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Una luz al final del túnel

Escrito por Ana Muñoz 08 Octubre 2010
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Los padres de niños enfermos de cáncer no tendrán que renunciar a su trabajo si sale adelante una propuesta que permitiría flexibilizar las horas de trabajo y el necesario cuidado de los pequeños.
Ciento sesenta mil niños en todo el mundo son diagnosticados de cáncer cada año, según la Unión Internacional Contra el Cáncer. Si bien no aún no se han descubierto las causas por las que el cáncer afecta a los más pequeños, sí que la medicina ha avanzado mucho en estos últimos años y en más de un 70% de los casos, el menor supera la enfermedad. Mientras la ciencia da estos grandes pasos, ¿qué ocurre con el lado humano y los apoyos a las familias que sufren la enfermedad del niño? En este sentido, la sociedad no ha avanzado tan rápido. Aunque hay una luz al final del túnel.
En España, el Congreso de Diputados ha aprobado en estos días una proposición no de ley en la que se pide al Gobierno español que regule una ley por la que el padre o la madre pueda tener un permiso retribuido para que uno de los dos pueda dedicarse al cuidado del niño. Una antigua reivindicación de asociaciones de enfermos de cáncer.Cuando a un niño se le diagnostica un cáncer, la familia se ve sacudida y trastoca todos los hábitos y rutinas familiares. Y en esta situación, a los padres no se les puede dar a elegir entre su hijo y su trabajo.
Cuando a un niño se le diagnostica un cáncer, la familia se ve sacudida y trastoca todos los hábitos y rutinas familiares. Y en esta situación, a los padres no se les puede dar a elegir entre su hijo y su trabajo. “Tan sólo una de cada diez empresas facilita la continuidad laboral del padre o madre con horarios más flexibles, teletrabajo o cambios de turno”, explican desde la Federación de Padres de Niños con Cáncer (FEPNC). En muchos casos, uno de los dos padres tiene que dejar su trabajo para hacerse cargo del pequeño. El cáncer es una enfermedad que necesita dedicación: pruebas, hospitalizaciones largas, sesiones de radioterapia o quimioterapia… no es suficiente con el mes de vacaciones y los días que la legislación española da al trabajador por enfermedad de un hijo, padre o esposo.
Así, a la situación de estrés a la que es sometida la familia por la enfermedad de uno de los hijos, se añaden sus obligaciones laborales. Un escenario muy difícil para cualquier familia. Abuelos, hermanos, tíos… suelen echar una mano, pero todo se vuelve más complicado cuando la enfermedad se alarga.
A toda esta vorágine emocional, hay que añadir el aumento de los gastos familiares debido a la enfermedad del menor. Según la FEPNC, ese aumento se cifra entre 400 y 600 euros mensuales por los desplazamientos, por las comidas fuera de casa, los gastos en farmacia, comidas especiales para los enfermos…
La Carta Europea de Derechos de Niños Hospitalizados, aprobada en 1986, recoge el derecho de estos menores enfermos de estar acompañados por sus padres. Parece de justicia que esta proposición no de ley salga adelante. Además, supondría un paso adelante, y a alta velocidad, para que los cuidadores de personas con enfermedades graves, cáncer u otras, pudieran también tener esperanza. Porque hay poca diferencia entre la madre o padre que cuida a su hijo enfermo de cáncer o aquella mujer u hombre que cuida de madre enferma o de su hermano… La enfermedad de un ser querido ya es un “castigo” suficiente como para que la sociedad o el mundo laboral también reprenda a aquel que cuida y apoya a su hijo, padre, hermano… en su enfermedad. Ese fue el espíritu de la Ley de Dependencia, que desgraciadamente la crisis económica en la que el mundo se ha visto envuelto no ha dejado llevar a sus últimas consecuencias. También esta proposición no de ley se ve amenazada por la crisis, los recortes en el gasto público de los gobiernos… y por aquellos que sólo ven la riqueza como una mera cuestión de dinero. Rico también es aquél que tiene el cariño de los suyos, que cuenta con amigos en los buenos y los malos momentos, aquel que da su tiempo a los demás, que actúa de manera justa y solidaria… Porque como decía Flaubert, “un corazón es una riqueza que no se vende ni se compra, pero que se regala”. Δ

Ana Muñoz. Periodista. CCS.


 

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