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Hoja de ruta para la izquierda náufraga

Escrito por Juan Carlos Monedero 01 Diciembre 2011
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La actitud de la izquierda tras las elecciones recuerda el cuento del loco que, abierta la veda, fue al campo a disparar a los patos sin escopeta. Tras la sorpresa de ver que uno caía abatido, el demente balbuceó mientras lo sostenía en sus manos: 'pero, si no tengo escopeta...'. El pato, abriendo un ojo, susurró: 'canalla, vaya susto que me has dado'.

Las elecciones son la escopeta ficticia en las manos de una democracia representativa incapaz de dar respuestas. La política de izquierdas ha asumido, innecesariamente, el papel del pato. La veda la abre y cierra Goldman Sachs, y el campo donde este desencuentro tiene lugar no es otro que la incompatibilidad entre la democracia y un modelo económico que sigue gritando "no puedes opinar" y "tenemos que hacer lo que tenemos que hacer". La pregunta, por tanto, es pertinente: ¿por qué se hace la muerta la izquierda?

El PP ha tenido un muy modesto resultado – apenas 560.000 nuevos votos y por debajo de Zapatero en 2008-. Que el PP no tiene programa confesable lo piensan no solo 7 de cada 10 españoles que no les han votado, sino también "los mercados". Nunca una mayoría absoluta ha dejado tan frío a un país. Los mercados, que saben que más ajuste es más recesión, se curan en salud. La derecha económica nunca ha dejado de ser marxista.

El PSOE se ha estrellado, aunque escasea la reflexión de fondo detrás de su debacle. ¿Cuántos años llevan los militantes socialistas cambiando la discusión ideológica por la justificación de unas políticas que perdieron cualquier aroma socialista? La monarquía, la reconversión industrial, la OTAN, Maastricht, la ley de partidos, las reformas laborales...Perder 4 millones de votos tiene su mérito, aunque si se piensa en los 5 millones de parados, los desahucios, los vaivenes, el desempleo juvenil, la desunión interna, la sumisión a los regaños de la Panzerdivision alemana, la reforma constitucional, la contrarreforma laboral, los préstamos a los bancos o la cesión de Rota, cabría repetir con Girondo que, conociendo a Van Gogh, lo extraño no es que se cortara una oreja sino que no se hubiera cortado también la otra. Un suelo de 7 millones es sorprendente.

La enorme subida relativa en escaños de IU sólo puede producir un exceso de alegría si se acompaña de una venda en la conciencia. Apenas un 12% de los votos perdidos por el PSOE. Los 1,7 millones de votos siguen bien lejos de los más de 2 millones de antaño, pese al aumento demográfico, la crisis económica, el 15-M y la perseverante renuncia del socialista PSOE a ser socialista.
Si la izquierda política se contenta con permanecen en la balsa de los náufragos ¿no debiera estar la brújula en una izquierda social con mayores ambiciones?.
El 15-M anunció una creciente brecha generacional. ¿Pueden reinventar la izquierda los que la echaron a perder? Hay una saña de la vieja guardia de González contra ZP que casi lo hace simpático. También IU tiene dificultades para conectar con las nuevas generaciones. Esas que, ya no cabe ninguna duda, vivirán peor que sus padres. ¿Qué les ofrece la izquierda? ¿Resignación? Queda sin responder por qué el islamismo es capaz de representar el descontento en el mundo árabe mientras que en Europa la izquierda es incapaz de ganar el poder político con un programa radical. Un vacío que invita a buscar respuestas más allá de las formaciones partidistas. ¿Un momento para la gobernanza extraparlamentaria?

El naufragio de la izquierda afecta también a los sindicatos. La mera posibilidad de que un ex secretario de CCOO pudiera ser Ministro de Trabajo con el PP demuestra la deriva de unas organizaciones necesarias para los trabajadores pero que se han visto encadenadas a la lógica del sistema. Al igual que los partidos, han terminado cartelizadas dentro de unas rígidas normas fuera de las cuales, piensan, todo es invierno.

