.

Quién está en línea

Tenemos 102 lectores conectados
Actualidad Un sistema suicida

Un sistema suicida

Escrito por Xavier Caño Tamayo 27 Diciembre 2009
( 6 Votos )
Imprimir
Un sistema suicida 4.7 out of 5 based on 6 votes.
No hay compromiso firme de limitar las emisiones de CO2 y frenar el calentamiento de la Tierra por los torpes y miopes intereses nacionales, sectoriales y empresariales. Este voraz capitalismo neoliberal es estúpidamente suicida.
Cambiar a una economía baja en emisiones de CO2 no será barato.
Ésta es una de las verdades de la Cumbre del Clima de Copenhague. La Agencia Internacional de la Energía calcula que los cambios en la producción y uso de la energía y en el transporte que son necesarios para reducir las emisiones de gases contaminantes y limitar a 2 grados de calentamiento, tal como se ha propuesto en la cumbre, suponen una inversión de más de once billones de euros hasta 2030. Sólo hasta 2020, unos tres billones.
Angela Merkel, canciller de Alemania, hizo un dramático llamamiento para un acuerdo vinculante que limite el aumento de la temperatura a 2 grados: “Si no tomamos las medidas oportunas, nos arriesgamos a daños dramáticos”. No le han hecho caso.La otra verdad diáfana es que si no frenamos el calentamiento global, la Tierra con su gente, su flora y su fauna se van al carajo.
Una tercera, que este capitalismo de nuestros sufrimientos es voraz hasta la estupidez. Y una cuarta que, visto el resultado, el mundo lo dirigen necios rematados
La inversión para frenar el calentamiento global es para ahorrar energía, sustituir fuentes contaminantes de energía por otras no contaminantes, captura y almacenamiento de CO2, cambios de hábitos colectivos… También hay quien apuesta por los biocombustibles para reducir las emisiones de CO2, pero ese no parece buen camino: además de las consecuencias indeseables de deforestación y perjuicio para la agricultura alimenticia por la desaforada extensión de cultivos para biocombustibles, éstos no contaminan (comparados con los de origen fósil) pero sí su proceso de producción.
Y también ha quedado claro que hay empresas que huelen mucho dinero en la limitación de CO2. El presidente de la eléctrica española Iberdrola asegura que “la única manera de bajar las emisiones es que cueste”.
“El coste de la energía va a subir” ha dicho otro empresario energético para que nos preparemos los que siempre pagamos todo. La captura y almacenamiento de CO2 “será un negocio para las empresas”, ha asegurado alguien más de ese gremio… Entonces miles de ecologistas, en manifestación por las calles de Copenhague, han gritado a esos empresarios que “es nuestro clima, no vuestros intereses”. Y denuncian que las empresas se envuelven en la bandera verde de la defensa del medio ambiente, pero les importa un rábano. Sólo quieren negocio. Continúan con esa visión (que no quiero calificar porque sonaría a palabrota atroz) de poner los beneficios por encima de cualquier cosa. Y cuanto más y más rápidos, mejor.
No hay decisión ni compromiso firmes de limitar las emisiones de CO2 y frenar el calentamiento de la Tierra. Y no los hay por los torpes y miopes intereses nacionales, sectoriales y empresariales.¿No ven que una de las cosas a cambiar precisamente es precisamente no situar el beneficio y el crecimiento económicos como primeros (a menudo únicos) motores de la vida en este planeta?¿No han aprendido nada con la crisis y con lo ocurrido en el mundo en los últimos veinte años?
El resultado necesario de la cumbre de Copenhague era un protocolo del clima reconocido por todos los Estados con acuerdo firme de reducción de emisiones de CO2 para 2020 del 25% al 40% respecto a las emisiones de 1990. Y que los países ricos ayuden al resto para que accedan a tecnologías de energía limpia.
Pero ya vemos en que ha acabado la Cumbre. Mucho bla, bla, bla, pero nada vinculante. Incluso menos que en Kioto. El parto de los montes. No, peor: la Tierra, el mundo, al borde del abismo.
Estados Unidos no quiere entrar en el Protocolo de Kioto con los países industrializados y la mayoría de los países en desarrollo no están dispuestos a asumir compromisos vinculantes, pero los Estados insulares (los que más sufrirán las consecuencias del cambio climático) recordaron que lo mínimo era seguir con el Protocolo de Kioto y crear un Protocolo de Copenhague, que incluyera en Kioto a Estados Unidos y por el que todos los países desarrollados elaborarían planes nacionales legalmente vinculantes para reducir sus emisiones del 25% al 40%. Pero nada de nada.
Angela Merkel, canciller de Alemania, hizo un dramático llamamiento para un acuerdo vinculante que limite el aumento de la temperatura a 2 grados: “Si no tomamos las medidas oportunas, nos arriesgamos a daños dramáticos”. No le han hecho caso.
Lo cierto es que a pesar de los datos y de las insultantes evidencias de que la Tierra se calienta, los polos se derriten, cada vez hay más tifones y huracanes desmadrados e inundaciones, los deltas se hunden y aumentan los desastres meteorológicos… no se toman las medidas necesarias para salvar la vieja Tierra. Y no olvidemos que salvar la Tierra es salvarnos a todos.
No hay decisión ni compromiso firmes de limitar las emisiones de CO2 y frenar el calentamiento de la Tierra. Y no los hay por los torpes y miopes intereses nacionales, sectoriales y empresariales.
Decididamente este voraz capitalismo neoliberal es estúpidamente suicida. Δ

Xavier Caño Tamayo. Periodista y escritor.

 

Escribir un comentario

Los comentarios por parte de visitantes y usuarios registrados quedarán pendientes de aprobación, y será sometido a un importante filtrado.
No se permiten comentarios subidos de tono.
No se permiten comentarios que hagan alusión a contenido adulto.
No se permiten comentarios que insulten o agredan verbalmente a cualquier otro usuario, persona o empresa, escritos de forma incorrecta, en mayúsculas, sin tildes o al estilo SMS.
Los comentarios deberán hacerse en el lugar apropiado y tratando el tema adecuado.
Todos los comentarios que no cumplan estos requisitos serán directamente eliminados.


Código de seguridad
Refrescar