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Dulce hogar

Escrito por Fusión 27 Agosto 2009
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El consumo y la presión social, junto a una liberación de la mujer a toda prisa ha hecho que los hogares de queden vacíos. Mey Zamora construye un discurso basado en sus experiencias, en el que reivindica las tareas domésticas como una aportación igualitaria al hogar.
Mey Zamora. Plataforma Editorial .Lo que Mey Zamora propone es políticamente incorrecto, y muchos son los que intentarán comparar sus planteamientos con el ama de casa del pasado. Sin embargo ella articula un debate en el que el hogar se convierte en punto central de encuentro de todos sus miembros, una forma de ahorro y de creación de riqueza personal. No es un libro teórico, sino que recoge la experiencia de Zamora, profesora de Ciencias de la Información que en un momento propuso a su pareja dejar su trabajo para tomar el timón de su hogar.
Si hacemos balance, hasta hace treinta años el mundo de la mujer se reducía a las tareas de su casa, hasta que con la liberación de la mujer ambos miembros se lanzaron al mercado laboral. En ocasiones por necesidad, pero también para mantener un modo de vida cada vez más consumista y más esclavo que necesitaba dos sueldos. Pagar las vacaciones, la última consola, las cenas en restaurante el fin de semana y la factura de móvil exigía trabajar fuera. En paralelo, la sociedad juzgaba negativamente el que un hombre o mujer eligiese voluntariamente dedicarse a cuidar enfermos, niños y realizar tareas caseras si no era por obligación -de hecho se acuñó el término “maruja” y “marujo” para ello-. El núcleo familiar ha sacado de esto menos menos tiempo de ocio y más estrés, pero más bienes materiales, no cabe duda.
Entonces llega Zamora con su experiencia bajo el brazo a modo de libro -Dulce Hogar- para romper moldes y afirmar que quedarse en casa genera ahorro, riqueza económica, Dulce hogarserenidad para todos los miembros, equilibrio, mejor educación para los niños y mejor atención para los familiares cercanos. Lo fundamental es que la pareja elija quién se queda y quién trabaja fuera y que se valoren ambas funciones. Porque uno trae ingresos pero el otro también crea riqueza al evitar pagos por labores externas, administra mejor el dinero, logra que todos tengan más tiempo libre y aporta calidad de vida. Mey nos da algunos trucos aderezados con anécdotas personales que hacen más amena la lectura, enfocando el trabajo en casa como algo muy creativo, que requiere una importante capacidad de organización, esfuerzo e inteligencia, además de generosidad. A lo mejor no vamos a quedarnos en casa, pero seguro que nos ayudará a no juzgar tan a la ligera el trabajo de otros. El libro sirve también para devolver el orgullo a todas las mujeres que trabajaron en su casa por obligación y nunca fueron valoradas. Δ