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Tenemos 136 lectores conectadosEl sistema en transición |
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Desafortunadamente, no es una novedad que el mundo viva una época convulsa e inestable. Y es que no es para menos, si tenemos en cuenta que estamos presenciando el fin de un ciclo y el comienzo de otro.
La incertidumbre sobre qué va a ocurrir en lo político, lo económico o lo social aumenta cada día en diversos lugares del planeta. La sociedad está desorientada, especialmente la juventud. Un futuro incierto y carente de oportunidades asoma en el horizonte. Y es en este desencanto generalizado donde reside el fin de una etapa que no ha contemplado el interés humano, sino el interés material. Así es, prevalecieron las cosas sobre las personas. Y una, sobre todo lo demás: el dinero. Que pasó de ser una cosa a ser un dios todopoderoso. Hasta el día de hoy el mundo no ha estado gobernado y dirigido por gente, sino por dinero. Eso que algunos llaman los mercados y que Adam Smith designó como “la mano invisible” que todo lo regula. Como si se tratara una ley natural. Nos olvidamos de que las leyes naturales sólo las da la naturaleza, aquella que también quedó en un segundo plano hace tiempo. Tenemos claro qué es lo que no queremos y comenzamos a saber lo que sí queremos: las personas primero. Y que las leyes naturales nos las dé la madre naturaleza, no el dinero. Por suerte cada vez más personas actúan contra ese orden, tratando de revertirlo hacia a un sistema más humano. Pero ese cambio sólo se producirá cuando la mayoría esté dispuesta a llevarlo a cabo. Si viene de una minoría, ésta podrá ser respetada o incluso elogiada. Pero no seguida, que es de lo que se trata. Tenemos claro qué es lo que no queremos y comenzamos a saber lo que sí queremos: las personas primero. Y que las leyes naturales nos las dé la madre naturaleza, no el dinero. A partir de ese sencillo paso dado por la mayoría, comenzarán a ser más importantes las personas que las cosas. Y arrancaremos definitivamente hacia un nuevo ciclo. Dicho lo anterior, no olvidemos algo importante: seguimos en una etapa de transición. Naturaleza y seres humanos siguen siendo una moneda de cambio de la que se sirve una minoría para acumular riqueza. Acumulación de riqueza para unos pocos cuya codicia se ha convertido en un fin en sí mismo, ni siquiera es un medio para mejorar o avanzar. El sistema que elevó el dinero a la categoría de divinidad no se ha acabado y sigue extendiéndose. Entendamos que el cambio es cosa de todos, es algo en lo que todas las personas pueden y deben participar. En esta época no basta con dar un paso adelante, sino contribuir a que la mayoría tome conciencia y también lo dé. Nos siga, nos comprenda y forme pok arte de la idea de un futuro mejor. Solo así llegaremos a la Era de la gente, la de toda la gente. Δ Alfonso Basco. Director de Cultura de Solidaridad. www.culturadesolidaridad.org
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