.

Quién está en línea

Tenemos 64 lectores conectados
Reportajes Reportajes Suicidio, la muerte olvidada

Suicidio, la muerte olvidada

Escrito por Marta Iglesias 31 Marzo 2010
( 64 Votos )
Imprimir
Suicidio, la muerte olvidada 4.8 out of 5 based on 64 votes.
La OMS asegura que cada año se suicidan en el mundo casi un millón de personas. Los últimos datos del INE destapan que en nuestro país fallecen más personas por esta causa que por accidentes de tráfico. No hay medidas en funcionamiento para evitarlo.
Suicidio, la muerte olvidadaEl Instituto Nacional de Estadística publicaba los datos de fallecidos en España durante 2008, resaltando un dato fundamental: las muertes por accidentes de tráfico se redujeron durante ese periodo un 20,7%. La buena noticia descubría, sin embargo, que había más personas que habían muerto por suicidio que en carretera. Concretamente 3.421 frente a 2.181. Los españoles abrimos los ojos ante un problema silenciado, e ignorado incluso desde las administraciones públicas: los suicidios existen y además muestran año a año una ligera tendencia al alza. Y eso que los expertos en el tema coinciden en señalar que pueden haber más suicidios que no se hayan contabilizado como tales, lo que incrementaría las cifras. Si estos datos sorprenden, más nos podemos asustar si tenemos en cuenta las tentativas de suicidio que tienen lugar en nuestro país, y que no terminan en muerte. Pilar Saiz, profesora titular de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo-CIBERSAM, indica que "si hablamos de tentativas, las cifras aumentan. Hay entre diez y veinte veces más que los suicidios consumados. Aunque medirlas es aún más complejo que hacerlo con los suicidios, porque no todos los servicios de urgencia hospitalarios -que son los lugares donde posiblemente mejor se detecten-, tienen un sistema de codificación adecuado. Y también quiero señalar que existen muchas tentativas que pasan desapercibidas porque la persona no acaba demandando atención médica".
El problema no se da sólo en nuestro país, la propia OMS señaló con datos de 2004 sobre la mesa que el suicidio provoca casi la mitad de las muertes no naturales en el mundo. Es decir, que entonces morían más personas por esa razón que si se sumaran los homicidios y las muertes por guerras. En esas fechas se calculaba casi un millón de víctimas al año, y se estimaba que para 2020 morirían millón y medio de personas por esa causa.
"La sociedad tiene en general unos criterios de satisfacción, de consumismo, que hace que las personas estén insatisfechas. Nunca estamos contentos con lo que tenemos, siempre necesitamos más, pero a lo mejor más de otra cosa".
(Alejandro Rocamora, psiquiatra y miembro fundacional del Teléfono de la Esperanza)
Suicidio,  la muerte olvidadaSi concretamente miramos hacia Europa, datos recientes señalan que los países mediterráneos -Grecia, Italia, España y Portugal- son los que tienen las tasa más bajas, mientras que los países nórdicos, los derivados de la antigua URSS y Países del Este tienen cifras muy altas. Los estados anglosajones se mantienen en la franja intermedia. Pilar Saiz señala que esto se explica "porque en el tema del suicidio influyen los factores que generan riesgo, pero también otros que pueden actuar como protectores. Entre estos últimos están el importante papel de la familia y personas cercanas, y la religiosidad. Ambas están muy arraigadas en los países mediterráneos. Pero mientras que los países con tasas altas han puesto en marcha programas preventivos que han conseguido ir bajando las cifras, nosotros seguimos con un encefalograma plano con un poco de tendencia al alta. Por lo que me gustaría solicitar que se pongan en marcha las medidas oportunas, que afortunadamente existen y han demostrado su eficacia".

¿Un suicida a mi lado?

