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Arqueoastronomía: unir el cielo y la tierra. Juan Antonio Belmonte, Investigador del Instituto Astronómico de Canarias (IAC)

Escrito por José M. López 08 Enero 2010
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La arqueoastronomía estudia los yacimientos arqueológicos relacionados con la astronomía y profundiza en los conocimientos astronómicos que llegaron a adquirir los diferentes pueblos antiguos. En nuestro país, el investigador Juan Belmonte es uno de los expertos en el tema.
juan-antonio-belmonteLa fascinación que las estrellas han producido siempre en el hombre ha quedado expresada a lo largo de la historia, tanto en los mitos como en el arte. El fenómeno megalítico, las pirámides de Centroamérica y de Egipto, o las ancestrales inscripciones mesopotámicas y chinas reflejan el interés que el firmamento ejercía sobre las antiguas civilizaciones. Astronomía y arqueología se unen en una rama de la ciencia, la arqueoastronomía. El Investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y presidente de la Sociedad Europea de Astronomía Cultural (SEAC), Juan Antonio Belmonte, nos acerca al tema en su libro “Reflejo del cosmos. Atlas de arqueoastronomía del Mediterráneo antiguo.”
-En su libro explora lugares como la cueva de Altamira, la mezquita de Córdoba e incluso las pirámides de Egipto. ¿Qué tienen en común y de qué modo reflejan la forma de ver el cosmos de las antiguas civilizaciones?
-En común tienen el cielo, que es el mismo para todos. Hay un único firmamento para todos, que cada cual trata de entender de la mejor manera posible en el contexto de su propia cultura.
El objetivo fundamental que tiene una determinada cultura es orientarse de una manera adecuada en el tiempo y en el espacio, aparte de la organización social y económica. Eso a su vez lleva a la creación de un calendario que puede ser sagrado, profano o ambas cosas. Y también a la orientación en el espacio de una manera adecuada, bien con fines prosaicos, o bien con fines rituales relacionados con aspectos metafísicos de su cultura. Para conseguir ambas cosas la herramienta fundamental es la observación del cielo.
“La astronomía es la única ciencia capaz de responder a las preguntas básicas: ¿quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos? ¿Estamos solos en el universo?”
-¿Qué grado de conocimiento astronómico llegaron a tener las antiguas civilizaciones?
-Depende mucho de las culturas. Y también depende mucho del grado de conocimiento que nosotros tengamos de esa cultura. No es lo mismo una cultura viva, a la que podemos estudiar en directo, que otra de la que tengamos sus propios textos, o que otra de la que lo único que nos queda son sus restos arqueológicos. Podemos pensar que la civilización mesopotámica era muy avanzada astronómicamente, porque tenemos las tablillas cuneiformes que hablan de las observaciones del cielo. Y por el contrario también podríamos pensar que la cultura egipcia era menos desarrollada, porque lo único que conservamos de ella son fundamentalmente textos de carácter sagrado, puesto que los textos de carácter profano que se escribían en papiro, se han destruido en un porcentaje elevadísimo frente a las tablillas de arcilla de Mesopotamia.
También tenemos por ejemplo culturas como la del fenómeno megalítico, de las que carecemos por completo de textos, de modo que vamos un poco a ciegas a la hora de interpretar los Arqueoastronomía: unir el cielo y la tierra. Juan Antonio Belmonte, Investigador del Instituto Astronómico de Canarias (IAC)alineamientos astronómicos que encontramos.
-A pesar de estas dificultades, ¿se sabe cuáles han sido las civilizaciones más avanzadas, las que más conocimientos llegaron a adquirir?
-Es difícil de saber. Yo te podría decir que los antiguos mayas eran muy avanzados, porque tenemos textos que podemos leer y entender, y porque sabemos que observaban el cielo de una manera obsesiva. Pero también es verdad que hace veinte años se tenía la idea de que la cultura maya era una cultura de sacerdotes astrónomos que se dedicaban todo el tiempo a observar el cielo pacíficamente, y hoy día sabemos que los reyes mayas eran en realidad unos personajes bastante sanguinarios, y que la observación del cielo servía como justificación de su poder. Y este cambio de vista tan espectacular se ha producido simplemente por el hecho de que en los últimos veinte años se han conseguido traducir los propios textos mayas.
“La punta de lanza de la revolución científica fueron los astrónomos, y lo siguen siendo hoy en día”.
-¿Cuáles son actualmente las líneas de investigación más vanguardistas de la arqueoastronomía?
