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La riqueza de las naciones

Escrito por Alfonso Basco 27 Mayo 2011
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En el mundo actual nos encontramos con todo tipo de países divididos por su localización geográfica, climatología, éxitos deportivos… y como no, por su nivel de riqueza. Es ésta última distinción a la que se da mayor importancia y quizá por ello, existan múltiples preguntas sobre por qué unos estados son ricos, los que menos, y otros son pobres, los que más. La explicación más simple es que un país tiene prosperidad económica por su esfuerzo y trabajo, y viceversa. Pero la realidad nos dice algo diferente. Para responder a lo anterior, veo imprescindible dirigirse al punto de partida: el origen de la riqueza de las naciones.
Comenzando por el concepto de riqueza, cuando ésta es económica, debemos entender que siempre se basa en un componente social. Siempre. Es decir, ninguna persona, grupo de población o estado, se enriquece únicamente en base al esfuerzo y trabajo. Sino también a una realidad imprescindible, que por un lado permita ese esfuerzo y trabajo. Y por otro, lo recompense debidamente.
Un claro ejemplo de lo anterior son las reglas del Comercio Internacional. Un país pobre necesita hacer un esfuerzo mucho mayor para poder exportar, debido a la falta de instituciones y una realidad que lo permita. Es posible que por mucho esfuerzo que realice, nunca llegue a exportar. Pero si lo consigue, los países ricos fiscalizarán su producto de forma abusiva y dificultarán su entrada.  Al mismo tiempo, exigen a ese país pobre la filosofía contraria: que reduzca sus aranceles para facilitar la entrada de los productos de los países ricos.La explicación más simple es que un país tiene prosperidad económica por su esfuerzo y trabajo, y viceversa. Pero la realidad nos dice algo diferente ¿Quién hace mayor esfuerzo? ¿Quién recibe mayor compensación por el esfuerzo realizado?
Se podrían poner muchos otros ejemplos sobre la posibilidad o imposibilidad de un país para esforzarse y además ser compensado por ese esfuerzo. A lo que habría que añadir otra serie de factores determinantes que juegan un papel fundamental a favor de unos y en perjuicio de otros. Tal es el caso de la fuga de cerebros de países pobres hacia los ricos, la mano de obra emigrante que aporta más horas de trabajo a cambio de menos sueldo, la Deuda Externa (como clave para que el país deudor acepte siempre cualquier tratado abusivo con el país acreedor), la injerencia de poderes económicos extranjeros en los procesos políticos de los países pobres (para que los resultados de dichos procesos respondan a sus intereses), la apropiación, comercialización y patente por parte de países ricos del conocimiento tradicional de las comunidades originarias de países pobres, la llegada de nuevas y eficaces tecnologías (que aumenta todavía más la brecha entre los países que las pueden usar y los que no), y un amplio etcétera.
De igual modo, existen otras circunstancias aparentemente positivas desde el mundo rico hacia el pobre, tales como el envío de remesas de los emigrantes o la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Las remesas enviadas suponen un lucrativo negocio para el país rico desde el que se envían, a través de las comisiones abusivas impuestas por las empresas y los propios países. Además, ese dinero es usado en muchas ocasiones para comprar productos o servicios de empresas extranjeras, regresando de nuevo al país de donde salió ese dinero. La AOD, aunque definitivamente es “ayuda”, en muchos casos no apunta hacia el origen de la pobreza y está al servicio de los intereses del país donante. Haciendo que el desarrollo humano del país receptor no sea siempre el objetivo final. Tal es el caso de la “ayuda ligada”, es decir, ayuda a cambio de una serie de cláusulas, favorables para el país donante.
¿La riqueza de un país se basa en su esfuerzo? Es cierto que si un país del Norte no se esfuerza, antes o después acabará perdiendo su riqueza. Sin embargo, ¿Lo es que el esfuerzo de un país pobre le hará ser rico en algún momento? ¿Y si nunca llega a tener los mecanismos necesarios para originar esfuerzo y posteriormente recompensarlo? Es en esta cuestión donde tenemos el principal punto de origen de la desigualdad en la riqueza de las naciones. Y es caminando en otra dirección, más igualitaria y más justa, donde podremos encontrar el remedio al gran desequilibrio del mundo actual. No queda otro camino si realmente queremos que nuestro sistema se base en la libertad, y la democracia. Δ

 

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