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Brotes verdes en la Gran Manzana

Escrito por David Rodríguez Seoane. 28 Enero 2010
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La ONG Green Guerrillas promueve la plantación de espacios verdes en terrenos abandonados de las grandes metrópolis. Nueva York cuenta ya con 600 huertos y jardines fruto de esta iniciativa que cuenta con cientos de voluntarios que buscan un entorno más hospitalario.
Todavía quedan espacios reservados para la naturaleza entre las luces y las sombras de los imponentes rascacielos de Nueva York. Ése es el objetivo que la ONG Green Guerrillas persigue desde 1973: llenar esta gran ciudad de zonas verdes.
Steve Frillman, director ejecutivo de esta organización, es uno de los principales responsables de que más de 600 huertos y jardines crezcan y embellezcan el hormigón y el asfalto de una de las mayores aglomeraciones urbanas del mundo.
“Lo que realmente me interesa de este proyecto no es el jardín, los tomates y las patatas que se producen, sino ver a 25 o 30 personas trabajando juntas, codo con codo, y creando nuevos programas”, explica este neoyorquino que lleva 15 años al frente de una iniciativa que ha tenido una gran acogida allí donde se ha puesto en marcha.
Así, además de lugares tan emblemáticos de la Gran Manzana como Manhattan, Brooklyn o Queens, también otras ciudades estadounidenses o el mismo Londres en Europa han participado de buen grado en alguna de las propuestas ecológicas que promueve esta ONG.
En muchos de estos espacios naturales se practica el cultivo de hortalizas, plantas y frutales del que se recogen importantes cosechas de productos de extraordinaria calidad, sin punto de comparación con los que por costumbre copan las estanterías de cualquier supermercado. “Si hay un solar vacío, debemos ir, limpiar y plantar”. Así funciona el trabajo que cada día llevan a cabo cientos de voluntarios con la intención de teñir de verde el gris de las grandes urbes, cada vez más artificiales y menos humanas. Su labor no depende de ningún tipo de ayuda institucional, actúan solos. Sin los tedios y las interrupciones de la burocracia de por medio todo es mucho más sencillo.
Es suficiente que varias personas se unan para actuar en una misma dirección para que su empresa llegue a buen puerto. Ésta fue la consigna que siguió Liz Christy, la pionera. Casi cuatro décadas atrás, reunió por primera vez a decenas de cooperantes para llenar de vida la soledad de los espacios abandonados que los rigores de una época de crisis dejaron en Nueva York a principios de los años setenta.
Hoy, aquellos solares inertes se han convertido en puntos de encuentro para la comunidad. Centros sociales, de acción o de reunión para todo un vecindario. Espacios en los que compartir experiencias en un ambiente saludable y en los que poner nombre y afecto a los rostros que entre la rutina y las prisas pasan completamente desapercibidos.
Pero no sólo son los paisajes los que mejoran y las relaciones interpersonales las que se fortalecen sino que también la dieta y, sobre todo, la salud. En muchos de estos espacios naturales se practica el cultivo de hortalizas, plantas y frutales del que se recogen importantes cosechas de productos de extraordinaria calidad, sin punto de comparación con los que por costumbre copan las estanterías de cualquier supermercado.
La presencia de estos jardines entre los adoquinados y el humo de los coches consigue para el viandante el mismo efecto que el de un oasis en medio del desierto. Son auténticos remansos de paz, en medio de una jungla de alquitrán, en los que se puede respirar aire fresco y huir, al menos durante algunos minutos, de los semáforos y los ruidos de la acera de en frente.
Puede que en estos días de vacas flacas en los que parece que la vieja maquinaria del mundo funciona con retraso, haya un momento propicio para dar rienda suelta a la imaginación y apostar por ideas tan positivas e innovadoras como la que presenta Green Guerrillas.
“La crisis puede ser una oportunidad para la movilización ciudadana”, afirma Frillman, consciente de las dificultades que entraña la situación actual para conseguir financiación para el sustento de cualquier proyecto de estas características pero convencido de que el único método para salir de ella es a través de la acción conjunta y solidaria de la sociedad.
Quizás, muchas ciudades de los cinco continentes puedan encontrar en este ejemplo el modelo a seguir para construir un entorno más hospitalario con sus habitantes. Quizás, el mundo tenga remedio si abandonamos de una vez por todas las cavilaciones eternas y postergamos los trámites y solicitudes para cuando tengamos tiempo. Ahora que ya no lo tenemos, hay que pasar a la acción. Δ

David Rodríguez Seoane. Periodista. CCS.

 

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