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Internacional Tema ¿Una Cuba amarilla?

¿Una Cuba amarilla?

Escrito por Xulio Ríos 01 Septiembre 2010
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Cuba parece haber iniciado una tímida, pero seria, aproximación a las experiencias económicas asiáticas, tanto en el plano de la reforma interna como también en materia de atracción de inversiones extranjeras, abordando reflexiones con clara vocación asimilatoria.
¿Una Cuba amarilla?
No es la primera vez que en estos o en similares términos se produce este debate. La novedad actual radica en la importancia concedida a un cambio de enfoque que sugiere su aceptación no como mal menor, derivado de la grave crisis económica que afecta a la isla sino como una estrategia duradera orientada a preservar las conquistas sociales y relanzar el crecimiento. Como en Oriente, el cambio de modelo que apunta en las reformas se asocia al logro de una eficiencia que no cuestiona en absoluto la vigencia de los contornos básicos del sistema, garantizados por la conducción del proceso por el PCC.
Otro aspecto destacable de este nuevo enfoque cubano radica en la aceptación de la necesidad de impulsar un cambio integral y sujeto a un dinamismo constante, enfatizando no sólo las transformaciones agrícolas sino también la reestructuración del sector industrial o la pluralización de las formas de propiedad.
El nuevo enfoque económico, conducido con discreción por Raúl, coincide en el tiempo con la liberación de disidentes, la reaparición pública de Fidel o la propia pluralización de los discursos (con la intervención de Machado Ventura el 26 de julio en Santa Clara) en un ejercicio fáctico de liderazgo colegiado que lejos de anticipar fisuras en la cumbre, aventura la coexistencia de reformadores e inmovilistas, predominando los segundos en el discurso y los primeros en la gestión. Ni unos ni otros abdican del sistema, sino que aluden a diferentes perspectivas para sacudirse su paralización y agonía. 
¿Una Cuba amarilla?Raúl lleva cuatro años predicando cambios estructurales y de concepto para sacudir la pesadumbre de la economía cubana. Pese a su complejidad, la toma de decisiones de mayor calado parece inevitable.
Raúl lleva cuatro años predicando cambios estructurales y de concepto para sacudir la pesadumbre de la economía cubana. Las diferencias respecto al ritmo y contenidos parecen evidentes. Pero el tiempo del debate, los estudios y el análisis parece agotado. Pese a su complejidad, la toma de decisiones de mayor calado parece inevitable.
Cabe señalar que dos años después de iniciar un proceso de entrega de tierras improductivas y ceder poco más de un millón de hectáreas a productores privados, más de la mitad aún están sin explotar, resultando imposible garantizar la producción de alimentos, un objetivo estratégico para el gobierno. Cerca del 80 por ciento de la canasta básica que compran los 11,2 millones de cubanos a precios subsidiados debe cubrirse recurriendo a la importación, a pesar de que la mayoría de dichos artículos pueden producirse en el país. Cuba gasta más de 1.500 millones de dólares anuales en la compra de alimentos. El 60 por ciento de la tierra controlada por el Estado produce el 30 por ciento de los alimentos cosechados en la isla.
Ante la Asamblea Nacional, Raúl anunció el 1 de agosto reformas importantes en el sector público, en materia de comercialización, etc., ampliando las medidas adoptadas en abril en relación a los pequeños negocios del sector servicios para acabar con el paternalismo y mejorar la eficiencia de la economía. Recientemente se ha autorizado a los campesinos la venta libre de una pequeña parte de las cosechas directamente a los consumidores, por lo general a valores fijos.
En Cuba se habla de actualización del modelo económico y la palabra reforma suena a tabú, asociada con mercado, propiedad privada, eliminación de la planificación central, etc., categorías todas ellas que aún forman parte de ese perverso vocabulario frecuentado por aquellos que predican la claudicación pura y dura.
Las nuevas medidas tienen gran importancia. Si fracasan, difícilmente tendrán otra oportunidad. Δ

Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China.


 

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