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Opinión Opinión Ejemplo de una sociedad moralmente podrida

Ejemplo de una sociedad moralmente podrida

Escrito por Juan Carlos Sánchez del Barco 31 Agosto 2012
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La mayor parte de la sociedad sólo percibe lo que ven sus ojos, pero no la realidad. ¿Por qué?.

Ya sabemos que es de conocimiento público, sobre todo por aquellos que no nos dejamos llevar por las tendencias ni somos veletas de nada ni nadie, que las valientes iniciativas de algunas personas se pagan caras en una sociedad que ha padecido y padece la podredumbre y corrupción de un sistema capitalista tiranizante que fomenta el egoísmo y el individualismo extremos y que desata, asimismo, reacciones típicamente fascistas por parte de la población en general ante la disposición de algunos individuos de intentar hacer del mundo un lugar digno donde vivir.

Efectivamente, la mayor parte de la sociedad sólo percibe lo que ven sus ojos, pero no la realidad. ¿Por qué? Porque no existe la reflexión y no se posee la concepción crítica de todo cuanto nos rodea. La "muerte cerebral" y la "anestesia social" que con falsas riquezas, indignidad e inmoralidad se ha impuesto al pueblo explican por sí mismas estas actitudes. Quien no ve con la mente, no puede mirar con sus ojos, porque, ¿de qué sirve poseer sentidos si la información no se transmite a un cerebro que la procese y, en consecuencia, se elaboren las reflexiones? Por esta razón, la sociedad es tan superficial, tan reaccionaria cuando una persona se atreve a tener una iniciativa que, en definitiva, sólo busca el bien público, mejorar a ese pueblo que ha perdido todos sus valores en beneficio del consumismo desmedido e insultante.

Tras esta breve introducción de dos párrafos, quisiera ahondar sobre el asunto que tanto ha llamado la atención de los noticiarios basura, sensacionalistas y amarillos de nuestro país, y que ha justificado la redacción de este artículo: la buena intención de una señora valiente, llamada Cecilia Giménez, de restaurar una obra pictórica que forma parte de una iglesia de un municipio cercano a Zaragoza.

Esta obra, que forma parte del patrimonio cultural y artístico del pueblo español, estaba considerablemente deteriorada debido a su abandono por parte de las autoridades eclesiásticas y de las distintas administraciones, las cuales ahora se culparán mutuamente, como siempre, de no haber abordado este problema a tiempo. Sinceramente, ¿para qué la existencia de tantos niveles gubernativos en España cuando ninguno de ellos es capaz de dar urgente solución a las cuestiones más básicas de la sociedad, sino que sólo le imprime valores negativos? La existencia de estas administraciones sólo hace ahondar cada vez más las diferencias, ya de por sí abismales, entre gobernantes y gobernados.
Esta señora ha tenido la dignidad, decencia y valor de restaurar el Ecce Homo, ha hecho frente a la apatía, desconsideración, despropósito, totalitarismo y desprecio con que la sociedad la ha tratado.
¿Por qué la prensa canalla y fascista que no habla de las ignominias que cometen los gobiernos y corporaciones multinacionales a los que encubren con sus falacias, le otorga tanta importancia, no a la valentía e iniciativa de una señora, sino a la supuesta "chapuza" de ésta? Primero, para desviar la atención de la auténtica y terrible realidad que atenaza al mundo con los problemas creados por el capitalismo, y segundo, por las razones anteriormente argüidas en los primeros párrafos: que se trata de una sociedad corrompida, y la sociedad no es más que el reflejo de sus gobernantes y pseudoperiodistas.

Esta señora, que con sus 81 años, ha tenido la dignidad, decencia y valor de restaurar esta obra, denominada Ecce Homo, ha hecho frente a la apatía, desconsideración, despropósito, totalitarismo y desprecio con que la sociedad la ha tratado. Como consecuencia de la enorme presión y mofa de la que ha sido objeto, se ha sumido en una situación de ansiedad y desesperación de la cual le deseo (y, al igual que yo, muchísimas personas) una pronta recuperación. Usted, y esto lo piensan millones de personas, ha desempeñado una muy buena acción, no sólo por remodelar el cuadro, sino sobre todo por demostrar a los que queremos aprender de las personas sabias, que el pueblo debe tener el protagonismo y potestad de recuperar nuestros valores de sacrificio, dignidad e inteligencia hundidos en un mar de consumismo capitalista que ha destruido hasta las más elementales formas de comportamiento de solidaridad de la población.

Un pueblo que prácticamente ha perdido sus más básicos valores de convivencia y respeto entre los individuos que lo componen, le es difícil entender que, cuando una persona pone un abundante empeño en la realización de un sueño, y sus conciudadanos no sólo no la recompensan, sino que la lapidan en una lluvia de insultos y humillaciones, su alma se desliza por un abismo de amargas reflexiones sobre el quehacer por el que tanto vilipendio ha sido objeto. No es de extrañar, pues, que la pobre, honesta y buena señora haya caído en la ansiedad y depresión.

Mis palabras finales van destinadas a reprobar enérgicamente la actitud inculta, estúpida e irrespetuosa de una sociedad cada vez más anclada en destruirse a sí misma. Pero no podemos destruirnos entre nosotros, que somos hermanos, tenemos que arrasar con este sistema voraz e injusto que ha hecho posible la división del pueblo en múltiples facetas (divisiones sociales, regionales y políticas, que no ideológicas). Se trata de un poder que ha transformado la sociedad en objetos de consumo y producción, a pedazos de carne cerebralmente muertos, cuya única aspiración es la posesión de entes materiales y dinero con el que satisfacer sus viles caprichos burgueses.

Con todo mi corazón, Sra. Cecilia Giménez, gracias por sus enseñanzas. Usted ha sido el mejor ejemplo a seguir para aquellos que anhelamos una sociedad justa, libre, culta, equitativa, igualitaria y digna, es decir, lo contrario a lo que es actualmente. Por eso le digo que NO DESESPERE, NO CONCEDA LA MENOR ATENCIÓN A LOS INDIGNOS QUE LA INSULTEN. NO LES DÉ ESA SATISFACCIÓN. Estos son los cobardes, que no hacen nada porque temen que la población se cebe con ellos. NO HAGA QUE LOS MEDIOS DE INTOXICACIÓN COMAN DE SUS SENTIMIENTOS Y ESTADO DE SALUD. ÁNIMO Y A POR TODAS, COMPAÑERA. Δ


 

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