Me atrevería a decir que todos los millones de espectadores que vibramos con Avatar nos hemos sentido un poco defraudados con el reparto de los Oscar. Pero, mirando la realidad con frialdad, el resultado fue lógico, porque Avatar es la antítesis de que lo representa la Academia, la antítesis de lo que representa el imperio yankee, la antítesis de lo que siempre nos han vendido como 'bueno' como 'épico', como 'glorioso'.
Por eso, no es casualidad que la película vencedora esté enfocada en la guerra, y en la guerra de Irak, acontecimiento que refleja todas las miserias del imperio yankee, donde todos sus defectos morales quedaron, una vez más, expuestos al público, expuestos al mundo. Sería absurdo que Avatar se llevara el Oscar a la mejor película puesto que en ella se recoge como unos indígenas, con flechas y lanzas, pero con mucha fuerza interior, derrotan a los todopoderosos marines y los mandan de vuelta a su semidestruida Tierra. Además, esos indígenas dejan muy claro cómo debe de ser la vida, la relación auténtica del hombre con la naturaleza. Y ello en contraposición con la actitud depredadora e irresponsable de los “alienígenas” humanos. Sería absurdo que Cameron se llevara el Oscar al mejor director porque su película, Avatar, es más, mucho más, que una película ecológica, como ahora pretenden definirla. Cameron envía un mensaje, entre líneas, que llegó al interior de millones de seres humanos, que fue recogido y que circula a través de Internet, unificando sensibilidades, unificando sueños y esperanzas. Es posible, incluso, que Cameron no sea consciente de todo lo que representa Avatar. Es posible que sea la película clave en el momento justo. Es posible que no sea para todos, pero sí para muchos. Pero lo que sí es seguro es que deja en muy mal lugar al ser humano prepotente, espiritualmente ignorante e irrespetuoso con la naturaleza y todo lo que ésta significa y supone para la vida. El problema es que ese tipo de ser humano está representado por el modelo yankee, con toda su arrogancia y, de paso, toda su estupidez e incultura. Cameron no podía llevar el Oscar al mejor director porque, con Avatar, ataca las bases más sólidas del sistema y deja en ridículo todo lo que éste representa. El resto, lo que subyace en la película, la conexión eléctrica entre los indígenas y la vida de Pandora, e incluso con el planeta mismo, es algo que también existió aquí y que en un futuro volverá a existir, cuando los “marines” de todo el planeta sean “expulsados”. En cualquier caso, es “curiosa”, por decirlo de alguna manera, la coincidencia entre el contenido de Avatar y el título de la película ganadora. En Avatar, los prepotentes marines, apoyados por unos empresarios ambiciosos y sin escrúpulos, también están “En Tierra hostil”, y también, como sucede en Irak, desprecian la dignidad de la Tierra y de sus habitantes, pero son derrotados y expulsados por la pureza, la unidad y la colaboración de algunos humanos que sintonizan con los indígenas, que comprenden la naturaleza profunda y espiritual de Pandora, que vibran con lo auténtico, que es lo mismo que ellos son y sienten en su interior. “En Tierra Hostil”, la película ganadora, es en cambio un intento más de justificar, mediante la autocrítica, lo ya injustificable. No aporta nada nuevo respecto a otras que tuvieron como referencia Vietnam, Corea, o cualquier punto del planeta donde los yankees hayan pisoteado la dignidad y las vidas de los indígenas. En cualquier caso, la comparación entre ambas es absurda, porque una, Avatar, toca dentro al espectador sensible, mientras que “En Tierra Hostil” por no tocar no toca ni fuera. No añade nada nuevo al cine. No aporta nada que despierte sensaciones o esperanzas. Parece demasiado evidente que de lo que se trataba era de no premiar a Avatar. Pero, a estas alturas, cada uno sabe perfectamente lo que experimenta en su interior viendo una u otra película. Los millones de espectadores que han sido impactados por Avatar, que han vibrado, que se han emocionado, que han vivido, incluso, la sensación de conocer ese mundo mágico llamado Pandora y a sus habitantes, esos no van a modificar sus sensaciones porque la honorable Academia de los Oscar haya considerado que no se debía premiar a una película “ecológica de ciencia ficción”. ¡Qué forma tan pobre de calificar a una obra de arte! Tal parece que el jurado de la Academia estuviera formado por los marines expulsados de Pandora. Qué extraño es el ser humano. Cuánto le cuesta ser como un niño y soñar. Cuántas vivencias se pierde por creerse adulto y sabio. En fin, algún día será. En el futuro. En otro espacio. Δ
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