-Hay varias. Por ejemplo en Mesoamérica el desciframiento de los glifos mayas ha llevado a una revolución completa en la forma de entender la astronomía de esa cultura. Y sigue ocurriendo. Hay todavía cosas de la organización del tiempo maya que no se entienden con claridad, y se están analizando ahora mismo en profundidad.
En la cultura del antiguo Egipto los egiptólogos ignoraron durante décadas cualquier posibilidad de interés o de ayuda por parte de la arqueoastronomía. Afortunadamente en la última década eso ha cambiado bastante, y en ese sentido estoy muy orgulloso porque creo que mi trabajo ha contribuido en parte a ese cambio.
Otra línea que quizá no esté tan de moda actualmente, pero que en los últimos diez años produjo una auténtica revolución, es la de los trabajos sobre el fenómeno megalítico. Sobre todo porque se empezó a dar peso a las generalidades, en vez de a las singularidades. No a monumentos individuales como puede ser Stonehenge sino al estudio de grandes grupos de monumentos. Stonehenge no se ha entendido hasta que no se ha puesto en su contexto con otra serie de monumentos similares existentes en ese sector de Inglaterra. Antes se hablaba de que era un observatorio, hoy en día sabemos que es un templo funerario que esconde orientaciones astronómicas.
Y por último también siguen existiendo importantes estudios en Mesopotamia, en Grecia y en la antigua China.
-¿Hasta qué punto son importantes para la arqueoastronomía los mitos de las antiguas civilizaciones?
-Muy importantes. Sin los mitos muchas veces somos incapaces de interpretar nuestros datos, ellos nos dan la clave. Podemos hablar de astronomía como ciencia sólo a partir del Renacimiento, antes la astronomía estaba íntimamente ligada a la religión. Por ejemplo Arqueoastronomía: unir el cielo y la tierra. Juan Antonio Belmonte, Investigador del Instituto Astronómico de Canarias (IAC)en el antiguo Egipto el 90% de la información astronómica que poseemos se encuentra en templos o en tumbas, por tanto en un contexto clarísimamente religioso.
“En Mesoamérica el desciframiento de los glifos mayas ha llevado a una revolución completa en la forma de entender la astronomía de esa cultura”.
-Una idea que se repite en la mitología de distintas culturas es la de afirmar que vienen de las estrellas…
-Venir o ir hacia las estrellas. Es relativamente común hoy en día, e incluso está en nuestro acerbo cultural que las almas van al cielo y que las estrellas son las almas de los difuntos. No es nada raro. Hay que tener en cuenta que el cielo ofrece patrones frente a la vida humana, que es impredecible. Y para luchar contra esta impredecibilidad, el cielo es maravilloso porque repite patrones un año tras otro, las mismas estrellas marcan las mismas épocas del año. La observación del cielo es uno de los principales generadores de metafísica, tanto de la metafísica del origen, de donde procedemos, como la metafísica de lo que ocurre después de la muerte. En la propia religión cristiana se dice que “vas al cielo”. Se confunden porque en realidad son lo mismo en la mentalidad religiosa.
-Las noticias de astronomía que publican los periódicos suelen ser de las más leídas. ¿Tenemos algo atávico con las estrellas? ¿Tendemos a imitar la costumbre arcaica de nuestros antepasados a mirar el cielo?
-Es que la astronomía es la única ciencia capaz de responder a las preguntas básicas: ¿quiénes somos, de dónde venimos a dónde vamos? Y otra pregunta que también interesa mucho a la gente: ¿estamos solos en el universo? Esta última pregunta empezamos a responderla con los estudios de exoplanetas, que comenzaron hace quince años. Entonces es normal que a la gente le llame la atención. Las personas se dan cuenta de que la ciencia es capaz de responder preguntas que antes aparentemente sólo explicaba la religión; aunque el ámbito de la religión cada vez es más reducido y el ámbito de la ciencia es cada vez mayor. La astronomía fue la punta de lanza de la revolución científica en el siglo XVI: Tycho Brahe, Kepler, Galileo fueron los revolucionarios; ellos abrieron la puerta a Newton y de ahí a lo que tenemos hoy en día. Luego Linneo revolucionó la botánica, Lavoisier la química, etc. pero la punta de lanza de la revolución científica fueron los astrónomos, y lo siguen siendo hoy en día. Δ
Arqueoastronomía: unir el cielo y la tierra. Juan Antonio Belmonte, Investigador del Instituto Astronómico de Canarias (IAC)
 

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