierno, desde la sombra, lógicamente, porque han de aparentar una "democracia auténtica". Y, como colofón, se otorgará la libertad de prensa, información, etc. para aquellos que no cuestionen el sistema capitalista ahora establecido sobre miles de cadáveres mártires del pueblo libio, que más pronto que tarde elevarán a los cielos un grito de protesta contra los "libertadores".

No obstante, el primer gran negocio de Libia va a ser su reconstrucción. Pero no es necesario poseer una inteligencia portentosa para saber quiénes serán los beneficiados de esta primera etapa: las grandes constructoras de los mismos estados que bombardearon y asesinaron a miles de personas. Después llegarán las grandes multinacionales exigiendo su "derecho" de explotación de los todavía abundantes pozos petrolíferos. Pero, ¿en qué derecho se basan? ¡Pues en la libertad capitalista! En la libertad capitalista de esquilmar a los pueblos, de arrebatarles las riquezas que por ley natural le corresponden, en la libertad capitalista de hacerlos esclavos para que ellos puedan amasar grandes fortunas, en la libertad capitalista de dar a elegir al pueblo entre la explotación continua y la miseria, por un lado, o la cárcel y la muerte, por otro. Éste es el concepto superficial, banal y perverso de "libertad" de los capitalistas: libertad para fundar una empresa, libertad para elegir el color de tu coche o libertad para comprar una bombilla en la Ferretería Manolo o en la de Pepe. Libertad siempre desde el punto de vista materialista, nunca espiritual, que es la auténtica, profunda e inmaterial esencia de la libertad.

¡Viva la libertad auténtica! aquélla que se basa en el control del pueblo sobre los recursos nacionales, en la que el pueblo no elija a sus dictadores, sino que él mismo controle sus destinos en una democracia directa, aquélla en la que los trabajadores controlan, mediante asamblea, su propia institución social, aquélla en la que la cultura se extienda hasta el último rincón del planeta, donde la reflexión, inteligencia, la razón, la solidaridad, la justicia social y el respeto sean los únicos límites para que el ser humano sea de una vez por todas libre como un pájaro.

 

Comentarios   

 
0 #1 María del Pilar 22-01-2013 16:17
Es difícil ser optimista hoy día. Los peces grandes engordan cada vez más y los pececillos, cada vez más numerosos y con menos voz son demasiado vulnerables. Les pesa más la dignidad que la rebeldía; y se los "zampan".
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