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Privatizaciones o la Gran Sociedad

Escrito por David García Martín 06 Marzo 2011
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La derecha neoliberal presenta al estado como un incordio, un problema, y no una de las soluciones. Si no reacciona la ciudadanía y la izquierda no propone nuevas fórmulas, las privatizaciones acabarán desmantelando el estado de bienestar. Los medios de comunicación han hablado y hablan de la crisis hasta el hartazgo. Los políticos se culpan los unos a los otros y el mercado se sigue beneficiando de las decisiones que toman desde los congresos e instituciones internacionales. Mientras, la ciudadanía espera respuestas de justicia por parte de los gobiernos, cada vez más acomplejados y absortos frente a los grandes poderes fácticos.
La crisis ha mermado la confianza en la clase política. La sociedad ha visto cómo su dinero ha pasado de largo y ha ido a parar a los bancos, como si las instituciones financieras fueran las que mejor y más hubieran trabajado. Estos gestos han afianzado el sistema neoliberal impuesto a finales de los 70 y ha creado una ola de desilusión e incertidumbre en la sociedad que la ha llevado a diferentes estados de ánimo: apatía, radicalismo ideológico o simple desentendimiento y desapego de la política a través de los grandes acontecimientos deportivos y demás variantes escapistas.
Pero por otro lado, otra parte de la sociedad ha reaccionado frente a las adversidades con capacidad crítica y constructiva para hacer aquello que sus “líderes” no hacen. Se organizan en plataformas ciudadanas, organizaciones dinámicas y democráticas que quieren aportar su grano de arena en la construcción del siglo XXI.
El funcionamiento e inmovilismo del modelo sigue siendo el mismo que antecedió al tsunami que comenzó siendo financiero, pasó a hundir la economía real cuando llegó a Europa -con la que se ensañó especialmente, mermando sus políticas sociales y destruyendo cientos de miles de empleos- , para acabar apuntillando la confianza en la clase política.Una buena parte de la derecha ha parcelado el estado como un gran negocio. Las pensiones, la sanidad y la educación son grandes caladeros con los que “crear riqueza”
Hoy, “la refundación del capitalismo sobre bases éticas”, que anunció a finales del 2008 el presidente de la república francesa, Nicolás Sarkozy, carece de credibilidad. Las grandes frases propagandísticas, fruto de la necesidad de crear titulares como: “No podemos gestionar la economía del siglo XXI con los instrumentos del siglo XX” o “el laissez faire, se acabó”, no hacen más que afianzar la máxima que sostienen las grandes emporios de “cambiar todo para que nada cambie”.
Las respuestas regresivas que los secuaces de la “economía de casino” están dando a los problemas que ella mismo generó no hacen más que empeorar la situación, sin encontrar soluciones beneficiosas para la sociedad.
El gobierno conservador de David Cameron acaba de anunciar que va a “desmantelar el Gran Gobierno para reemplazarlo por la Gran Sociedad”. Lo que quiere decir es que va a privatizar. El Estado se va a deshacer de los servicios públicos y de su gestión para ponerlos no al servicio de la ciudadanía, sino al de las empresas privadas. Así es como están reaccionando los gobiernos ante los problemas económicos. El Estado es un incordio, un problema, y no una de las soluciones.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la socialdemocracia ha ido gestando ese estado de bienestar con el que amortiguar las injusticias sociales, con la intención de crear unas clases medias que aportasen con sus impuestos y disfrutasen de una vida digna y con futuro. En la actualidad, y desde hace décadas, es la primera vez que las nuevas generaciones son conscientes que van a vivir peor que las de sus padres.
Una buena parte de la derecha ha parcelado el estado como un gran negocio. Las pensiones, la sanidad y la educación son grandes caladeros con los que “crear riqueza”. En parte por ideología, en parte porque muchos de ellos ven lo público como algo ajeno y fuera de su radio de acción.
Es muy común escuchar argumentos como “las administraciones públicas son un  derroche” o “todos los funcionarios son unos flojos”. Normalmente este tipo de descréditos acaban en lo mismo: la privatización como cura de todos los males.
No hay duda de que el sector público es muy mejorable, pero también muy necesario. Si la izquierda y la socialdemocracia no espabila y aporta ideas, genera ilusiones y entronca con plataformas ciudadanas y  movimientos sociales, la derecha, con la excusas de la crisis y la deuda, va a seguir en el camino del desmantelamiento del Estado, aunque ahora usen el eufemismo de la Gran Sociedad. Δ

David García Martín. Periodista. CCS

 

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