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Editorial Editorial Saber escuchar y saber pensar

Saber escuchar y saber pensar

Escrito por Fusión 10 Noviembre 2009
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Alguien dijo que 'para aprender a pensar hay que aprender a escuchar', y no sólo tiene razón sino que además es cierto.
Saber escuchar es un arte y muy pocos lo consiguen. Tal vez porque escuchar no está en función de tener los oídos limpios y todo el mecanismo auditivo en buenas condiciones, sino que depende de tener la mente enfocada en quien habla y abierta para comprender lo que dice, incluso, a veces, más bien lo que intenta decir.
Escuchar es, por tanto, una actitud mental, una función más de la mente. Pero ocurre que el ser humano está obsesionado con hablar, con decir, con expresar sus opiniones sobre todas las cosas, aunque generalmente no entienda nada de ninguna.
Invierte tanta energía en hablar que no le queda tiempo ni fuerzas para escuchar. Además, para saber escuchar hay que tener intención de hacerlo, hay que tener interés en hacerlo, hay que tener motivación y vocación de escuchante, como se dice ahora. Y eso por si mismo ya indica un interés por saber más, por conocer más, aunque sólo sea como piensan los demás o qué están diciendo en el telediario, que está puesto a todo volumen y nadie le hace caso.
Por tanto, si las palabras son sonido y el sonido es recogido por el cerebro e interpretado por la mente, la actitud de escuchar tiene relación directa con el nivel mental de la persona en cuestión. Con su necesidad de aprender.
Muchas veces hemos oído eso de “por sus actos les conoceréis”. Pues bien, antes debería ir “por su actitud al escuchar sabrás con quien estás hablando y si merece la pena”. Porque quien no sabe escuchar tampoco sabe pensar, ya que su mente no está traduciendo e interpretando correctamente los sonidos que le llegan, sino que está enredada en los más diversos y variados pensamientos mientras simula, a través de la expresión de su cara, que está absorta en lo que escucha. Pura hipocresía.
En realidad, la mente humana posee en alguna parte, justo por donde entran los sonidos procedentes del exterior, un poderoso tamiz que sólo deja pasar lo que interesa a cada uno, sobre todo lo que “conviene” a cada uno y que no cause conflicto con lo que cada uno tiene estipulado como bueno y positivo para sí mismo.
Con todo ello lo que ocurre es que somos, como consecuencia, millones de criaturas viviendo cada una en su particular burbuja, que sólo dejan pasar aquello que a cada uno le conviene según sus criterios, gustos, temores, manías, aficiones, ideologías, etc. etc. Eso hace que vivamos aislados del exterior, al margen de la realidad que nos rodea y que está en constante movimiento y transformación.
El problema está en que esa realidad es común a todos, nos afecta a todos, todos estamos involucrados en ella, pero si conectásemos todas las burbujas entre sí, tendríamos una visión mucho más clara y realista del mundo que nos rodea, en el que vivimos, o más bien, sobrevivimos como podemos y sabemos.
Tal vez algún día la ciencia oficial, que siempre va un trecho por detrás de la mal llamada ciencia-ficción, descubra que todos y cada uno de los seres humanos somos átomos de una supermente y que en la medida en que nos conectemos entre nosotros dispondremos también de más capacidad mental, del uso de más espacio mental, con todo lo que existe en él.
Claro que eso implica unidad, que es lo que menos se practica por esta parte del cosmos, pero si todo el mundo entiende eso de “la unión hace la fuerza”, aunque no siempre se practique, también se podrá entender que la unión mental nos dará acceso a más capacidad mental, a más poder mental.
Sólo que para conseguir mayor unidad mental hay que romper la propia burbuja mental de cada uno, hay que abrirse a otras “verdades”, a otras realidades, a otras formas de pensar, lo que exige que aprendamos a escuchar a los demás y analizar mentalmente, sin esquemas, sus opiniones, sus puntos de vista, o sea, que aprendamos a pensar en lo que oímos y vemos, con limpieza, con la mejor actitud, porque todos, absolutamente todos, somos unos simples discípulos, o principiantes de la supermente que nos diseñó a nosotros y a todo lo que nos rodea.
Cualquier otra actitud no sólo es errónea sino que además es estúpida. Y eso la historia de la humanidad ya lo ha demostrado infinidad de veces.
En conclusión, para no seguir siendo un idiota más del montón, empecemos admitiendo que más allá de nuestra burbuja mental también hay vida, y que esa vida puede ser hasta interesante y atractiva. Luego abramos nuestra burbuja y dejemos que los aires del exterior la ventilen y se lleven los malos olores acumulados.
A continuación conectemos con las demás burbujas y aprendamos a escuchar, con la mente, dejando que la renovación nos compenetre, dando posibilidades a que no seamos tan listos como pensábamos.
Una vez que hayamos aprendido a escuchar, nos entregamos a la noble y ardua tarea de aprender a pensar. Si lo hacemos bien descubriremos todo un universo que nos rodea, todo un mundo mental al que habíamos cerrado el acceso y que nos aporta infinitas posibilidades para evolucionar y comprender más y mejor el diseño de la creación y lo que pintamos en ella.
Y si usted está pensando que le da miedo abrir su burbuja mental de par en par y dejar que se ventile, no se preocupe, no tiene nada que perder, porque en realidad ya lo perdió todo cuando se encerró en ella.
Si quiere saber más del Cuerpo en el que existe como átomo, si quiere encontrar el sentido a su existencia, sólo tiene que conectarse mentalmente con los demás átomos. Entonces verá que todos están en la misma situación, con el mismo “problema” existencial, y malgastando eso que llamamos tiempo, en vanas y absurdas discusiones sobre quién tiene la posesión de la verdad.
Y a lo mejor descubre que la verdad es el Cuerpo y que la Unidad es el camino, el método, la solución.
Suerte si decide intentarlo. Δ
 

Comentarios   

 
0 #1 luis de Nicolás 01-12-2009 16:22
Estoy de acuerdo con todo lo que habéis planteado. Pienso también que escuchar es un poder que tenemos en nuestras manos y que nos permite conocer a los demás, equivocarnos menos, y descubrir un sinfín de oportunidades que nos trae la vida y que el ruido cotidiano nos camufla.
Nos sitúa en el privilegiado lugar del aprendiz de la vida. Invirtamos nuestro tiempo en aprender a escuchar.
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0 #2 luz prendes 02-12-2009 15:24
Creo que detrás de la no escucha está el miedo. Miedo a no tener razón, a abrirte a mundos que no tienen nada que ver con el tuyo. En el fondo creo que es un síntoma de inflexibilidad y el caballo de troya de nuestra civilización occidental.
Deberíamos de recuperar el sentido de la palabra, la conversación, la escucha, el entendimiento entre el género humano. Así nos daríamos cuenta de que no somos burbujas. Me parece bien intentarlo!!!!
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