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Firmas Federico Mayor Zaragoza 17 de octubre, ¿'mani-festación' o 'mani-pulación'?

17 de octubre, ¿'mani-festación' o 'mani-pulación'?

Escrito por Federico Mayor Zaragoza 22 Octubre 2009
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17 de octubre, ¿'mani-festación' o 'mani-pulación'? 4.6 out of 5 based on 7 votes.
Se moviliza mucha gente buena en favor de principios tan esenciales como ambiguos: 'En favor de la vida' (¿quién puede estar en contra?). 'Por la mujer' (¿quién puede dejar de adherirse con entusiasmo, después de siglos de marginación?).
0808_firmas_mayor_zaragoza.jpgPro-vida, sí. Por la calidad de vida he luchado y sigo luchando desde hace muchos años: ya en el década de los 60 puse en marcha el Plan de Prevención de la Subnormalidad Infantil y me dediqué, a través de la Bioquímica perinatal, a estudiar el impacto de la hipoxia en el momento del parto y la forma de evitar sus efectos… Y he sentido en Auschwitz una emoción imborrable; y he visto en muchos lugares del mundo la miseria, la pobreza, el abandono, el desamor más inhumano… y he hecho cuánto he podido para mitigarlo; y he escrito “En nombre de los niños muertos” proclamando que me pondría siempre al frente de cualquier acción, protesta o propuesta en su favor… como fue, recientemente, la manifestación –era también pro-vida- contra la brutal agresión en Gaza; y contribuí a la elaboración del Plan de las Naciones Unidas para reducir impacto de las catástrofes naturales… Escribo todo esto para que quede claro que estar en favor de la vida es lo lógico, lo que cabe esperar de cualquier persona, que renueva cada día el propósito de “amar al prójimo como a uno mismo”.
A nadie en su sano juicio “le gusta” el aborto. Todos en su sano juicio estarán a favor de la vida, pero de todas las vidas, empezando por las ya existentes, sin malabarismos de potencias y potencialidades. Todas las vidas: las de los niños que mueren en las guerras, Ahora resulta que el cigoto, las células madre,… hasta la educación ciudadana son temas en los que la Iglesia “oficial”, en lugar confiar en la comunidad científica y académica, quiere imponer sus criterios. en los campos de exiliados o refugiados, las de los niños-soldado, las de los niños de la calle, la de los 35.000 niños que mueren de hambre, desamparo y olvido cada día… Porque estos niños no son cigotos o proyectos de vida. Son niños que mueren de muerte cierta.
Por estas razones, estoy completamente en contra de cualquier manifestación interesada, parcial, manipulada, estimulada por quienes, basados en la buena fe y correctas intenciones de muchos de los asistentes, consiguen frutos (siempre amargos a la postre) para sus objetivos religiosos, políticos, electorales. Esto es detestable.
No se trata de “aborto, sí; aborto, no”. Se trata de ampliar la ley que lo regula, no de consentirlo. Esta ley, por cierto, que se promulgó para evitar los abortos clandestinos o los que, los más pudientes, realizaban fuera de nuestras fronteras, se aplicó “normalmente” durante los ocho años –medio millón de abortos en este periodo- en que gobernaron los mismos que mañana, con su ex–lider al frente, se manifestarán con grandes aspavientos.
Lo que hay que procurar disminuir es el número de abortos actuales (unos 100.000 al año), evitando embarazos, siguiendo todo el proceso de gestación con las medidas sanitarias y sociales adecuadas, estando alerta en el momento crucial del nacimiento… y asegurando luego una vida en condiciones propias de la “igual dignidad humana”.
Es en esto en lo que hay que invertir, en lugar de hacerlo en armas de guerras pretéritas. No me canso de recordar la vergüenza colectiva que representa el que hoy se inviertan 3.000 millones de dólares al día en armas… al tiempo que mueren de hambre más de 60.000 personas, la mitad de ellos niños.
Se trata de proteger la vida del no nacido para asegurar, en toda la medida de lo posible científicamente, la calidad de vida del neonato.
Nacer dignamente.
Vivir dignamente.
Morir dignamente.

La Iglesia “del Evangelio y de las sandalias”, según expresión del Obispo Pere Casaldàliga, se preocupa de estos tres grandes desafíos de amor, para el cambio radical que requiere el otro mundo posible que anhelamos. La mayor parte de la Iglesia y de los creyentes piensan así y ven con pesar las actuaciones “públicas” de la Conferencia Episcopal, que no refleja sus sentimientos. Es la misma cúpula eclesiástica que prohíbe cualquier forma de anticonceptivos y que, a efectos internos, sustituye la pedofilia por la efebofilia.
Nunca olvidaré el 10 de noviembre de 1979, cuando tuve el honor, al lado del Papa Juan Pablo II, de conmemorar en la Academia Pontificia de Ciencias el centenario del nacimiento de Albert Einstein. Asistían Don Severo Ochoa y varios premios Nobel. “Galileo, dijo el Santo Padre, tuvo que sufrir mucho –no sabríamos ocultarlo- de parte de hombres y organismos de la Iglesia. El Concilio Vaticano II reconoció y deploró ciertas intervenciones La ciencia, por fortuna, no depende de los votos ni de los vetos. En la calidad de vida, dejemos a los científicos. En el ámbito de lo espiritual, de la razón y el destino de la vida, que cada ser humano decida libremente en virtud de sus creencias. indebidas… Deseo que teólogos, sabios e historiadores... reconociendo lealmente los desaciertos vengan de la parte que vinieren, hagan desaparecer los recelos que aquel asunto todavía suscita… el conflicto áspero y doloroso que se prolongó en los siglos siguientes... En esta Academia, colaboran sabios creyentes y no creyentes, de acuerdo con la investigación de la verdad científica y con el respeto a las creencias ajenas”. Al final, el Papa me dijo que “a la Iglesia no le preocupa cómo es y funciona el Universo, la creación, si la Tierra es redonda o si se mueve por sí misma… A la Iglesia no le concierne la materia si no el espíritu”. El espíritu humano, la expresión suprema de la creación.
Sin embargo, ahora resulta que el cigoto, las células madre,… hasta la educación ciudadana son temas en los que la Iglesia “oficial”, en lugar confiar en la comunidad científica y académica, quiere imponer sus criterios.
Como científico y creyente pienso que es un error. Más error cuando se sitúa al lado de opciones políticas. Más error cuando saca conclusiones totalmente equivocadas de este tipo de actividades… como si la “humanización” del embrión y el desarrollo del feto se modificaran en virtud de las mismas. La ciencia, por fortuna, no depende de los votos ni de los vetos. En la calidad de vida, dejemos a los científicos. En el ámbito de lo espiritual, de la razón y el destino de la vida, que cada ser humano decida libremente en virtud de sus creencias.
¡Qué bien que España “se vuelque” en la vida y la mujer! Pero con todas las vidas y durante toda la vida. Y ayudando a que la mujer, que da la vida, sea dueña, por fin, de sus propias decisiones y sea juzgada como ciudadana y no en virtud de preceptos propios de distintas religiones.
Autobuses de toda España!… Sinceramente, preferiría pensar en que se hacía una gran colecta permanente contra el hambre y la pobreza, en favor de la formación para prevenir los embarazos no deseados, para la atención personalizada de la mujer durante y después del periodo gestacional,… cuando la honda soledad diaria les hace recordar a muchas la futilidad de aquellas manifestaciones jubilosas, llenas de banderitas y sonrisas.
Todos por la vida, sí. Pero por toda vida. Y por toda la vida. Δ

Federico Mayor Zaragoza. Presidente de la Fundación Cultura de Paz.