Suicidio, la muerte olvidadaSi un amigo comienza a decir repetidamente que "posiblemente no estaré aquí mucho más", que cambia sus costumbres y pasa de ser una persona vital a estar aislada; si un familiar comienza a consumir mucho alcohol o drogas; si conoce a alguien que se desprende de posesiones de mucho valor económico o por las que ella tenía gran cariño; si un conocido comienza a tener problemas con toda su familia... párese. Puede que no pase nada, pero también son signos que los profesionales utilizan para localizar a personas que buscan en el suicidio una solución. Si tiene la mínima sospecha, dirija a esa persona hacia ayuda profesional. Máxime si tiene antecedentes familiares, porque los expertos señalan que los genes explican entre el 40 y 50% de la vulnerabilidad que puede tener una persona para cometer suicidio.
La OMS indica que el 90% de las personas que consuman el suicidio tienen algún trastorno mental previo. "Las tres que mayor riesgo asociado tienen son en primer lugar las depresiones, seguidas del consumo de alcohol y otras sustancias, y en tercer lugar la esquizofrenia", concreta Sáiz. Además todos los estudios realizados indican que quienes han realizado una tentativa previa son las personas con más riesgo de suicidarse. Lo cual señala la necesidad de que los servicios de salud tengan diferenciadas y cuidadas a esas personas de modo especial.
"En la Conferencia de Helsinki se indicó que una de las acciones prioritarias para todos los gobiernos de la UE debía ser la prevención de los comportamientos suicidas. En nuestro país esa recomendación se trasladó en papel pero no existe ningún tipo de estrategia preventiva, ni nacional, ni comunitaria".
(Pilar Sáiz, profesora titular de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo-CIBERSAM)
Sin embargo queda otro 10% de personas que se suicidan y que no tenían un diagnóstico psiquiátrico previo, ni ninguna enfermedad mental. Alejandro Rocamora, psiquiatra y miembro fundacional del Teléfono de la Esperanza, indica que "En ese 10% -que parece poco, pero son muchas personas-, no se ha podido comprobar que hubiera una patología previa. Dependiendo de la personalidad del sujeto, hay varios factores que pueden desencadenar un suicidio: desde la muerte de un ser querido o el diagnóstico de una enfermedad mortal, o un sufrimiento insoportable... cualquier situación que le desborde, que provoque un desequilibrio en su vida cotidiana puede llevar a una persona a pensar que la muerte es la solución".
En cuanto a los grupos de edad, la tasa más alta de suicidios consumados tiene lugar entre los 55 y 60 años, sobre todo en los hombres. Sin embargo, las tentativas suicidas son más frecuentes entre las mujeres, que lo intentan entre dos y cuatro veces más que los varones, y sobre todo entre los 20 y 35 años de edad. Para explicarlo sólo hay hipótesis. La más aceptada es que a las mujeres, por sus características, les cuesta menos pedir ayuda a las personas competentes. Y luego que están más protegidas por factores como la religiosidad y los hijos, ya que las estadísticas señalan que son más practicantes y que los niños que necesitan su protección, evitan el suicidio.

Carencias españolas

Suicidio,  la muerte olvidadaLos datos de muertes por suicidio en España muestran año a año una ligera tendencia al alza, incluso las cifras que da el INE se quedan cortas cuando se las compara con las que manejan los institutos anatómico-forenses de las correspondientes comunidades. Si las tenemos en cuenta, las muertes por estas causas aumentarían un 5%. Ya en 2005, durante la Conferencia de Helsinki se indicó que una de las acciones prioritarias para todos los gobiernos de la UE debía ser la prevención de los comportamientos suicidas. En nuestro país, "esa recomendación se trasladó en papel a la Estrategia Nacional de Salud -indica la doctora Saiz-, pero no existe ningún tipo de estrategia preventiva, ni nacional, ni comunitaria, elaborada por autoridades competentes. La única labor en marcha es la de grupos muy concretos, en sitios determinados, con un especial interés o sensibilidad por el tema. Pero nada general". Precisamente el Área de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, comandado por la doctora Saiz, es el único en España que está desarrollando el programa de la UE "Saving young lives in Europe" -Salvar vidas jóvenes en Europa-, cuyo objetivo es prevenir el suicidio entre adolescentes. Uno de los puntos de inicio sería una mayor formación a los médicos de atención primaria, que son la puerta a los cuidados de salud y los que más fácilmente pueden derivar a los presuntos suicidas al servicio de psiquiatría.
"El hombre no funciona sólo en base a expectativas externas. La vida interior representa en estos momentos una de las dimensiones más olvidadas de la humanidad y esto está generando muchos problemas que aún no se identifican como tales".
(Leonardo Boff, filósofo)
Analizando las peculiaridades españolas, una importante a señalar es la ignorancia general con respecto a las elevadas cifras de suicidios consumados. Es un problema silenciado, que quizá tenga que ver con la culpa y la vergüenza que rodean el suicidio de un ser querido: "Muchas veces no se dice que mi padre se suicidó, sino que se cayó por la ventana, que tuvo un accidente -señala Rocamora-. Se oculta porque además el suicidio es uno de los tabúes que tenemos en la sociedad. Ten en cuenta que en la Iglesia católica el suicidio estaba penalizado, no se podía enterrar a un suicida en camposanto, lo enterraban fuera porque se suponía que el que moría por suicidio iba al infierno, condenado. Eso ha contribuido en nuestra cultura a que haya una situación de tabú en el tema del suicidio. Incluso a los profesionales a menudo nos cuesta explorar la ideación suicida por el temor de que a lo mejor no sepamos manejarlo. Yo lo he comprobado, sobre todo cuando iniciamos a psicólogos y psiquiatras jóvenes, porque es una cuestión que trata tu propia muerte".

