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Firmas Federico Mayor Zaragoza La Europa que el mundo necesita (I)

La Europa que el mundo necesita (I)

Escrito por Federico Mayor Zaragoza 19 Marzo 2010
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Europa no puede seguir siendo un espacio sumiso y atemorizado. Para un nuevo 'comienzo' urgen importantes cambios. Esta es la Europa que el mundo necesita de forma apremiante.
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  • La Europa faro y vigía, del pluralismo, de la multilateralidad, de la libertad, de la justicia social, de la solidaridad. La Europa que, sin cortapisas, reconoce y promueve la igual dignidad de todos los seres humanos, como tan claramente se establece en la Constitución de la UNESCO y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La Europa de ciudadanos “libres y responsables”, gracias a los principios democráticos que observan sin excepción sus dirigentes, para alcanzar la emancipación que le permitiera ser punto de referencia de todas las naciones. La Europa satisfecha de su diversidad cultural, su gran riqueza, unida por el ejercicio de unos “valores universales”, su fuerza indomable.
  • La Europa de “los pueblos” como se establece en la Carta de las Naciones Unidas podría, de este modo, “evitar el horror de la guerra a las generaciones venideras”. Y sabría construir puentes de diálogo y conciliación para transitar desde una cultura de imposición y violencia a una cultura de encuentro, alianza y paz. La Europa que sería capaz de liderar la urgente conversión de una economía basada en la guerra y la especulación a una economía de desarrollo global sostenible. La Europa capaz de variar de rumbo a través de la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación, consciente de que no existe nada fatal e irremediable en la medida de que sus habitantes sean capaces de participar y expresarse libremente; de evitar su uniformización y gregarización; liberarse del miedo y la sumisión que los mantiene silenciosos y apocados; de rebelarse contra un sistema que ha conducido, en lugar de a la reducción de los desgarros en el tejido social, a un gasto militar diario de 3.000 millones de dólares al tiempo que mueren de hambre más de 60.000 personas, la mayoría de ellas niños de 0 a 5 años.
  • La Europa que, pacíficamente pero con gran firmeza, resuelve, en estos albores de siglo y de milenio, superar la inercia de siglos de poderes autoritarios propios de una sociedad masculina en la que prima la fuerza sobre la palabra; en la que la mujer no participa en la toma de decisiones, o lo hace en una proporción que, todavía no llega hoy al 10%; una sociedad que se ha dejado influir de tal forma por el gigantesco poder mediático, omnímodo y omnipresente, que ha permitido sin rechistar que la cooperación internacional se tornara en explotación y Una Europa que sepa desligarse de tantas ataduras y adherencias que los pocos han ido imponiendo secularmente a los muchos, a los casi todos, a los que han pretendido “secuestrarles el pensamiento”, reducirlos a vasallos. empobrecimiento de países con grandes recursos naturales; que ha tolerado el reiterado incumplimiento de las promesas de ayuda al desarrollo que formulaban los países más prósperos; que ha permitido la degradación del medio ambiente, hasta llegar a un punto en el que es preciso tomar conciencia y actuar sin dilaciones, todos unidos, sin excepción, para dejar de agredir a la Madre Tierra y poder transmitir a las nuevas generaciones el legado medioambiental que merecen.
  • La Europa, en fin, dispuesta a ponerse al frente de las grandes transformaciones que deben realizarse para lograr que cada ser humano, único y dotado de la desmesura creadora, pueda, con su comportamiento cotidiano, abandonar decididamente los caminos de la confrontación -“si quieres la paz, prepara la guerra”- y tejer, con las hebras multicolores de todas la razas, género, ideologías y creencias, la urdimbre compacta y fuerte que permita iniciar “el nuevo comienzo” al que nos convoca la Carta de La Tierra.
  • La Europa que sepa desligarse de tantas ataduras y adherencias que los pocos han ido imponiendo secularmente a los muchos, a los casi todos, a los que han pretendido “secuestrarles el pensamiento”, reducirlos a vasallos. La Europa que se revuelva contra los grupos plutocráticos (G-7, G-8, G-20…) y refuerce la autoridad de las Naciones Unidas, para que sean todos los pueblos los que tomen en sus manos las riendas del destino común. La Europa que recuerde que, en palabras del Presidente Kennedy, “ningún desafío se halla fuera del alcance de la facultad creadora que distingue a la especie humana”.
  • Como José Ángel Valente, escribo hoy “desde un naufragio. / …Escribo sobre el tiempo presente. / …Escribo sobre la latitud del dolor, / sobre lo que hemos destruido / ante todo en nosotros… / …Escribo desde la noche, desde la infinita progresión de la sombra, / desde el clamor del hambre y del trasmundo, / …desde la mano que se cierra opaca, / desde el genocidio, / desde los niños infinitamente muertos, / desde el árbol herido en sus raíces… / Pero escribo también desde la vida, / desde su grito poderoso, / desde la historia. / ...Desde la muchedumbre que padece… / Escribo, hermano mío de un tiempo venidero”.
  • Es ésta, la Europa de la cultura, la Europa de la creatividad la que está llamada a tener un papel esencial en la reconducción de la trayectoria del conjunto del planeta, tarea irrenunciable. Los ciudadanos, por fin capaces de participación no presencial –gracias a la moderna tecnología de la comunicación– elegirán y “regularán” a sus representantes en los gobiernos, confiriéndoles la autoestima e impulso necesarios para los cambios radicales que sólo la “solidaridad intelectual y moral” de la humanidad podrá llevar a efecto. Δ

Federico Mayor Zaragoza. Presidente de la Fundación Cultura de Paz.