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Editorial Editorial 'Gobernar sobre mentiras'

'Gobernar sobre mentiras'

Escrito por Fusión 04 Abril 2012
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Decíamos aquí hace tiempo que la mentira se ha convertido en el arma preferida de los políticos, y no solo es cierto sino que ha alcanzado dimensiones impensables que entran de lleno en lo éticamente despreciable e, incluso, en lo que debería ser catalogado como ilegal.
Cuando se cumplen cien días de la toma de posesión del gobierno de Rajoy, cualquier parecido en sus decisiones, en las medidas tomadas hasta ahora, con lo prometido en el discurso electoral es pura coincidencia.

Es evidente que han mentido a conciencia, con premeditación y alevosía, y que lo han hecho con la única y reprobable intención de hacerse con el poder, con el máximo poder posible, para así no encontrar ningún obstáculo a la hora de aplicar todo aquello que antes descalificaron, evidentemente porque decir la verdad no les aportaría la mayoría absoluta.

Y con tal actitud, vergonzosa e indigna, consiguieron que los españoles culparan a Zapatero de los males de una crisis mundial y, de paso, que confiaran en ellos como los salvadores de la patria. Ese discurso aún lo mantienen, incluso ahora que ya se les ha caído la careta y que ya no necesitan el cheque en blanco de los españoles.

Pero este evidente hecho y sus consecuencias nos lleva a dos conclusiones. Una, la primera, es el respeto y la valoración que el PP tiene sobre los ciudadanos españoles, porque mentir descaradamente a sabiendas que una vez conseguido el poder van a hacer todo lo contrario, es colocar al ciudadano en la categoría de incauto, de crédulo, de simple y de fácil de llevar al huerto. Y todo ello debe tener algo de verdad porque les funcionó incluso mejor de lo previsto.

Y esa es la perspectiva desde la que el PP mira hacia el personal de a pie, porque si no fuera así, si hubiera un auténtico respeto hacia los ciudadanos, ¿Cómo pueden tener el valor de presentarse ahora ante los españoles para justificar lo contrario que prometieron para que les votaran? ¿Hasta qué nivel ha subido la arrogancia y la desvergüenza de la clase política que ya les importa un comino todo, mentir, robar, prometer falsedades y, sobre todo, lo que los votantes puedan pensar de ellos?

Esto nos da paso a la segunda conclusión, que entra de lleno en el terreno de la legalidad. ¿Es válido, permisible, tolerable, que algo así ocurra en una democracia sin que intervenga la justicia, sin que nadie exija a los políticos que cumplan sus programas electorales, que cumplan sus promesas? ¿No son actos como éstos los que alejan a los ciudadanos de las urnas, los que convierten a la democracia en una pantomima, en un juego entre la clase política para ver quien maneja más poder, y todo a espaldas de los ciudadanos que les pagan y mantienen en sus pedestales?

Tristemente es lo que hay, y ningún juez va a intervenir en este absurdo sencillamente porque los que crean las leyes que rigen a los políticos es el parlamento, o sea, los mismos políticos.

Entonces surgen necesariamente otras preguntas... ¿Quién va a sanear la democracia? ¿Quién va a lograr que los ciudadanos confíen en los programas electorales? ¿Quién va a evitar que la abstención crezca cada vez más? ¿Quién va a devolver la dignidad a los ciudadanos engañados?

La realidad pura y dura es que cada cuatro años nos convocan para que votemos a los mentirosos y a sus mentiras, y lo hacen alegando patriotismo, cuando habría que preguntarles a ellos si consideran patriotismo mentir a sus votantes, proteger a sus corruptos, mantener su estatus económico cuando piden, exigen y obligan a los demás a apretarse los cinturones bajo promesas de un futuro mejor. ¿Por qué hemos de confiar en que es verdad lo que ahora prometen? Si lo suyo fue y es mentir... ¿Quién nos dice que no lo vuelven a hacer?

En la última campaña electoral se decía que Rajoy no entraba en detalles, que no concretaba nada. Ahora es evidente por qué no lo hacía, aunque para muchos ya lo era en ese momento, porque sus intenciones, o las intenciones de los que mueven sus hilos de marioneta, eran las que estamos viendo y sufriendo, ¿Y quien hubiera votado semejantes despropósitos? Por supuesto no tantos como para lograr la mayoría absoluta.
Pero es necesario decir también aquí que los que esperaron maravillas de Rajoy, muchos de los que le votaron esperando que les devolviera el bienestar perdido, deberían hacerse revisar sus circuitos mentales, porque era muy evidente que la élite social y económica esperaba agazapada esta ocasión para "poner las cosas en su sitio", y para ellos el sitio de los trabajadores no es el sitio de los empresarios.

