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Oposiciones al fraude

Escrito por Irene Macías 19 Noviembre 2012
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Oposiciones al fraude 5.0 out of 5 based on 8 votes.
El mes de octubre se realizó la primera prueba de selección para 615 plazas de auxiliar administrativo ofertadas por el Ayuntamiento de Madrid. Se presentaron más de 43.000 aspirantes; más de 43.000 historias de carencia y necesidad de empleo en diferentes grados.

Sacar una oposición siempre ha sido un sueño para muchos en España, pero en el panorama actual, es algo así como que te toque el gordo. Seguro que el que más o el que menos se había permitido soñar con sacar la plaza. La esperanza, por pequeña que sea, es la que nos hace seguir adelante, levantarte de la cama cuando no tienes un trabajo al que acudir, empollarte temas peregrinos sobre leyes, tributos o haciendas locales, seguir pagando esa academia... Darle sentido, en fin, a todo el sacrificio que supone sacar unas dichosas oposiciones en España.

Según los comentarios publicados en el foro creado por los opositores después de la prueba, el examen fue desmesurado. Los participantes del foro se lamentan de que el nivel de dificultad no correspondía al requisito de graduado escolar; de preguntas larguísimas y difíciles de entender sobre los protocolos legales y administrativos más rebuscados; de preguntas fuera de temario... Una letanía de quejas que, más allá de que estén verdaderamente justificadas, sugiere que el esfuerzo de la gran mayoría sirvió para bien poco. El grueso de los opositores se siente defraudado, como imagino que suele suceder con este tipo de pruebas. No tengo experiencia directa de estos exámenes, pero digo que imagino que la sensación de fraude sea frecuente porque cuando uno ha hecho una inversión importante en tasas de examen, una academia durante meses (o incluso años para los aspirantes más inveterados a estas pruebas), temarios (los conocimientos sobre los entresijos administrativos no se venden por menos de 25 o 30 Euros), es normal que uno se sienta defraudado si la inversión no obtiene resultados. A fin de cuentas, el dinero no le sobra a nadie estos días.
La solución no es aumentar la plantilla de empleados públicos, sino hacer una reflexión sobre cómo se puede mejorar la productividad y las condiciones de los que ya hay.
Pero intuyo que el verdadero motivo de desilusión no es ese principalmente, sino más bien otro: ¿se imaginan unas oposiciones en que en vez de pedir a los pobres postulantes que se aprendieran los temas más rancios sobre cosas de difícil aplicación fuera de la Administración pública, tuvieran que mejorar su inglés? ¿O si tuvieran que aprender a manejar programas ofimáticos con soltura? ¿Y si en esas academias les enseñaran destrezas de liderazgo o como trabajar en equipo? Se me ocurre que la prueba de selección podría ser que, por equipos, presentaran soluciones creativas y demostrables al problema del paro, por ejemplo. Conseguirían empleo los equipos que presentaran con mayor profesionalidad un programa coherente, pormenorizado y factible, con sus correspondientes cálculos de costos. ¿Por qué no poner a estas personas a imaginar soluciones creativas a todos los problemas que nos acucian? ¿Se imaginan qué sucedería? Pues que, aun no sacando la plaza, esas personas habrían adquirido conocimientos y habilidades que les harían muy atractivos para cualquier empresario, que les permitirían competir en el mercado laboral nacional y extranjero. En cambio, estos desdichados opositores ¿con qué han terminado? Con conocimientos que sirven para bien poco, que olvidarán, si no han olvidado ya, enseguida y que en la empresa privada o en el resto de Europa no sirven para nada. Para la grandísima mayoría (más del 98% en este caso), las oposiciones son simplemente una pérdida de tiempo, de esfuerzo y de dinero.

Mis reflexiones no terminan aquí. ¿Qué gobierno, que se precie de ser un gobierno serio y responsable, convoca este tipo de concurso a empleo público, con la crisis que tenemos? La prensa británica, donde se habla prácticamente a diario de lo que está pasando mi pobre país (a mí también me duele España, como le dolía a Unamuno), informaba hace tan solo un par de días que la Cruz Roja en España está distribuyendo paquetes de comida como no sucedía desde la guerra civil. ¿Cómo es posible que a estas alturas aún tengamos este concepto de "empleo público", cuando la situación laboral es espantosa? Tenemos una de las mayores tasas de desempleo entre los países "desarrollados", contratos basura, sueldos y condiciones pésimas, y una emigración masiva de nuestros jóvenes, cualificadísimos por cierto. Sé que los funcionarios también lo están pasando mal, que los recortes son fuertes para ellos. Pero la solución no es aumentar la plantilla de empleados públicos, sino hacer una reflexión sobre cómo se puede mejorar la productividad y las condiciones de los que ya hay.

Señores gobernantes: no engañen más. La seguridad laboral tiene que estar ligada al rendimiento. Así de sencillo. Basta de camelar con ese sistema obsoleto y vergonzoso de garantizar la seguridad antes de haber demostrado la valía, tan solo por haber sido capaz de memorizar – con capacidad sobrehumana, eso sí – conocimientos que de poco valen. Y si quieren vincular la contratación a algún tipo de prueba, por favor, exijan que la gente aprenda y demuestre conocimientos útiles, para que así al menos no salgan del examen con el convencimiento de que todo ha sido un fraude. Δ

Irene Macías es profesora de Lengua y Cultura Española en una universidad británica.


 

Comentarios   

 
+2 #1 pilar laso 25-11-2012 18:32
Me ha gustado mucho el articulo. Creo que es un reconocimiento a todas las personas que se han visto defraudadas despeus de tanto esfuerzo y sacrificio y una burla mas por parte de la administraciones
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