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Editorial Editorial 'No basta con indignarse'

'No basta con indignarse'

Escrito por Fusión 27 Mayo 2011
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Seguir el panorama postelectoral es volver a la inercia preelectoral, al protagonismo de los políticos, a los intereses de los partidos, a los matrimonios de conveniencia para repartirse la tarta del poder, ignorando, también por inercia y por costumbre, la voluntad de los ciudadanos, la necesidad de los ciudadanos, la razón de ser de la democracia.
Están tan borrachos de lo mismo, tan infectados de egoísmo, tan pobres en ideas, en soluciones y en buenas intenciones, que el futuro político y social de este país seguirá siendo una imitación del pasado reciente, pero agravado por la degradante situación económica y su repercusión social.
Como no podía ser de otra forma, los ciudadanos no pintamos nada, seguimos sin pintar nada. Hemos cumplido con nuestra "obligación" democrática, hemos avalado con nuestro voto a otros ciudadanos para que "construyan" nuestro futuro, para que "resuelvan" nuestros problemas. Les hemos dado carta blanca para tomar decisiones que, en el fondo, serán aquellas que impongan los mercados, los señores del cotarro.
Ellos, los "elegidos", se situarán en un plano intermedio. No acusarán la debacle económica porque hemos decidido que por ser unos zombis de los señores del dinero cobren unos elevados sueldos, más los pluses y demás añadidos a su categoría parlamentaria.
Les miramos desde abajo y desde la distancia que ellos marcan y mantienen con el ciudadano vulgar. Su reino es otro, su vida es otra, sus objetivos son otros.
Hemos vivido, una vez más, el circo de las elecciones y ahora nos quedamos como estábamos. Bueno, un poco peor, porque hemos autorizado y avalado a los corruptos que, pese a su descarado choriceo, siguen ahí, más seguros y firmes que nunca.
¿Ejemplos? En Asturias el P.P. y su "niño malo", Cascos, se tiraron flechas envenenadas en la campaña electoral, con abundancia de declaraciones que no presagiaban ningún posible entendimiento. El odio entre ellos era notable, o eso parecía.
Ahora dicen que "pactarán" por el "bien" de Asturias. Y se supone que los votantes que optaron por unos u otros se lo tienen que creer. Y lo peor es que posiblemente se lo crean. ¿Para eso se nos pide el voto?
¿Otro ejemplo? Mientras duró la campaña electoral, incluso durante la jornada electoral, los indignados fueron respetados. Hoy vemos que fueron desalojados a palos en Barcelona con la disculpa de que había que preparar la plaza para el festejo del Barsa, aunque todavía no ganó nada y aunque sus incondicionales lo destrozan todo. Se acabó la permisividad.
Los "dioses" consideran que la chusma esa, los ciudadanos indignados por la descarada manipulación de la democracia, ya han tenido bastante fiesta.
Estos últimos días, a través de todos los movimientos postelectorales, queda muy evidente la importancia que se le da a la opinión, al criterio, a la decisión y a la voluntad de los ciudadanos en este país, así como a la demanda de sus necesidades vitales y justas.
La triste realidad es que la democracia ha muerto, ha sido masacrada por los responsables de mantenerla viva, de cuidarla y hacerla crecer, ha sido degradada por los que la ocuparon con fines egoístas, personales e interesados.
El poder, el mísero porcentaje de poder que les queda a los políticos, rehenes en manos de los grupos financieros mundiales, se reparte siempre entre los mismos, unos pocos que se eternizan en sus poltronas porque fuera de ellas pasarían tan desapercibidos como ahora pasa su inteligencia en el ejercicio del poder.
En general son ciudadanos mediocres, con pocas aptitudes, poca capacidad y nulo sentido de la responsabilidad.
Están ahí porque el borreguismo de la masa lo consiente, pero nada mejor pueden hacer porque nada saben hacer. Por eso se aferran al poder, porque aun siendo muy incompetentes viven y cobran como si fueran genios. Es penoso. Es lamentable.
Pero nada cambiará mientras no se cambien las reglas del juego, las reglas democráticas.
