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Soñando con Ochomiles. Carlos Pauner, alpinista

Escrito por Pablo Malde 19 Marzo 2010
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Sueña con montañas, las más altas, los catorce ochomiles, y en su sueño este himalayista aragonés ya ha hollado ocho de estas hermosas y esquivas cimas. Son experiencias que le han llevado al límite de todo lo imaginable convirtiéndolo en una persona más sabia y más poderosa.
Soñando con Ochomiles. Carlos Pauner, alpinistaYa son quince años visitando el Himalaya y sin embargo mantiene intacto el deseo y la motivación para volver a un mundo extremo que le muestra la verdadera medida de la vida. Antes de encarar su próximo proyecto, el Annapurna (8.091m.) -una montaña difícil y peligrosa-, conversamos con Carlos Pauner sobre sus sueños.
- ¿De dónde surge tu pasión por la montaña?
-Surge de mi interior. Muchas personas tenemos vocaciones que van por dentro y tan sólo hay que tener la fortuna de que consigan aflorar al exterior. En mi caso, de muy joven ya había conocido la montaña, sobre todo por la suerte de haber nacido en el Pirineo, pero lo que realmente me atrajo y me hizo arrancar fue conocer el mundo de la escalada. Un libro del alpinista francés Gaston Rebuffat me abrió un mundo increíble y con quince años comencé a escalar. Ya nunca he dejado de ser escalador. Eso es un alpinista, un escalador que aplica sus técnicas en el mundo de la alta montaña.
- Esa misma pasión la trasladas a tus documentales, en los cuales llama la atención la necesidad de transmitir, de hacer llegar lo vivido al espectador de forma sencilla y directa. ¿Por qué crees importante contar tus experiencias? ¿Qué aportan?
-Las experiencias en el Himalaya o en las montañas en general, esencialmente son bellas. Se desarrollan en un marco hermoso y se contemplan unos paisajes que no son los habituales. Es lo que trato de hacer ver con los documentales, mostrar un mundo de extraordinaria belleza. Eso por un lado. Por el otro, las películas tratan de contar una historia, diferente en cada una de ellas. En ocasiones es una aventura de entrega por alcanzar un objetivo o de lucha por la vida. En otras, es una historia humana que nos acerca a los habitantes de esas montañas o nos hace reflexionar sobre el significado de escalar montañas. Esencialmente, trato de contar historias interesantes que se desarrollan en unos hermosos parajes. Sin duda ayudan a conocer una actividad deportiva y humana espectacular, compleja, difícil y llena de grandes y olvidados valores. Muestran a seres humanos que persiguen sus sueños, que se preparan para estar a la altura de los retos que se han marcado, que se enfrentan bravamente a las fuerzas de la naturaleza y que viven aventuras llenas de humanidad, donde la vida y la muerte se entremezclan y nos ayudan a comprender un poco mejor la naturaleza humana.
“Los documentales que hemos realizado muestran a seres humanos que persiguen sus sueños, que se preparan para estar a la altura de los retos que se han marcado, que se enfrentan bravamente a las fuerzas de la naturaleza y que viven aventuras llenas de humanidad, donde la vida y la muerte se entremezclan y nos ayudan a comprender un poco mejor la naturaleza humana”.
Soñando con  Ochomiles. Carlos Pauner, alpinista- ¿Lo creativo en la montaña pasa por extremar los retos?
-El reto es el motor de la actividad en montaña, así como el de cualquier actividad deportiva en general. El reto depende del gusto y capacidad de la persona y por eso mismo, la montaña es un campo de juego ideal para plantear retos, puesto que las posibilidades son infinitas y el terreno de juego permite adaptar ese reto a las habilidades y necesidades de cada alpinista. No importa que algo no sea un reto para la mayoría de alpinistas, si hay alguien que encuentra su camino persiguiendo ese objetivo. Los retos son personales y conforme los llenamos de experiencia y de fuerza van aumentando en intensidad y viceversa. Las personas más dotadas y más fuertes se marcan retos de tal magnitud que hacen avanzar el alpinismo a nuevas cotas de dificultad antes ni pensadas. Llegan a sus propios límites y a la vez crean otros nuevos en el ser humano. Son los retos extremos y normalmente llevan aparejado un gran nivel de preparación y en ocasiones de riesgo. Ocurre también que hay retos que son novedosos, que incluso hacen nacer nuevas disciplinas dentro del alpinismo y desde luego a ellos también los podríamos considerar como creativos. Es el caso de la escalada deportiva o de la bicicleta de montaña.
- Estuviste tres días perdido en el Kangchenjunga ¿Qué te aportó esa experiencia? ¿A qué te aferraste para sobrevivir?
