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¿Y ahora qué?

Escrito por Antonio Ruíz Morales 03 Noviembre 2011
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#15M #DRY El malestar actual puede motivar una transformación en la manera de entender el mundo. Pero la indignación tiene que traducirse en acciones concretas que lleven las proclamas más allá de las pancartas.

De Madrid a Nueva York, sin olvidar las revueltas árabes, la indignación ha sido una constante global que pide otro mundo posible, cada vez más cercano. El pragmatismo y la concreción serán claves a la hora de convertir esa emoción en una hoja de ruta donde tomen forma las reivindicaciones y que los anhelos colectivos no se queden en nada.

El malestar actual puede motivar una transformación en la manera de entender el mundo. A partir de ahí, se puede dar forma a las propuestas para un sistema más justo y respetuoso con la vida.

Millones de ciudadanos en red proponen alternativas al colapso generado por un sistema genéticamente injusto. Propuestas como la consolidación de los servicios públicos contraria a la privatización de la educación y la sanidad. Una sociedad harta de los privilegios de la clase política, cansada de la voracidad de mercados insaciables, con los estragos que produce en la población: despidos masivos, reducción de salarios, desahucios, recortes en servicios públicos que garantizan derechos reconocidos universalmente.

Estos ciudadanos, a los que algunos han tachado de "radicales antisistema", se sirven de plataformas como Actuable y Avaaz, que permiten juntar firmas por Internet para apoyar peticiones que acompañan a denuncias sobre injusticias que los usuarios proponen. También organizaciones como Amnistía Internacional utilizan este sistema. Facebook permite compartir con miles de usuarios, en cuestión de segundos, estas iniciativas, así como viñetas y otros links. Junto con Twitter, es "culpable" de que los consejeros delegados de la televisión pública de España se echaran atrás en su pretensión de controlar los contenidos informativos por medio de una ley que provocó la ira de periodistas y ciudadanos. De esta misma manera, los ciudadanos pueden alzar propuestas alternativas a un capitalismo de casino gobernado por los mercados financieros, y no por quienes se hacen llamar "representantes" de la ciudadanía.
La protesta mundial ha conseguido despertar al mundo. Necesitamos respuestas a preguntas que nuestros gobernantes no han querido responder en su servilismo demostrado a los mercados.
Internet es un recurso eficaz para compartir y denunciar aquello que nos parece injusto. La red puede dar voz a los que no la tienen y llegar donde la prensa tradicional no tiene cabida. Una plataforma para denunciar sin caer en el error de abandonar la reflexión interior y de compartir la búsqueda de soluciones.

Las redes de Internet han jugado un papel decisivo para extender el movimiento del 15-M. ha calado en otros países que viven las mismas injusticias que en España. Las redes sociales imprimieron el carácter global a las protestas y demostraron al mundo entero que las demandas de la Puertas del Sol no eran locales, y los anhelos y la indignación no estaban limitados a unas latitudes geográficas concretas. Ya no se puede separar un grito de un egipcio en la Plaza de Tahrir de un cartel colgado en una farola de Wall Street.

Las protestas rellenan la falta de precisión de la política desarrollada por unos gobernantes cada vez más alejados de la ciudadanía. Zygmunt Bauman, filósofo y sociólogo polaco reconocido por su concepto de modernidad líquida, apunta que "la disociación entre las escalas de la economía y de la política" es la principal causa de la crisis actual. Unas fuerzas económicas globales cada vez con más poder reducen la autonomía y el margen de maniobra de los políticos nacionales. Este desequilibrio pone en peligro la soberanía nacional. Ante esta situación, la única salida posible parece ser la construcción de un nuevo orden mundial a partir de una ciudadanía global comprometida.

El movimiento crece, pero ahora es momento de trascender sus aspectos emocionales y de dar forma a propuestas concretas. La emoción ha servido de impulso pero, como sugiere Bauman, no servirá para recoger frutos importantes ni para cambiar el curso de la historia. A toda denuncia, propuesta alternativa. Para ser transformada, la indignación tiene que traducirse en acciones concretas que lleven las proclamas más allá de las pancartas.

La protesta mundial ha conseguido despertar al mundo. Necesitamos respuestas a preguntas que nuestros gobernantes no han querido responder en su servilismo demostrado a los mercados. Bertolt Brecht decía que, generalmente, las revoluciones se producen en los callejones sin salida.

Se abre una nueva etapa, una nueva forma de hacer política donde la ciudadanía global pide una posición más relevante. Si ya no existen las fronteras, por qué tenemos que inventarlas. Δ

Antonio Ruiz Morales. Periodista. CCS


 

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