.

Quién está en línea

Tenemos 146 lectores conectados
Opinión Opinión Mirarse al espejo

Mirarse al espejo

Escrito por Irene Macías 26 Agosto 2011
( 8 Votos )
Imprimir
Mirarse al espejo 4.6 out of 5 based on 8 votes.

Se están viviendo momentos tensos en Inglaterra. Las revueltas provocadas por la muerte de un joven en Londres en circunstancias aún poco claras, pero al parecer estando en custodia policial, no tardaron en devenir en una oleada oportunista de pillaje, vandalismo e incluso asesinatos que han tomado a todo el país por sorpresa.

Durante cinco días algunas de las ciudades más importantes se vieron asediadas por una violencia desmesurada que dejó un reguero de destrucción: viviendas y vehículos quemados, negocios familiares devastados, grandes almacenes saqueados… Las imágenes son literalmente dantescas. Las acusaciones y los análisis, no siempre exentos de intereses partidistas, no se han hecho esperar.

Las salas de instrucción llevan días trabajando sin parar, imponiendo sentencias ejemplares: 6 meses de cárcel para el que robó una caja de botellas de agua por un valor de unos pocos euros; 4 años para el joven que instigó una revuelta local en facebook, que no llegó a ocurrir; 5 meses para la madre que aceptó unos pantalones cortos robados. La lista es interminable. Ha habido más de dos mil arrestos, y el número de sentencias ya sobrepasa más de la mitad. A pesar del desasosiego expresado por algunas voces por la dureza de las penas y el temor de que el poder judicial esté actuando influido por la opinión pública o la clase política, el hecho es que el país, todavía en estado de conmoción, pide soluciones contundentes. Ante tal tesitura, los dirigentes políticos echan mano a la amenaza: se baraja retirar los subsidios sociales de los que vive la mayoría de los desposeídos en este país, hacer obligatorio un servicio civil, meter a los chavales de entre los 11 y 15 años que demuestren conducta antisocial en unidades especiales, imponer un toque de queda para los jóvenes en algunas zonas problemáticas, y un largo etcétera. No está muy claro que sean medidas factibles o baratas para el contribuyente. Que yo sepa aún no se ha calculado el costo de encerrar a tanta gente; quizá cuando se disipe la ira que se ha apoderado de los gestores institucionales, algunas medidas parecerán desmesuradas.En la ciudad de Birminghan, el padre de uno de los tres jóvenes musulmanes asesinados cuando trataban de detener a una jauría que estaba destrozando tiendas, ha dado un ejemplo a todo el país de dignidad y mesura.

Efectivamente, no es fácil encontrar soluciones efectivas. Es evidente que el problema es profundo y que, por lo tanto, no se puede atajar sólo con castigos y sentencias, por muy ejemplares que estos sean. Si las revueltas hubieran tenido una motivación claramente racial o económica, sería relativamente fácil entenderlas. Lo significativo es que no es así. Entre los detenidos se encuentra gente que no responde al perfil que uno imagina en estas situaciones: jóvenes de familias afluentes, graduados, madres, trabajadores asalariados… En otras palabras, ciudadanos que, hasta la semana pasada, nunca habían tenido ningún roce con el crimen, y que con toda probabilidad nunca pensaron que lo tendrían. Algunos de los acusados y delatados despiadadamente por los medios de comunicación simplemente vieron la oportunidad de llevarse una televisión de pantalla plana, un ordenador portátil o ropa deportiva de marca cuando pasaban por una tienda bajo el asedio de los saqueadores, y sin pensarlo dos veces lo hicieron. Hace un par de días, el titular de un diario nacional transcribía el lamento “¿Por qué lo hice?”. La joven en cuestión acababa de graduarse, el futuro se le presentaba lleno de posibilidades, y vivía en casa con sus padres, ambos profesionales. En su habitación, tenía una televisión como la que se había llevado días antes.

Para entender lo que ha pasado tenemos que llevar el análisis a sus últimas consecuencias. El líder de la comunidad hebrea de la Mancomunidad de Naciones, Jonathan Sacks, razonaba con discernimiento que no tenemos que apuntar el dedo acusador solamente a los saqueadores, sino también a los banqueros que se han enriquecido obscenamente a base de causar la miseria de tantos millones en el planeta; a los parlamentarios que mintieron como bellacos embolsándose el dinero de los contribuyentes aduciendo gastos que en realidad eran personales; a los periodistas que pinchan teléfonos sin escrúpulos para conseguir el scoop de turno. Si las más altas instancias del poder roban, mienten y se aprovechan de su posición ilícitamente, incluso cuando se les pilla con las manos en la masa, ¿qué podemos esperar? La imagen que nos devuelve el espejo no es muy favorecedora, pero ahí estamos todos, no solamente los jóvenes encapuchados de áreas sociales deprimidas por la pobreza y falta de oportunidades.

Como suele suceder en situaciones extremas, las historias de generosidad y valor de los ciudadanos de a pie son las que nos resguardan del abatimiento absoluto. Y en estos días ha habido muchas. En la ciudad de Birminghan, el padre de uno de los tres jóvenes musulmanes asesinados cuando trataban de detener a una jauría que estaba destrozando tiendas, ha dado un ejemplo a todo el país de dignidad y mesura. Este hombre, transportista de origen indio, sobreponiéndose sobrehumanamente al dolor por la pérdida de su hijo, ha hecho una llamada a la reconciliación y al perdón, y así ha logrado evitar revueltas por parte de toda una comunidad que hubieran tenido consecuencias impensables. “El que quiera perder un hijo, que dé un paso adelante. De lo contrario, vuelvan a sus casas y cálmense.” Pocos estos días han logrado hacer una llamada al buen sentido tan elocuente. Δ

Irene Macías es profesora de Lengua y Cultura Española en una universidad británica.

 

Escribir un comentario

Los comentarios por parte de visitantes y usuarios registrados quedarán pendientes de aprobación, y será sometido a un importante filtrado.
No se permiten comentarios subidos de tono.
No se permiten comentarios que hagan alusión a contenido adulto.
No se permiten comentarios que insulten o agredan verbalmente a cualquier otro usuario, persona o empresa, escritos de forma incorrecta, en mayúsculas, sin tildes o al estilo SMS.
Los comentarios deberán hacerse en el lugar apropiado y tratando el tema adecuado.
Todos los comentarios que no cumplan estos requisitos serán directamente eliminados.


Código de seguridad
Refrescar