-La experiencia del Kangchenjunga fue una aventura de supervivencia en alta cota llevada al límite. Tres días de soledad a más de 8.000 metros, envuelto en la ventisca y sin agua, comida o protección alguna, ponen a un ser humano al límite de sus posibilidades de vida. Esta experiencia me aportó cosas buenas y malas. Sin duda perder algunas falanges es una consecuencia negativa, pero alcanzar a conocerse al límite de lo soportable, saber hasta dónde eres capaz de llegar y tener la fuerza psicológica para sobrepasar ese punto, te da una valiosa información personal de tu propio comportamiento en situaciones difíciles. Todo esto te cambia, te hace ver la vida de otra forma y de alguna manera te hace más sabio, puesto que conoces los límites hasta dónde no debes llegar nunca más y te marca las fronteras en un mundo en el que no siempre es fácil ver donde se encuentran. Sobrevivir es una cuestión de tener ganas tremendas de vivir, de poseer cualidades para llevarlo a cabo y tener la fortuna necesaria en el momento preciso.
“El alpinista no es una persona que tiene una vida normal y sólo de vez en cuando se acuerda y va a la montaña. No. Su vida gira en torno a la montaña y sueña en cada instante con ese reto que lo hace avanzar dentro de este mundo”.
Soñando con  Ochomiles. Carlos Pauner, alpinista- En tu última tentativa al Lhotse estuviste al borde de la muerte, sin embargo lo comentabas como algo normal, como algo que forma parte del juego ¿Cómo ves la muerte?
-Cuando se mueve un ser humano en una zona del planeta en la que no es posible la vida, ya está cerca de esa línea que separa la vida de la muerte. Por eso la muerte es algo tan común en la altura extrema. Allá, unos pocos consiguen adaptarse a ese medio hostil y ser capaces de llegar hasta una cima y salir con vida de esa fatídica zona. Cuando hay algún problema, se pierde la orientación o simplemente, se acaban las fuerzas, no se puede salir a tiempo y por tanto al alpinista se encuentra en un lugar en el que va a morir. En el Lhotse no tenía unas buenas sensaciones corporales. Algo iba mal y decidí a 8.300 metros darme la vuelta y salir de esa zona mortal antes de que fuera demasiado tarde. Fue una buena decisión, puesto que luego desarrollé un principio de edema cerebral y más tiempo en altura no hubiese ayudado en nada, al contrario. En el Himalaya hay que saber cuándo empujar hacia arriba y cuándo no hacerlo. Es una cuestión de la que depende tu supervivencia.
-Después de haber sorteado tantas situaciones al borde de la muerte cualquiera diría que tienes un ángel que te cuida.
-No lo se, pero desde luego si existe tiene conmigo mucho trabajo y de momento lo está haciendo a la perfección. Es broma. Creo que llevo una dilatada trayectoria alpinística detrás, de muchos años y eso me ha hecho llegar a conocer bastante bien las situaciones en montaña e incluso a mi mismo. Sin duda esto ayuda a seguir vivo en estas montañas difíciles y peligrosas. También creo que he tenido suerte y que he peleado por tenerla y de momento la tengo cerca.
“A día de hoy el proyecto de los catorce ochomiles me ha hecho crecer como persona, haciéndome fuerte y creyente de mis posibilidades. Me ha hecho tener una visión especial de la vida, conociendo que es lo importante y que cosas no lo son en absoluto. La montaña me ha hecho más sabio y más poderoso”.
Soñando con  Ochomiles. Carlos Pauner, alpinista-¿Qué tiene de espiritualidad el montañismo?
-La espiritualidad que tiene el montañismo, a mi entender, se basa en que trasciende lo que es una actividad deportiva y se convierte en una forma de vida. El alpinista no es una persona que tiene una vida normal y sólo de vez en cuando se acuerda y va a la montaña. No, su vida gira en torno a la montaña y a sus amigos escaladores. Habla de rutas de escalada, planea las siguientes salidas con anhelo, intenta fomentar sus planes entre sus conocidos; entrena, lee libros y sobre todo, sueña en cada instante con ese reto que lo hace avanzar dentro de este mundo. En esto consiste esa espiritualidad, en que es una inmersión en una actividad tan absorbente, que cambia a las personas y les da una forma de vida que les hace sentirse bien y crecer como seres humanos en un entorno bello, con amigos y sintiéndose cada vez más poderoso.
-¿Crees que en las montañas existen las diosas de las que hablan los sherpas?
-Yo no soy una persona especialmente creyente. Como científico, creo más bien en lo que veo o en lo que se demuestra. No obstante, sí que es cierto que esas grandes montañas tienen su propia personalidad. Las hay amables, rencorosas, pérfidas, de todo tipo. Nosotros y los sherpas las vemos así y es consecuencia de las aventuras que en ellas hemos vivido y que nos han hecho tener esa percepción humanizada de lo que, en definitiva, sólo son rocas, nieve y hielo. Eso sí, elevadas hasta casi tocar el cielo, para disfrute de unos cuantos mortales.
“Sobrevivir es una cuestión de tener ganas tremendas de vivir, de poseer cualidades para llevarlo a cabo y tener la fortuna necesaria en el momento preciso”.
Soñando con  Ochomiles. Carlos Pauner, alpinista-¿Qué montaña te ha parecido más peligrosa? ¿Y la más bonita?
