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Tenemos 192 lectores conectadosLa justicia española en el banquillo |
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Me preguntaba por qué no escribía nada sobre el acoso a Garzón, y la verdad es que no sabia qué decir, tal vez porque no me creía del todo que algo así pudiera suceder en una democracia que presume de mayoría de edad, y tampoco que los máximos responsables de la justicia española pudieran caer tan bajo. Es como si estuviera viendo una película cuyo final se adivina y me resulta incomprensible que nadie intervenga para que se pueda corregir el rumbo de la historia. Tal vez es que aún conservo alguna esperanza sobre la capacidad de reacción del ser humano ante aquello que es injusto, aunque ocurra dentro de la justicia, ante aquello que no es humano, ante aquello que es estúpido. Pero la realidad es que los llamados “poderes” se están desintegrando, y en su desintegración muestran su degradación, la que siempre mantuvieron oculta, pero que ahora sale definitivamente a la luz y con ello se ven las verdaderas caras que hay detrás, las que están absorbidas y poseídas por el poder. Véase también el caso de la Iglesia, véase el caso de la Banca, véase el caso de la corrupción política y como se tapan los unos a los otros, véanse todos los casos que se repiten y se multiplican cada día. En cuanto a lo de la justicia, la síntesis del caso Garzón está clara, sería un titular así: “La justicia persigue a quien se dedica a hacer Justicia”. Quieren juzgar a Garzón porque el quiere juzgar a aquellos que, aprovechándose de la guerra civil, dieron rienda suelta a su instinto asesino. Si además, partimos de la base de que juzgar no significa necesariamente condenar, pues es evidente que los que buscan que Garzón no les juzgue es porque saben de antemano que serían condenados, o sea, que se saben culpables. Si no fuera así, no temerían ser juzgados. Otra cosa distinta son las razones que mueven al Tribunal Supremo a ir contra Garzón, aunque es muy posible que si al final Garzón es juzgado, como parece ser, el juicio se va a convertir en un escaparate para todos, Resulta bastante incomprensible que tanto el Supremo como los que acusan a Garzón asuman tantos riesgos al seguir adelante con este montaje, porque son los que más tienen que ocultar y los que más van a sufrir las consecuencias.para los acusadores y para los que le juzgan. Es más, Garzón podría utilizar su juicio para mostrar las pruebas que posee y las razones que le avalan para juzgar a los que le quieren quitar de en medio. Es decir, al final puede ocurrir que lo que se trata de ocultar denunciando a Garzón quede a la vista de todas formas, lo que sería muy sano para los que están a favor de la verdadera Justicia. Pero lo que no se puede saber a priori es si todo este embrollo, que apesta a política sucia, va a hacer mucho daño o mucho bien a la Justicia española, porque me atrevería a pronosticar que mucho va a salir a la luz, que mucho vamos a oír y a ver, y que dicho juicio marcará un antes y un después. De momento, lo que ya queda como evidente es que las dos Españas siguen muy vivas, que desde los más altos tribunales de Justicia hasta los más bajos niveles sociales, el germen del fascismo sigue vivito y coleando, y que quien se crea que nuestra democracia, como cualquier otra en el mundo, tiene buena salud, o es un ingenuo o solo lee el Marca. Y si no fíjense en la que está cayendo en los EEUU por querer sacar adelante una ley que tiene como objetivo que la mitad de la población no se muera de asco porque la sanidad pasa de ella. Todo el mundo es bueno y muy patriota hasta que le piden que se sacrifique para que otros puedan tener los mismos derechos que él. Hasta ahí podíamos llegar. Y aquí en España, la justicia es la justicia siempre y cuando no revolvamos mucho en la mierda que la salpica. Porque sino pasa como con la Iglesia, desempolvar sus miserias lo califican de “innoble campaña”. Seria gracioso si no fuera tan asqueroso. Lo que está claro es que los endiosados “poderes” se creen tan fuera del mundo de los mortales que no aceptan ni comprenden que ellos también son mortales, que se pueden equivocar, y que en realidad sus pedestales tan sólo son de barro. Su presunto “poder” es tan sólo una ilusión más. El problema es, como siempre ocurrió en la historia de la humanidad, que al final ellos son juzgados por los pueblos y tienen que responder por sus actuaciones. El problema para ellos, claro. En realidad estamos ante la desintegración de los poderes tal y como hasta ahora se manifestaron y se retroalimentaron. Y también como se protegieron y se protegen entre ellos. Pero volviendo a lo de Garzón y a su posible juicio, sólo pedirle y desearle que no cese de luchar por la Verdad y la Justicia, porque muchos ciudadanos, la mayoría, estamos con él, porque es el exponente de la auténtica Justicia, o sea, aquel que juzga lo que debe ser juzgado. Para finalizar, decir que resulta bastante incomprensible que tanto el Supremo como los que acusan a Garzón asuman tantos riesgos al seguir adelante con este montaje, porque son los que más tienen que ocultar y los que más van a sufrir las consecuencias. La opinión pública ya se está manifestando claramente y el culebrón no hizo más que empezar. Si lo que pretenden es hundir a Garzón, se están equivocando al cavar la fosa, porque en realidad están cavando la suya. Tiempo al tiempo. Δ
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