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La nacionalidad fiscal

Escrito por Victor J. Sanz 14 Noviembre 2011
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En los grandes medios de comunicación se hace mucho hincapié en la nacionalidad de la empresa que ha realizado tal descubrimiento, o que ha obtenido tales beneficios, o que ha ganado tal contrato. Según se puede comprobar, el dato de la nacionalidad no falta en ninguna crónica informativa económica.

Eso sí, siempre que la noticia tenga un contenido positivo; porque de lo contrario solo se menciona la nacionalidad de la empresa si ésta procede de algún país cuyos dirigentes están en el punto de mira del terrorista sistema financiero internacional.

En el caso de España los medios tienen la costumbre de "felicitarse", y casi de felicitarnos, por los logros de las "grandes" empresas españolas, por más que estas puedan no estar haciendo frente a sus obligaciones fiscales, o haciéndolo de una forma muy relajada y asequible bien lejos de las fronteras españolas, mediante las filiales que estratégicamente tienen abiertas en paraísos fiscales. Así es precisamente como operan 21 de las empresas incluídas en el índice bursátil IBEX35, y cuyos éxitos y fracasos pretenden los medios que sintamos como nuestros, cuando está claro que lo único que podemos sentir como nuestro, y bien que lo sentimos, es el dinero que dejan de aportar a las arcas del Estado en su elusión de impuestos. Además, por si esto no fuera ya de por sí insultante, el Estado pone nuestro dinero para que estas empresas gocen de privilegios y ventajas por las que cualquier ciudadano honrado sería llamado al orden por un inspector de Hacienda; o, sin ir más lejos, esa cantidad de millones que los ciudadanos no tenemos más remedio que permitir que nos roben los políticos para entregárselo a los bancos.

En este sentido hemos visto recientemente cómo los medios españoles celebraban el hallazgo de un importante yacimiento de hidrocarburos por parte de la multinacional "española" Repsol en suelo argentino. En casos como este, cuando los medios dicen "multinacional española" debemos leer "multinacional que defrauda en España", lo que se ajusta mucho más a una información objetiva.A pesar de la desahogada condición fiscal de los empresarios "españoles" en general, y del reducido tipo impositivo efectivo al que muchos de ellos ni siquiera hacen frente, los responsables de la CEOE, reclaman aún una rebaja "sustancial" de las cotizaciones a la Seguridad Social y del Impuesto de Sociedades.

Igualmente ha ocurrido con la reciente concesión por parte de la dictadura de Arabia Saudí a un consorcio en el que participan empresas "españolas", del suministro de 35 trenes de alta velocidad y su correspondiente mantenimiento. Los medios casi nos felicitan a los ciudadanos por el éxito de compañías "españolas" como Indra, participante en dicho consorcio, pero también incluida en la lista de empresas "españolas" con sedes en paraísos fiscales. Dice El País, "España se ha situado como un país de referencia en alta velocidad", cualquiera con dos dedos de frente sabrá leer la verdad que esconde esta frase, y que viene a ser así: "España se ha situado como un país de referencia en alta velocidad de elusión de impuestos".

Para colmo tenemos que pagar entre todos el viaje que el Borbón, en misión comercial, se ha pegado a Arabia para agradecer a su homólogo dictador la concesión del negocio para una empresa que no paga todos sus impuestos en España. Cada vez parece más evidente que a la típica frase de los medios para referirse al Borbón: "El primero de los españoles", le falta una palabra. Quien sepa oír entre líneas debería escuchar esto en su lugar: "El primero de los empresarios "españoles"

Estos son solo dos casos pero por desgracia, hay muchos más. Algunos ofrecen datos especialmente sangrantes como es el caso de BBVA que tiene el triple de capital en las islas Caimán que en Argentina, por más que sea el segundo banco de los argentinos.

En el polo contrario, es decir en el de la magia negra que hace desaparecer de los informativos las noticias que destacan y destapan aspectos y hechos negativos para estas empresas "españolas", también hay llamativos casos. La sordera y la opacidad es la seña de identidad.

Un buen ejemplo de ello es la opacidad informativa de Radio Televisión Española por ejemplo en el caso de los escándalos que protagoniza la empresa española Zara relacionados con las condiciones de esclavitud a las que somete a parte de sus trabajadores. Hagan si no la prueba, busquen "Zara" en el buscador de rtve.es, solo encontrarán noticias positivas, porque es una empresa "española" de los pies a la cabeza.

Otra técnica de los medios es la distorsión, que se utiliza como método alternativo de remodelación de la realidad cuando toda la mierda barrida no cabe debajo de la alfombra. De esta avanzada técnica de control social tenemos un buen ejemplo en el tratamiento que los medios hicieron hace algunos meses del Expediente de Regulación de Empleo presentado por la empresa Telefónica y que acabó con el despido del 25% de su plantilla en España. Por más que este asunto acabó en tragedia para 6.500 empleados, los medios no escatimaron esfuerzos en presentarnos este asunto como algo gravoso para una empresa como Telefónica que obtuvo en 2010 más de 10.000 millones de euros de beneficios.