-Sin temor a equivocarme, te diría que entre las grandes montañas de la Tierra, la más peligrosa es el Annapurna. Es una montaña convulsa, rota y agrietada, que no se gana la confianza de quienes la visitan. La más bella, por pureza de líneas y porte majestuoso, sin duda es el K2. Su pirámide esbelta se alza sobre todo ese conglomerado de glaciares y su vista es una de las imágenes más impactantes de todo el planeta.
-Lo que llevas recorrido en este largo proyecto ¿Qué te ha aportado?
-Me ha dado tanto, que sería imposible de explicar en unas líneas. De hecho, me ha aportado todo lo que soy y cómo percibo mi mundo. Desde la adolescencia escalo montañas y aunque he hecho muchas otras cosas, nunca he dejado de hacerlo. Me ha hecho conocer muchos lugares extraordinarios. He conocido a personas increíbles e incluso he compartido aventuras con ellos. Me ha hecho crecer como ser humano, haciéndome fuerte y creyente de mis posibilidades. Me ha hecho tener una visión especial de la vida, conociendo qué es lo importante y qué cosas no lo son en absoluto. La montaña me ha hecho más sabio y más poderoso.
-En tu última empresa tuviste serios problemas, y sin embargo tu próximo reto es nada más y nada menos que el Annapurna. ¿Por qué razón retomas el proyecto en una montaña tan peligrosa?
-¿Y cuándo no estás en una situación peligrosa si te dedicas a escalar montañas de más de ocho mil metros? Siempre hay problemas, peligros, y complicaciones y las del último año no han sido más que unas pocas más. Son parte de este juego y hay que aceptarlo si se quiere estar en él. Dentro del proyecto de subir a las catorce alturas del planeta sin oxígeno, también se encuentran los 8.091 metros del Annapurna lógicamente. Conozco bien esta montaña, puesto que ya la intenté en el otoño de 2.002. Sé que es una montaña seria, peligrosa y difícil. También sé que puedo alcanzar su cima, así que voy bien preparado y consciente de lo que me voy a encontrar ahí y de lo que puedo rendir. Es un reto apasionante, por la dificultad que entraña situarse en la cima de este coloso asiático y sólo espero tener esa intuición que hasta la fecha me ha guiado y que la suerte también ponga algo de su parte.
“La experiencia del Kangchenjunga me aportó cosas buenas y malas. Sin duda perder algunas falanges es una consecuencia negativa, pero alcanzar a conocerse al límite de lo soportable, saber hasta dónde eres capaz de llegar y tener la fuerza psicológica para sobrepasar ese punto, te dan una valiosa información personal de tu propio comportamiento en situaciones difíciles”.
-Calculas cinco años para finalizar los catorce ochomiles ¿te resulta encadenante llevar a cabo un proyecto a tan largo plazo? ¿Qué te gustaría realizar al margen?
-Parte de la dificultad de un proyecto como este se basa en que es un proyecto a largo plazo. No se trata de una carrera o de un partido. Son muchos días, meses y años en los que estás metido de lleno en él y esto le confiere parte de su dureza. Son muchos años de aguantar situaciones extremas y de esquivar peligros ocultos. También son demasiados años de perder a amigos y compañeros. Por otro lado, es un dilatado tiempo en el que tienes una ilusión, una razón para entrenar, una fuente de enseñanzas valiosas y de conocimiento de muchas personas. Es un largo periodo que te permite conocerte perfectamente, ahondar en tus límites y disfrutar de esa maravillosa cordillera del Himalaya. No todo queda ahí. Paralelamente se pueden hacer más cosas y de hecho las he hecho y las haré. Escalo en roca, corro, ando con la bici, piloto aviones, doy clases, etc. Hay tiempo para todo, eso sí, siempre que realmente nos llene dedicarlo a ello.
- Los ochomiles parecen ser el summum en el mundo de la montaña ¿Podrías decir una gran verdad y una gran mentira de lo que se mueve en torno a ellos?
-Podría decir muchas verdades y algunas mentiras. Por concretar, diré una de cada, para compensar la balanza. Una gran verdad es que los ochomiles no son todo en el alpinismo y que hay muchas otras disciplinas alpinísticas que tienen tanto interés o más. Pero sin duda subir a los catorce ochomiles del planeta no es fácil, es un proyecto muy difícil y exige una gran determinación en los alpinistas que lo afrontan.
Una gran mentira, sin ningún género de dudas, es el uso de oxígeno artificial en esta actividad deportiva. Es muy común que nos vendan ascensiones al Everest como algo puntero y extraordinario alpinísticamente, cuando en realidad se ha utilizado oxígeno embotellado. De esta forma, arrebatan a la montaña su principal dificultad -su altura extrema de casi 9.000 metros- y dejan una montaña asequible, a la medida de sus posibilidades. El Everest seguirá siendo una montaña muy difícil de casi 9.000 metros, sólo al alcance de unos pocos alpinistas. Para la gente que va con oxígeno artificial nunca será una montaña de esa altura. Será de la que hayan decidido que son capaces de subir. Entonces pregunto: ¿Para qué vas al Everest? Δ
Soñando con  Ochomiles. Carlos Pauner, alpinista

 

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