Que vuelvan a su sitio las clases sociales, que "se recuperen las cosas como Dios manda", como repetía insistentemente Rajoy, solo que el "dios" de Rajoy no es el "dios" de los parados, el "dios" de Rajoy dice que los banqueros en su sitio y el resto en otro, porque hasta los sindicatos "se van a derrumbar como el muro de Berlin", según dice Esperanza Aguirre. Y todo ello apesta a fascismo puro y duro.

Abramos lo ojos ya. Esto no se trata de una crisis económica, se trata de aprovechar una crisis económica, creada por ellos, para imponer por las bravas un sistema ideológico excluyente, para clasificar y etiquetar a la sociedad, para separar la élite de lo mundano.
¿Ha oído alguien que los políticos se vayan a bajar sus sueldos? Por supuesto que no. Pero lo tremendo es que en sus cabezas no se contempla tamaño desatino, porque están convencidos de que no tienen por qué hacerlo, porque no es algo que les afecte a ellos, porque ellos pertenecen a otro mundo.

Como instrumentos que son de los poderosos, viven creyéndose que pertenecen a ese mundo no al inferior, por tanto la crisis es cosa de otros, no va con ellos.
Claro que para eso hay que renegar de su condición de ciudadanos, hay que olvidar que son elegidos por los ciudadanos y mantenidos por ellos. A esto, en otras épocas mas dignas se llamaba traición, y los traidores eran los más despreciados de la sociedad. ¡Como ha cambiado todo en pocos años!

Pero así son las cosas porque así los ciudadanos lo permitimos y lo avalamos con nuestro voto. Y así seguirá mientras no exijamos y propiciemos un cambio en las bases de la democracia, mientras no cambiemos esta parodia de democracia, este circo ambulante donde predominan los payasos y los hipócritas, esta colosal mentira.

Pero, en realidad, pocos tienen el derecho a quejarse, porque tenemos lo que nos merecemos, porque estamos sobrados de egoísmo, porque creemos y seguimos al primero que nos promete vivir bien. Y como eso es a lo único que aspiramos en la vida, pues vale todo con tal de conseguirlo.

Y convertimos a esa masa inculta y egoísta llamada políticos en los "dioses" a seguir. Les adulamos, les vitoreamos, queremos ser como ellos y, mientras, ellos se burlan de todos nosotros, utilizándonos para conseguir sus fines y dejándonos luego en la cuneta para satisfacer a sus amos, a sus exigentes e insaciables amos.

Los ciudadanos somos los "daños colaterales" de esta sucia y repugnante guerra económica que solo busca separar aún más los espacios entre los "dioses" y el resto de los mortales. Y lo harán si se lo permitimos.

Si leyésemos en la historia de la humanidad veríamos que siempre es lo mismo, que los poderosos se alimentaron siempre de la sangre de los débiles, que lo justifican de muchas maneras, algunas tan pobres y mezquinas como "que es para construir un futuro mejor", y lo rematan pidiéndonos que confiemos en ellos.

Siempre la misma cantinela, siempre las mismas mentiras, pero ellos siempre siguen ahí.
Por eso la palabra de este planeta y de esta humanidad es "repetición", porque siempre volvemos a pasar por el mismo sitio y siempre volvemos a pisar en la misma mierda.

Lo peor es que nunca aprendemos, por eso siempre nos mienten, porque saben que vamos a aplaudir sus mentiras, porque saben que les acabaremos adorando.
Gobiernan sobre mentiras y nos da igual.
Qué pena. Δ


 

Comentarios   

 
+2 #1 Xorella Castro 21-04-2012 03:39
Y añadiria varias cosas.Hace un mes me encontraba en una tertulia, y al hilo de lo que esta pasando con la politica,en España.Allì solo se oian quejas,lamentos, y demàs.Cuando me toco a mi hablar.Y dije que tenemos lo que nos merecemos, por no luchar por nuestros derechos.El personal casi me come. Hoy por hoy es subversibo decir lo que se piensa, si es contrario, no se acepta.Tengo la sensaciòn,que el personal no quiere ver la verdad de frente y se sigue hechando balones fuera.¿què se esta esperando,que el agua nos llegue,hasta el cuello?.Otra cosa en la calle hay mucho miedo, toneladas de miedo...a granel y embotellado(medios de comunicaciòn,teles,radios ,periodicos.Y muy pocas voces criticas.No interesan al sistema.Estos dias me pregunto,¿a donde nos quieren llevar,quizà a los años 50 o más atràs?¿acaso con la ley que van a sacar,àl que se manifieste pacificamente ira a la carcèl?.Me recuerda esto a la represòn franquista que nuestros padres y abuelos vivieron.Que no se podia uno ni reunir en la calle màs de 3 personas, que te venian a dispersar o algo peor..
¿hasta cuanto tenemos que tragar?.¿Es què esperamos a que nos pongan de rodillas y olvidemos que ya hace mucho que andamos erguidos?.De niña oia una frase que los mayores decian, con alguna frecuencia; Era "estàn mexàndo por nos, è din que chove"(estàn meàndo por encima de nosotros y dicen que llueve).







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