.

Quién está en línea

Tenemos 126 lectores conectados
Opinión Opinión El Gran Hermano del siglo XXI

El Gran Hermano del siglo XXI

Escrito por David Rodríguez Seoane 27 Diciembre 2009
( 5 Votos )
Imprimir
El Gran Hermano del siglo XXI 4.0 out of 5 based on 5 votes.
Vivimos en una sociedad 'orwelliana' que se vigila a sí misma, ante la necesidad de controlarlo todo y de tranquilizarse con una falsa noción de seguridad. A pesar de todo, el hombre tiene todavía la oportunidad de plantarle cara al sistema y conservar su intimidad.
Vencida la primera década del siglo XXI y 25 años después de la fecha anunciada por George Orwell, se cumplen algunas de las profecías de 1984. La sociedad se vigila a sí misma. El miedo a lo inesperado y la necesidad de controlarlo todo han hecho del mundo un gigantesco escenario en el que todos somos observados por un omnipresente Gran Hermano.
Miles de cámaras de vigilancia observan, camufladas entre los edificios y el mobiliario urbano, las calles por las que cada día pasan millones de personas en cualquier ciudad del mundo. Cintas y cintas de material audiovisual que recogen en sus grabaciones cada movimiento. Muchas veces, nadie llega a revisarlas pero su simple presencia coarta la libertad del individuo. Culpable, hasta que no se demuestre lo contrario.
La vida parece ahora desarrollarse en una inmensa cárcel de la que todos somos prisioneros. Un centro penitenciario ideal como él que el filósofo Jeremy Bentham concibió, a finales del siglo XVIII, con el nombre de Panóptico. En él, un solo vigilante podía controlar a todos los presos sin que estos supieran si eran vistos. La mirada del otro acababa siendo interiorizada por el reo hasta que él mismo se convertía en vigía.
La realidad cambia por el hecho de ser observada. Por eso no podemos ser estrictamente objetivos porque no somos objetos, según la intuición Hoy, la privacidad es un concepto que no tiene un dominio registrado en Internet. El derecho a la intimidad está más en entredicho que nunca. de Heisenberg.
Saber que hay “ojos” que no sólo vigilan sino que, llegado el momento, juzgan provoca un cambio drástico en el modo que cada persona tiene de aproximarse al mundo. Ya no somos nosotros mismos, únicamente cuerpos que actúan bajo las órdenes del miedo y la inseguridad, una suerte de paranoia.
Pero la posibilidad de ser vigilados ya no sólo es trascendente entre los límites estrictos de lo real. En los últimos años, el espectacular avance de Internet ha propiciado un espacio virtual en el que dar rienda suelta a las predicciones de Orwell y a las teorías “benthamianas”. Bastan dos cifras para comenzar a reflexionar. La empresa de medios Yahoo! captura una media mensual de 2.500 datos sobre sus 250 millones de usuarios. Así lo entiende el periodista y escritor estadounidense Stephen Baker, en su libro Los Numerati en el que analiza las nuevas técnicas de marketing en la red.
Baker bautiza como los numerati a los ingenieros, matemáticos e informáticos que criban la información que se genera de manera constante en cualquier acto cotidiano que realizamos en la web. “Para ellos, nuestros registros digitales crean un enorme y complejo laboratorio del comportamiento humano”. Las huellas que dejamos mediante el uso del correo electrónico o las búsquedas que ejecutamos son pistas que utilizan – basándose en puros análisis estadísticos – para describir un mapa completo de nuestros gustos e intereses. Al final de ese rastro, lo único que hay es un escalofriante método publicitario conocido como “targeting del comportamiento”.
Hoy, la privacidad es un concepto que no tiene un dominio registrado en Internet. El derecho a la intimidad está más en entredicho que nunca.
Con todo esto, muchos expertos no han dudado en calificar como “orwelliana” a esta sociedad de principios de siglo que nos incluye y que cada vez muestra más paralelismos con la novela del autor británico y con otras narraciones de ficción distópicas como Un mundo feliz de Aldous Huxley o Farenheit 451 de Ray Bradbury. La llegada de la posmodernidad no ha hecho más que confirmar la verdad que se esconde en utopías perversas sobre sociedades imaginadas por la literatura. Por fortuna, el mundo todavía no ha llegado a ser como pronosticaban estos novelistas pero muchas de sus descripciones mantienen ya un inquietante parecido con la realidad.
Los sistemas de vigilancia y control proliferan por doquier. La espada de Damocles que, entre otros enemigos sin rostro, el terrorismo internacional ha pendido sobre nuestras cabezas nos acobarda de tal modo que la balanza entre la libertad y la seguridad cae siempre del lado de la segunda. Nos sentimos vigilados, y eso lejos de horrorizarnos incluso nos tranquiliza.
Es cierto que muchas miradas, más de las que pensamos, recaen sobre nuestro quehacer diario y estrechan nuestras libertades. Pero, a pesar de todo, el ser humano mantiene su protagonismo y la responsabilidad de decir “hasta aquí”. La historia no tiene que haber ocurrido como nos la contaron. Δ

David Rodríguez Seoane. Periodista. CCS.

 

Comentarios   

 
0 #1 Rogelio 28-12-2009 16:46
Desgraciadamente los malhechores, los enemigos, ya no manifiestan su verdaderas intenciones, han tirado a la basura sus caretas, sus uniformes, han dejado de izar la bandera de piratas, atacando en cualquier sitio y cuando menos se lo piensa, teniendo la misma pinta que nosotros mismos, por lo cual el Gran Hermano a fin de proteger los buenos contra los malos bien camuflados considera delincuente a cado uno de nosotros, por si las moscas. En las guerras de hoy los tradicionales frentes han desaparecido.

Este escenario es utilizado por determinados grupos de la sociedad para hacer cundir el pánico intentando crear en la sociedad este ambiente de permisividad necesaria, fingiendo que cada medida de seguridad adoptada al fin y al cabo es por nuestro bien, sin embargo, una vez abierta la caja de Pándora, es difícil cerrarla y volver al punto de partida.

La globalización tan idolatrada demuestra cada día más que es un castillo de naipes que a la menor sacudida puede derrumbarse, por lo cual sus pregoneros no pueden menos que aceptar esta telaraña de medidas de seguridad ideada para garantizar su continuidad.

Es bastante curioso que estos avances técnicos de las últimas décadas no hayan hecho más que hacernos más transparentes y restringir nuestras libertades hasta extremos ya no aceptables para muchas mentes sensibles en vez de hacernos más libres.
Citar | Reportar al moderador