En busca de un origen

Sin embargo algo en nuestro fuero interno nos obliga a plantearnos el porqué tantas personas deciden poner fin a su vida voluntariamente, cuando tenemos más comodidades que nunca, en general no pasamos hambre, no vivimos en guerra... Viendo las altas cifras que manejan los países nórdicos, es evidente que el llamado "estado de bienestar" no tiene que ver con estas muertes. Así que lo mejor es buscar una explicación más profunda, de la mano de Rocamora: "En el suicidio la prevención total y absoluta es imposible, y la situación de bienestar no disminuye esa tendencia. La barrera más efectiva para no llegar al suicidio es el grado de salud mental que cada uno de nosotros tengamos. Las sociedades mentalmente sanas son aquellasSuicidio, la muerte olvidada formadas por personas que asumamos más nuestras limitaciones, que no estemos en una situación de competición continua, que tengamos una autoestima adecuada... Evidentemente la sociedad tiene en general unos criterios de satisfacción, de consumismo, que hace que las personas estén insatisfechas. Nunca estamos contentos con lo que tenemos, siempre necesitamos más, pero a lo mejor más de otra cosa. Esa sensación de malestar es general. La muerte por suicidio culpabiliza a la familia, pero también nos culpabiliza a todos porque de alguna manera la sociedad también es responsable de esa situación".
Los datos del INE de 2008 demuestran que en nuestro país ya mueren más personas por suicidio que por accidentes de tráfico, como venía sucediendo hasta ahora.
Precisamente son muchos los profesionales que aseguran que un elevado número de pacientes acude a sus consultas porque tienen problemas derivados de la falta de sentido que tienen sus vidas. La sociedad les impulsa a la competitividad, a comprar compulsivamente, a vivir acelerados, a medirte en función de lo que tienes, a ser egoísta... en esta rueda que gira por sí misma muchas personas no encuentran su lugar, no comparten los valores que le rodean y además no saben cómo ir en contra. A menudo ni siquieraSuicidio,  la muerte olvidada saben en qué no están de acuerdo, simplemente no encajan, se sienten desplazados. Buscan un sentido a sus vidas, dar salida a su mundo interior, y no encuentran nada al otro lado. Lo dijo claramente el filósofo Leonardo Boff hace unos años: "El hombre no funciona sólo en base a expectativas externas. La vida interior representa en estos momentos una de las dimensiones más olvidadas de la humanidad y esto está generando muchos problemas que aún no se identifican como tales. Urge rescatarla porque en ella se encuentra nuestro punto de equilibrio, es lo que realmente aporta una calidad de vida. Interior significa profundidad y ese interior emerge cuando el ser humano se detiene, calla, comienza a mirar dentro de sí y a pensar seriamente. La vida interior no es monopolio de las religiones. Es una dimensión de lo humano. Pero es universal. Está en todos los tiempos y culturas. Vida interior es escuchar voces y movimientos que vienen de dentro. Es lo que nos habla de lo que realmente cuenta en nuestra vida, de aquello que es decisivo y que no puede ser delegado en nadie. El efecto más inmediato de esta vida interior es una energía que permite encarar los problemas cotidianos sin agitaciones. Con serenidad, con profundidad".
A partir de todo ello surge una pregunta fundamental: ¿conocemos el complejo funcionamiento de esta supermáquina a la que denominamos mente? La respuesta es categórica: no. Se investiga sobre conexiones neuronales, y también sobre los efectos que viven las personas -que muchas veces se traducen en problemas mentales-, pero se desconoce cómo actúa este impresionante "ordenador" que se encarga de unir lo que sentimos en nuestro interior con el mundo físico que nos rodea, dos "realidades" que actualmente están enfrentadas. No sabemos qué "programas" emplea ni cómo se accede a ellos, qué les afecta, cómo funcionan en sincronía con el mundo natural.
La OMS estima que para 2020 morirán millón y medio de personas al año por suicidio.
Vemos la terminal que es nuestra mente, separada de la fuente origen que la alimenta. Nuestra prepotencia y egocentrismo nos lleva a vernos únicos, el centro del mundo que nos rodea; se impone un cambio de perspectiva tan drástico como el que supuso en el siglo XVI admitir que nuestro sistema solar era heliocéntrico en lugar de geocéntrico, gracias a los cálculos matemáticos de Copérnico. Quizás entonces nuestra mente encuentre el equilibrio y podamos hallar las respuestas que buscamos. Δ
Suicidio,  la muerte olvidada

 

Comentarios   

 
+2 #1 soylamisma 12-04-2010 12:25
No me gustaría este tipo de muerte para mi o mis seres queridos; tampoco para cualquier ser humano, porque para llegar a tomar una decisión como esa, se debe estar muy al límite, pero en última instancia, fuera de enfermedades que hacen el la persona pierda el sentido de la realidad, también me parece una muerte natural, porque al fin, la vida es lo único que poseemos y me produce respeto aquel que toma la decisión de acabar porque no aguante el sufrimiento o porque considere que no merece la pena seguir en este mundo. ¿Que siempre hay razones para seguir viviendo? Las hay para quien piensa que es así, pero lo que para uno es válido, para otro puede no serlo; es algo subjetivo y respetable en cualquier caso
Citar | Reportar al moderador