Aún hoy tenemos que soportar este tratamiento en diarios como El País, que publica hoy 12 de noviembre "Telefónica sufre el impacto del ERE con una caída de beneficios del 69%". Y yo me pregunto, si tan perjudicial para los beneficios de la empresa era llevar a cabo el ERE, ¿por qué lo han hecho?, es de suponer que lo han hecho porque será beneficioso en algún momento del futuro, ¿tendremos noticias de ese momento del futuro? Además, la entradilla de la noticia anuncia que "Telefónica mantiene la previsión de crecimiento y dividendos" y que "el esfuerzo inversor" de la compañía aumenta en un 61%. Es decir, que Telefónica lo ha pasado muy mal, muy, pero que muy mal, o todo lo contrario, no queda muy claro, y todo por culpa de los malvados trabajadores. Por si alguno de ustedes no se había dado cuenta hasta ahora, el diario El País es un diario de gran tirada... a la basura.

Aún con todo, no faltan las ocasiones en que los medios alaban esta forma de delinquir de las empresas y aluden a la aparente facilidad para generar empleo de las multinacionales "españolas" intentando vender una buena imagen que no se ajusta para nada a la realidad. Nunca se especifica que el empleo generado es de mala calidad, como tampoco nunca se especifica la mala calidad de los despidos, cuando estos tienen lugar.

Y tampoco faltan políticos mediocres como Rajoy que prometen aún más ayudas a las empresas insistiendo en que generan empleo, cuando en todo caso es precario, temporal y con unos costes de finalización insultantemente baratos. Estos mismos empresarios, según los inspectores de Hacienda, tienen la poca vergüenza de declarar hasta un 79% menos de ingresos que un pensionista.

Solo en Cataluña, el fraude fiscal de los empresarios es seis veces mayor que el impacto de los recortes sociales aprobados por el Parlamento de Cataluña.Ya en 2009, el tipo efectivo del Impuesto sobre Sociedades en España se situaba en el nivel más bajo de la historia, el 18%. Pero es que para el 2010 la presión fiscal sobre las empresas se aflojó aún más. Según el propio El País, las empresas españolas tienen un tipo impositivo efectivo inferior al que sufren las familias españolas, esto es, mientras que las familias destinan una media del 11,5% de su renta al pago de impuestos, las empresas no llegan a pagar impuestos más que por el 10% de sus beneficios, cuando el tipo oficial del impuesto de Sociedades en el 30% y el 25% para las pymes.

En este apartado los medios son especialmente silenciosos y considerados con los evasores de impuestos y evitan a toda costa nombrar ni uno solo de los casos en los que se hace más que evidente que todos los recortes sociales que estamos sufriendo y más que se proponen a hacer, se podrían evitar si las empresas llamadas "españolas" hicieran frente a sus obligaciones fiscales. Solo en Cataluña, el fraude fiscal de los empresarios es seis veces mayor que el impacto de los recortes sociales aprobados por el Parlamento de Cataluña.

Como podemos observar no se debe en absoluto a la presión fiscal, que determinadas empresas y sectores de actividad tienen la necesidad de acudir a las ayudas públicas de un Estado cuya intervención aseguran detestar y repudiar. Será más bien por una torpe gestión privada que acumulen las perdidas que aseguran acumular, antes que por una presión fiscal desmedida. Pero claro, a ver quién es el guapo que se resiste a sucumbir a los encantos de los rescates y subvenciones públicas a fondo perdido. Y es que se calcula que de los Presupuestos Generales del Estado, unos 30.000 millones de euros acabarán en los bolsillos de los empresarios, con la excusa de crear empleo y la amenaza de destruirlo.

A pesar de la desahogada condición fiscal de los empresarios "españoles" en general, y del reducido tipo impositivo efectivo al que muchos de ellos ni siquiera hacen frente, los responsables de la patronal, la CEOE, reclaman aún una rebaja "sustancial" de las cotizaciones a la Seguridad Social y del Impuesto de Sociedades.

Por todo ello resulta realmente exasperante ver cómo ciudadanos de a pie, afectados seriamente por la delincuencia empresarial, y aún en contra de la teoría de la evolución de las especies, insisten en defender la postura de los empresarios delincuentes, esgrimiendo el débil argumento de que "subir los impuestos a las empresas no serviría de nada, si acaso para aumentar el fraude", y explican: "si no pagan lo que ahora se les pide, no podemos pedirles que paguen más". Quienes así opinan no hacen sino un flaco favor al conjunto de la sociedad, un conjunto al que quizás no se den cuenta de que pertenecen ellos mismos.

Lo que se hace imperativo es optimizar la política fiscal en busca de un equilibrio social, así como la política recaudatoria y como los medios que la administración del Estado dedica a su cumplimiento.

Puede que solo sean impresiones mías, pero creo que deberíamos comenzar a emplear el concepto "nacionalidad fiscal". Puesto que un país no puede impedir por sí solo la existencia de los paraísos fiscales y su uso y disfrute por parte de los empresarios, creo que las empresas deberían tener oficialmente la nacionalidad del país donde tributan de forma efectiva, perdiendo a todos los efectos la nacionalidad del país donde teóricamente se supone que deberían tributar. Entre otras cosas esta medida les impediría acceder a las jugosas y fáciles ayudas públicas que reclaman y reciben cada año. Δ

 

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