Se supone que ser político es una profesión vocacional, algo que parte de la necesidad de servir al pueblo. Siendo así, su sueldo debería de ser testimonial, su poder debería estar regulado por la Ley, y la duración de su servicio debería estar en función de sus actos, de sus buenas o malas acciones hacia la sociedad. Lo contrario, todo lo que existe hoy, es una barbaridad, una absurda y estúpida negación de la lógica y de la razón.
Los ciudadanos alimentamos el ego de personajillos inoperantes elevándoles a la categoría de "dioses" intocables. Su transformación personal cuando llevan un tiempo en el poder es la evidencia pura y dura de su servilismo al poder, olvidándose de sus raíces y de su compromiso de servicio al pueblo, que es quien paga sus generosos sueldos.
Tenemos lo que creamos y lo que permitimos. Juegan con nosotros considerándonos estúpidos y, por las evidencias, tienen toda la razón.
Pero sólo nosotros podemos cambiarlo, sólo el pueblo universal puede romper esta inercia destructiva, alienante, insaciable en su afán de más y más poder.
Nos han llamado para que votáramos, pero no nos van a llamar para consultarnos sus decisiones, tanto a la hora de formar matrimonios de conveniencia como a la hora de poner en peligro nuestro futuro con "ajustes" y "leyes" dictadas por los mercados.
Los pueblos de Egipto, Túnez y otros, se levantaron contra sus dictaduras y las echaron.
La nuestra no es una dictadura militar, pero sí económica, una dictadura basada en mentiras, manejada desde el exterior y dirigida a convertir a los seres humanos en zombis vivientes, en engendros de sí mismos, sin voluntad, sin recursos, sin ganas de vivir y de luchar por su dignidad.
La militar mata con las armas, la económica estrangula lentamente cerrando el grifo del dinero y convirtiendo a los ciudadanos en esclavos de los banqueros. Los gobiernos, todos los gobiernos, ya lo son.
Está bien indignarse, pero no basta. Hay que vencer a aquello que produce nuestra indignación, hay que recuperar la dignidad, hay que reclamar y hacer que se respete el derecho del ciudadano según la Constitución, porque los que más la nombran son los que más la violan.
Nos están mintiendo. Nos están mostrando un panorama que es falso. Nos hablan de crisis pero ellos no paran de ganar dinero, de dar beneficios. Nos están robando nuestros derechos, nuestros bienes y nuestras vidas. Son los vampiros de la civilización.
Pero nosotros somos los únicos dueños de nuestro destino, de nuestro tiempo, de nuestro futuro. Podemos hacer lo que queramos hacer. Sólo tenemos que unirnos. Sin violencia. Con la fuerza de la razón, con la verdad de nuestra condición de seres libres.
Ejerzamos pues nuestro derecho y nuestra responsabilidad con las futuras generaciones.
Ahora es el tiempo, porque es ahora cuando la indignación explota y cuando la tiranía de los poderes ha llegado a límites no permisibles.
Transformemos la indignación en hechos. Δ

 

Comentarios   

 
+2 #1 Luis María 30-05-2011 14:11
La indignación, como dicen los lógicos en Filosofía, es una condiciòn necesaria pero no es suficiente. Me parece muy bien la llamada a una revolución pacífica para regenerar la democracia desde abajo hacia arriba. Entre todos y sin violencia, pero con una rebeldía continuada e inteligente, tenemos que autogestionar nuestra libertad y nuestro deseo de justicia. Aún así, sigo sin entender cómo muchos ciudadano@s han dado su voto, su confianza a personas que están inmersas en procesos judiciales por corrupción. Algo se está pudriendo en nuestra sociedad cuando son muchos los que piensan que es normal corromperse al ocupar los cargos públicos. ¿Habrá que comenzar la regeneración moral desde la niñez o tendremos que reinventar la política y la democracia desde la construcción de una nueva ética civil auténticamente libre y justa? Para esa tarea no veo ahora mismo dónde están los cauces necesarios para esa regeneración, pero sin duda están situados más cerca del movimiento de SOL que de las sedes de los partidos políticos. Las Asambleas de barrio, en el caso de Madrid, pueden ser un punto de partida válido para ello.
Un saludo laico y republicano
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