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Opinión Opinión Uruguay: Habemus Presidente

Uruguay: Habemus Presidente

Escrito por Marcelo Méndez Rocha 11 Diciembre 2009
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Uruguay: Habemus Presidente 3.7 out of 5 based on 3 votes.
Hubo gritos, risas y llantos. Los hubo de alegría y de tristeza. Y quizás esto sea el reflejo de lo que fue la campaña política previa a las elecciones.
Predominó la emoción sobre la razón. Hubo (Partido Blanco, oposición y de corriente derechista) quién apeló a una campaña sin argumentos que probaran una proposición seria sobre política de estado. Solo apuntaron sus cañones hacia un sumario de actos y hechos con poca lógica, ofendiendo la capacidad racional y moral de cualquier hombre o mujer. Los otros (Frente Amplio, partido de gobierno y de izquierda) se limitaron a que los “Blancos” hicieran la campaña por ellos; su mejor respaldo exigido sería, tal vez, la gestión del actual gobierno de Tabaré Vázquez (se retira con un 70% de aprobación popular).
El ser y debe ser de la confrontación de ideas, se fue perdiendo por el camino y la refutación de proyectos o procesos aplicados (teóricos o prácticos) quedo bostezando de aburrimiento. La contrapropuesta tomó su mejor perfil tácito como traje de gala. El “Híbris” de lo “No Formal” dominó los spot publicitarios. El resultado “del merecido castigo” (¿?) fue para una derecha que no supo jugar su partido decisivo; no administró la pelota, no fue ordenada y su ofensiva fue tosca sin claridad para definir. La izquierda La mente del hombre tiene que estar más dispuesta, más abierta que nunca. Dar el brazo a torcer, ceder en algunas cosas, no es una cuestión de honor; es una cuestión de inteligencia.se “plantó en la cancha” conociendo su ventaja, limitándose a que el tiempo pasara, sabiendo de la desesperación del contrario. Su juego no fue bonito ni vistoso, pero fue efectivo.
Al final la izquierda repite por segundo año consecutivo un gobierno nacional. ¿Un ex guerrillero como presidente? Sí, efectivamente. Pero si limitamos nuestra visión de proyección hacia el futuro a una sola persona, creo que estamos mal psíquica, física y moralmente. Si la ambición y progreso de tres millones de personas (un país entero) se reduce a una sola persona, estamos ante un problema existencial más que social, político, económico, ético, estético o tradicionalmente idealista. Gobernar no es tarea de una sola persona y el mejor regulador es quién elije: el pueblo. Tanto la ciudadanía, como la oposición, deben ser el mecanismo esencial para ordenar o normalizar el cumplimiento de las normas y leyes, como así también de sus órganos ejecutores a través de sus instituciones. Un gobierno es una figura con varias aristas, cada una con su valor propio y agregado.
Adentrados y obligados a convivir con el ambicioso y exigente siglo XXI, la idea debe transformarse para el buen uso colectivo. De hecho, para aquellos que quieren mantener la tradición, esto no sería más que reinterpretar, criticar y ver la realidad de esa propia tradición política. De no hacerlo, el valor alcanzado (o valor dado) se va depreciando en la idea natural del mismo individuo. Quizás la idea de “transformar” la cabeza colectiva de una nación no está ligada a un sentido peyorativo malicioso; pero sí sobre una nueva concepción de evolución del hombre y los axiomas contemporáneos. No hablo de mudar la idea del “génesis” político hacia otra radicalmente distinta, sino tratar de buscar puntos de encuentro, renovar y actualizarnos para posarnos en otro estadio saludable y beneficioso. La idea de “fusionar” conceptos no puede ser loca ni atrevida, sino democrática.
El mundo, la historia y el hombre fueron cambiando por necesidad. Hoy las necesidades de perfeccionamiento se consiguen entre todos y no entre unos pocos. La mente del hombre tiene que estar más dispuesta, más abierta que nunca. Dar el brazo a torcer, ceder en algunas cosas, no es una cuestión de honor; es una cuestión de inteligencia. Hablemos de Aristóteles, de Platón, también de Kart Marx o Antonio Gramsci y porqué no de Adam Smith o Jacob Fugger. La hegemonía (o para ser más específico) la supremacía de cualquier tipo nunca puede ser tal útil como la democratización de atributos individuales y colectivos puestas a servicio de la mayoría (todos). Nuestros diádicos tienen como obligación ser mejores que nosotros, para eso hay que enseñarles que dos ideas pueden convivir y que el desprecio o la violencia no son una opción válida.
Salud (por izquierda y por derecha) al pueblo uruguayo. Δ

Marcelo Méndez Rocha. Técnico en Administración. Uruguay.

 

Comentarios   

 
0 #1 daniel 11-12-2009 18:55
Eso, salud! Y que sepamos ser merecedores de ella.
(revisale el nombre a carlitos marx que les quedó mal)
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