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El negocio de la Sanidad

Escrito por Teresa Galeote 12 Junio 2012
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Lo tenían muy claro. Desde que el informe Abril Martorell salió a la luz, en 1991, la Sanidad Pública se convirtió en un objeto de deseo para las grandes empresas. Hubo protestas y el informe quedó aparcado para mejor momento. Y el momento llegó seis años más tarde; la ley 15/97 dejó libertad para ir privatizando servicios públicos, poco a poco, para que la ciudadanía no se diera cuenta.

"Privatiza que algo queda" decidió el gobierno de Madrid y doña Esperanza prometió más hospitales para alegría de propios y extraños. "Reducir las largas listas de espera", qué bien sonó la frase, aunque ésta fuese una cortina de humo para ocultar las verdaderas intenciones. Los hospitales construidos hace algunos años, en la Comunidad de Madrid, no se hicieron para aminorar las lista de espera, ni para ofrecer mejores servicios. Se construyeron para que ciertas empresas constructoras obtuvieran ingentes beneficios. Su construcción, además de resultar más cara que si se hubiese construido directamente por la Administración Pública, ya está amortizada con el canon anual que el gobierno de Madrid y las empresas adjudicatarias establecieron. Pero dichas empresas seguirán cobrando el canon, a pesar de la depauperada situación económica de las arcas públicas, porque tienen una concesión de 30 años. "Gran paradoja". La búsqueda de beneficio tiene un efecto pernicioso para la salud; la pugna empresarial por los enfermos rentables y el rechazo de los no rentables será constante.

Numerosos estudios internacionales demuestran que en los hospitales con ánimo de lucro se dan tasas más altas de mortalidad, se producen más infecciones, muchas de las altas hospitalarias son prematuras y cuentan con menos personal; tanto sanitario como del resto de servicios, etc. Suecia, y más recientemente Inglaterra, han decidió paralizar la construcción de estos centros. Y en España, nuestros gobernantes persisten en la privatización y el premeditado deterioro de la Sanidad Pública.

Parece ser, que para la élite económica hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, por encima de la esperanza de vida de otros tiempos, de esos tiempos donde los hombres morían en el tajo o al poco de jubilarse, a esos tiempos donde muchas mujeres fallecían poco después de alumbrar una criatura, esos tiempos donde la morbilidad común o las epidemias se llevaban por delante a un gran número de personas. Eran otros tiempos, tiempos de quebrantos, de pobreza extrema que un pequeño club de mandamases quiere resucitar.

Y guiados por esas premisas, el hospital público de Alcalá de Henares ha cerrado 130 camas y ha despedido a 90 personas. Y para que no se note el brutal atentado contra la Salud Pública, la dirección del centro hospitalario ordena que no se lleven a planta los ingresos de las urgencias, o los que están en observación en la Unidad de Cuidados Intensivos; hay que retenerlos más tiempo en los mencionados departamentos sanitarios o mandarles a sus casas, aunque necesiten asistencia hospitalaria.

Nuestros gobernantes persisten en la privatización y el premeditado deterioro de la Sanidad Pública.Al dejar plantas con insuficiencia de camas (15 donde antes había 30), se han dejado algunas polivalentes: en ellas pueden verse a pacientes infecciosos, con pacientes oncológicos, con pacientes cardíacos, etc. Dichas plantas no tienen una presencia constante de trabajadores, aunque la dirección del Hospital se comprometió a garantizarlos. La sorpresa llegó a su apoteosis un domingo por la noche, en la planta 4ª A de medicina interna, cuando una sola enfermera atendía el mencionado lugar. El entuerto se solucionó bien entrada la noche, a las 24:00 horas, previa llamada telefónica a una auxiliar.

Existe demanda suficiente en el Hospital de Alcalá de Henares para mantener las 600 camas, pero es obviada porque interesa desviar a los pacientes a la sanidad de gestión privada del Hospital del Torrejón de Ardoz; centro sanitario construido en momentos de fragor inmobiliario. ¡Sí!, cuando en España se gastaba más cemento y ladrillos que la Comunidad Europea junta.

Y cuando el dinero está atrapado entre ladrillos, en negocios especulativos, o viajando a paraísos fiscales, se atreven a jugar con nuestra salud. Capio, Ribera Salud, Sacyr Vallehermoso, entre otras, son las empresas que se benefician de la situación, empresas que cuentan con destacados accionistas; personas muy pegadas al poder político y económico.

España en un gran Patio de Monipodio, donde el fraude fiscal, las SICAV y otros desafueros están permitidos, cuando no premiados con grandes descuentos.

 

Comentarios   

 
0 #1 Francisco Martin Acr 18-06-2012 18:52
Los sistemas de tratamientos impuestos por las farmaceuticas son la causa de la ruina de la Sanidad Pública para beneficio de ellas y sus satélites. Podríamos reducir de manera importante el gasto si los profesionales fuesen formados para mantener la salud en lugar de tratar la enfermedad
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