La pelea entre Chacón y Rubalcaba puede entretener al PSOE, aunque ¿representan en verdad algo diferente? Dos Ministros del mismo gobierno que prometió una cosa e hizo otra. Nuestra democracia está madura para enfrentar una pregunta: ¿a qué espera la izquierda del PSOE para avanzar en la creación de una nueva formación emancipadora?

La respuesta, sin embargo, no es sencilla. IU no posee atractivo suficiente. No lo ha tenido para invitar al 15-M a reinventar la política. ¿Tendrá ahora la generosidad que no tuvo para abrirse a cambios reales? ¿Aprovechará su crecimiento para tener la benevolencia que le faltó y hacer de la refundación una práctica? ¿Será la brecha del sistema dentro del sistema?

El problema, en cualquier caso, no está en que vengan recortes sociales y salariales, hipotecas salvajes, el fin de los convenios colectivos, privatizaciones o subidas de impuestos a las clases populares (todo lo que intentó el fascismo y no pudo), sino que la izquierda sigue pensando en poner tiritas a las fisuras de un dique.

Si estamos ante un cambio del contrato social en España y en Europa, hay que regresar a los lugares donde se reelaboran los contratos sociales. Esos espacios están en la sociedad civil, en la prensa crítica, en centros sociales, universidades, institutos, oficinas, fábricas y plazas. Es un momento de poner en marcha mesas populares constituyentes que discutan las claves del nuevo modelo. Mesas donde quepa cualquiera que comparta la necesidad de sentar nuevas bases para la convivencia, en un momento de agotamiento de la democracia representativa y del capitalismo neoliberal, agravado por la llegada al modelo de otros países –China, Brasil o Rusia- y en un momento de crisis ecológica.

Terminada la ensoñación con Bruselas, es momento de pensar cuál es nuestra inserción internacional tras el desmantelamiento industrial. También en nuestros déficit energéticos y ecológicos, en nuestra especial relación con Sudamérica y con el Mediterráneo, en nuestras crecientes desigualdades y en la necesidad de encontrar salidas que no supongan el hundimiento de otros pueblos. Para eso, es necesaria una ciudadanía con coraje. Si la izquierda política se contenta con permanecen en la balsa de los náufragos ¿no debiera estar la brújula en una izquierda social con mayores ambiciones?. Δ

Juan Carlos Monedero, doctor en Ciencias Políticas y Sociología  www.comiendotierra.es


 

Comentarios   

 
0 #1 teresa galeote 08-12-2011 16:54
El resultado de las últimas elecciones debe llevar a IU a una seria reflexión,a una autocrítica y, como consecuencia a la generosidad.

1) A una seria reflexión para entender por qué ante la hecatombre del Partido Socialista y ante la fuerte indignacuón de la ciudadanía no ha habido un mayor porcentaje de votos para IU.

2) Y una reflexión deberái llevar implícita una autocrítica ante la deriva progresiva que ha llevado IU hacia las instituciones, dejando de lado la movilización en la calle, algo imprescindible para un "Movimiento Político Social", además de otras anomalías internas que han llevado a algunos dirigentes a perpetuándose en los cargos.

3)IU ha sufrido una sangría permanente de numerosos militantes que, viendo y combatiendo prácticas abusivas, no han visto sus espectativas cumplidas. No basta con un tímido llamamiento a su retorno; debe ser IU quien acuda a ellos con generosidad y disposición para que regresen. Vivimos tiempos donde el futuro se vislumbra muy oscuro, y donde la izquierda no puede permitirse tanta fragmentación. Sé que algunos estarán dispuestos a ello, pero sé también que no todos son proclives a realizar la más mínima concesión; los privilegios adquirdos con los años han conformado en ellos una determinada concienca, conciencia alejada de aquellos a los que dicen representar.
Todo ello hace falta para avistar la orilla que nos permita salir del atolladero en el que estamos metidos.
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