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Actualidad Derechas en alza, Derechos a la baja

Derechas en alza, Derechos a la baja

Escrito por Víctor J. Sanz 19 Octubre 2010
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En Francia se suceden las huelgas generales mientras que el gobierno Sarkozy sigue adelante con su empeño de "refundar" el capitalismo, a base de imposiciones y eliminando derechos a los ciudadanos. El presidente parece decidido a aplicar la estrategia de mano dura y amenazas. Los derechos agonizan.
Si las Derechas triunfan, los Derechos fracasan.
Los derechos tienen un coste. El coste del que no tiene riqueza se hace efectivo en trabajo. El coste del que tiene…, bueno el que tiene riquezas se resiste a que le cuesten ni un euro los derechos de nadie. Los que tienen riqueza no necesitan derechos, ya tienen riqueza, que es algo mucho más práctico. Pero al fin, siendo la calidad de los derechos del conjunto directamente proporcional a las riquezas recaudadas, tendremos la calidad de derechos que los dueños de la riqueza estimen oportuno. Yo, particularmente, no confío mucho en su capacidad para estimar lo que es oportuno e inoportuno. Especialmente si nos atenemos a las constantes señales que envían desde todos los frentes que tienen abiertos contra los pobres, que somos todos los demás.
En Francia siguen las huelgas generales y las amenazas gubernamentales. Las unas para defender unos derechos laborales en estado terminal, y las otras para rematar esos derechos moribundos y degradar a los trabajadores al lugar que ocupaban hace mil años. El país vecino se queda sin combustible, posiblemente porque su gobierno se ha quedado sin vergüenza y arremete sin pasamontañas ni nada contra todo aquel trabajador que se menee o abra la boca. Al grito de “el que se mueva no sale en la foto, sale en camilla”, el primer ministro francés asegura que seguirá adelante con el retraso de la edad de jubilación, para lo que se atreve a comparar la edad de jubilación de un trabajador francés con la de un español, alegando que en Francia se jubilan antes que aquí. Igualito que hace el desafortunado Díaz Ferrán cuando nos compara a los españoles con los franceses en aquello en lo que nosotros estamos mejor, como por ejemplo los años de cotización necesarios para alcanzar el máximo de pensión de jubilación. Todo un arte la dialéctica del engaño que practican ambos prestidigitadores. Es decir, todos buscan el mínimo común denominador de los derechos laborales, para hacerlo extensivo a toda la UE.
En España, aunque la postura radical del gobierno en lo que a la reforma laboral se refiere, es motivo más que suficiente para convocar una y mil nuevas huelgas generales, la población no parece darse por aludida, y en general parece aletargada, noqueada e incapaz de reaccionar ante el atropello de “los mercados” que nos gobiernan por boca de los políticos elegidos. Mientras, en la CEOE, y en particular su máximo dirigente, el autodesacreditado Díaz Ferrán, porfía no ya con el más básico principio animal de no ensañamiento con la víctima, que también, sino que llega a desafiar al propio sentido común, manteniendo actitudes caciquiles y verbos incompatibles con la moral y con la honra.
En Alemania, la señora Merkel, como si hubiera tomado posesión de su voz un espíritu del pasado reciente alemán, opina que la multiculturalidad es un fracaso, que el pueblo alemán se engañó a sí mismo pensando que algún día se irían los inmigrantes. Dice Merkel que su país está demasiado extranjerizado. ¡Qué curioso! Igual que los beneficios de las transnacionales, que están extranjerizados en todo el mundo y absorbidos por esos pequeños agujeros negros de miseria humana llamados paraísos fiscales, donde el nacionalismo está impreso en resguardos de papel verde con la cara George Washington.
En Chile, los mineros rescatados se cuentan con los dedos de 7 manos, mientras que los mineros sin rescatar ascienden a 230, unas 46 manos se necesitan para contarlos. Estos mineros dejaron de cobrar sus salarios desde el mismo día en que tuvo lugar el hundimiento de la mina San José.
En media Europa, se recortan los gastos sociales, eso donde aún quedan gastos que recortar, luego empezarán con los derechos.
En Islandia, caceroladas contra las entidades financieras rescatadas con dinero público.
En Grecia, a los empleados que reclaman sus derechos, se les lee la cartilla a base de palos.
En Estados Unidos, hogar de acogida del espíritu nazi expatriado tras la Segunda Guerra Mundial, el Tea Party ha levantado la mano para pedir la palabra. El fascismo ya se remueve en su sarcófago mal cerrado. La sombra de su mano es alargada. Muy alargada. El espíritu excluyente y elitista de este amenazador grupo ha salido de lo más profundo de las cloacas y está entre nosotros. Ha llegado su hora, mejor dicho la de los demás. Sus primeros objetivos a eliminar: la educación pública, la sanidad pública, las pensiones públicas y las leyes de protección medioambientales. Su siguiente objetivo: esclavizar al resto de la humanidad, como los malos malísimos de las películas malas malísimas.
En Madrid, la presidenta de la Comunidad Autónoma, se alinea con estos principios del Tea Party. Y lo hace en voz alta. ¿Qué más decir de esta señora?
Es sabido que cuando el vaso de la economía está medio vacío, surgen voces de solidaridad, pero también surgen las primeras voces de miedo y de discordia, de disputa por la incipiente escasez de recursos.
Pero cuando el vaso de la economía está completamente vacío quedan al aire los posos del fascismo y de la xenofobia, que no son más que formas encubiertas de la Pobrefobia que en muchos aflora solo con que su montón tenga una moneda más que el montón del vecino. El pánico emerge y se extiende como la peste, cada cuál mira con recelo al montón de monedas de su vecino, mientras sus tripas, que no entienden de economía, rugen y rugen.
En resumen, temo porque las promesas de esclavitud y miseria universal que proclaman estos elementos fascistas que se están haciendo visibles, se cumplan algún día. Sus fines justifican nuestros miedos. Δ



 

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