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Evolución o Revolución

Escrito por Susana Merino 08 Marzo 2011
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Existen ya muchos y variados síntomas de que tanto la humanidad como la Madre Tierra están buscando un equilibrio largamente amenazado por la codicia, la sobreexplotación y el sometimiento de los más débiles. Hace ya muchos años, cuarenta, cincuenta, sesenta, no sé, -tantos o más de los que tengo-, que los grandes gurús de la economía nos han venido prometiendo que la copa se desbordaría y que todos seríamos felices y comeríamos perdices… ¿Cuántas generaciones han pasado “sobre” los puentes, esperando, confiando, creyendo que el prometido crecimiento económico nos permitiría disfrutar a todos de una vida digna? ¿Cuántas generaciones deberán aún aparecer y extinguirse si seguimos alentando esa falacia?
Aunque la torta esté llegando a los límites de un crecimiento que le está imponiendo forzosamente la naturaleza, el afán por hacerla cada vez más grande lo ignora y nada tiene que ver, como dice el economista chileno Manfred Max-Neef, con la “justicia social” sino que, lo que buscan empresarios, políticos y gobernantes es “seguir manteniendo la misma proporción que les fuera otorgada por el sistema”  aunque tienda a evidenciarse cada vez más una reducción de la parte de la torta correspondiente a los más pobres.
Nada cambiará mientras no comprendamos que la solución está en, -cito nuevamente a Max-Neef-,  ”pasar de la mera explotación de la naturaleza y de los más pobres del mundo a una integración e interdependencia creativa y orgánica”, pasar de “un gigantismo destructivo a una pequeñez creativa”.
Existen ya muchos y variados síntomas de que tanto la humanidad como la Madre Tierra están buscando un equilibrio largamente amenazado por la codicia, la sobreexplotación y el sometimiento de los más débiles. Y aunque algunas manifestaciones naturales como los terremotos, las erupciones volcánicas, los huracanes no sean producto directo de la intervención humana, son voces de alerta que nos recuerdan que nuestra suficiencia, nuestra soberbia no son nada frente a la potencia oculta de la naturaleza y a su potencial hartazgo por el maltrato al que la venimos sometiendo desde hace varios siglos.Yo creo que la humanidad no tiene vocación suicida y que más temprano que tarde, encontraremos los caminos que nos conduzcan hacia esa transformación
Cuando hace ya poco más de veinte años el Consenso de Washington estableció las reglas aún vigentes con que el neoliberalismo -orientó e introdujo sus políticas en casi todo el mundo-, no hubo la menor mención sobre las probables consecuencias que esas directivas acarrearían a la sociedad ni al planeta: Disciplina fiscal, reordenamiento de las prioridades del gasto público, reforma impositiva, liberalización de los tipos de interés, cambio competitivo, liberalización del comercio internacional, liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas, privatización, desregulación, Derechos de propiedad.
Este simple enunciado pone en evidencia que nadie recordó “el derrame de la copa”, que nadie mencionó que el objetivo fundamental, el crecimiento sostenido, redundaría en beneficio de los países y de las comunidades más pobres; algo inimaginable desde luego, por cuanto ese conjunto de directivas estaban orientadas a desregular el mercado laboral, a entregar la explotación de los recursos naturales de los países subdesarrollados a las empresas transnacionales, a reducir los gastos de los estados en políticas sociales, poniéndolas bajo la instrumentación y el control de dos grandes organizaciones burocráticas supraestatales, el F.M.I. y el Banco Mundial.
Y ya que el derrame de la copa de la riqueza no sólo no se ha dado espontáneamente sino que por el contrario, se han establecido condicionamientos para  que eso no suceda, pareciera que el mundo, el mundo sometido, el mundo marginado, la humanidad desplazada de su propio suelo, ha decidido desde hace ya más de una década, -desde Seattle en 1999, por poner una fecha-, tomar al toro por las astas y comenzar a desarrollar tareas de concienciación, de movilización, de convocatorias, de análisis, de diagnóstico y de propuestas para poner en marcha una verdadera ¿evolución?, ¿revolución .
Para mí, ahí está el problema. Ya nadie, salvo quienes empecinadamente ciegos pretenden conservar sus privilegios, puede negar la proximidad de grandes cambios que incluirán a la moral, la ética, la política, la ecología, la economía… Sobre todo estas dos últimas tendrán que recordar su origen y volver a caminar juntas hacia un destino común para pasar como dice el teólogo brasileño Leonardo Boff, de la era tecnozoica a la ecozoica, “manteniendo los ritmos de la Tierra, produciendo y consumiendo dentro de sus límites y poniendo el principal interés en el bienestar humano y en el de toda la comunidad terrestre”. Porque de mantener sus actuales desacuerdos estaríamos frente a esa temida catástrofe planetaria que predicen los más tremendistas.
Yo creo que la humanidad no tiene vocación suicida y que más temprano que tarde, encontraremos los caminos que nos conduzcan hacia esa transformación que de alguna manera nos anticipa Edgar Morin cuando dice que “debemos llegar a una metamorfosis post histórica, a una civilización planetaria cuya forma es imposible  prever”.
Las actuales insurrecciones populares de los países árabes, las todavía tímidas manifestaciones de estudiantes y de trabajadores en Wisconsin (EE.UU.), las incontables reacciones populares frente a la destrucción ecosistémica que producen las explotaciones mineras a cielo abierto en todos los países del área andina, desde Centro América hasta la Patagonia, las reacciones populares en la misma Europa frente al paro y la reducción de los beneficios sociales, son todos síntomas, indicios, anticipos, de una toma de conciencia que irá globalizándose gradual o aceleradamente. Pero que pareciera estar decididamente en marcha.
¿Evolución o revolución? Quisiera apostar por una evolución consciente y aceptada porque no todas las revoluciones terminan exitosamente o generan los cambios necesarios. Pero sobre todo, porque en las revoluciones la sangre la derraman siempre los más débiles, los más pobres, los más necesitados, aquellos a quienes en primer lugar deberían alcanzar los cambios que soñamos. Δ

Susana Merino es editora del informativo "El Grano de Arena" de ATTAC Internacional. http://desdemimisma.blogspot.com/


 

Comentarios   

 
0 #1 Francisco Martin Acris 14-03-2011 10:18
Mientras la "MADRE TIERRA" protesta contra el maltrato de forma EXPLOSIVA Y PODEROSA. La humanidad necesita rebelarse contra los poderes que nos maltratan y nos matan. CIEN MIL FALLECIDOS CADA AÑO POR CANCER EN ESPAÑA - uno cada cinco minutos - no debemos permitir la vigencia de un sistema que no puede impedirlo y que emplea armas agresivas y tóxicas que ademas segun la evidencia son caras e inificaces
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