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Tenemos 139 lectores conectadosEscuelas de moral |
Ya sabíamos que cada persona es única e irrepetible, y ahora lo vuelve a refrendar el científico Fred Gage, poniendo sobre la mesa los genes que nos hacen personas singulares. Cada uno es lo que es y todos somos lo que somos, seres con derecho a dignidad.
Esto no es fácil de entender y mucho menos de cumplir. La crisis de moral que hoy sufre el mundo impide tomar razón y poner bases consistentes para que las desgracias dejen de golpear lo más innato del ser humano, su consideración de persona. Los derechos humanos siguen violándose hasta en tiempo de paz y esto habría que atajarlo, puesto que es un fenómeno incomprensible. Es una buena noticia, pues, que el Consejo de Seguridad de la ONU denuncie a los países y grupos responsables de implicar o abusar de los niños durante los conflictos armados, además de pugnar por hacer justicia procesando a los perpetradores y resarciendo a las víctimas. Hay que avivar la dignidad de todo ser humano por el simple hecho de serlo. Sin moral es imposible. Nadie estará a salvo y estaremos amenazados por lo que producimos nosotros mismos. A los hechos me remito: vivimos cada vez más en el miedo; Nos hace falta para retomar el sentido de lo justo y de lo recto, de lo auténtico y de la poesía. De lo contrario, vamos hacia la derrumbe mal que nos pese.en el miedo de la locura. Guerras que parecen privatizadas como negocio. Gobiernos que cortan las alas de la libertad. Justicia que si tenemos la suerte de que llegue; llega tarde, mal y nunca. Mil millones de personas sufriendo hambre y el grifo de las ayudas en merma, por una crisis que es de moral sobre todo lo demás. Para detener todos estas calamidades hay que inyectar en vena social, sobre todo a gobernantes y gentes de poder, una buena dosis formativa de conciencia para que se pueda esclarecer el juicio moral en el mundo. La conciencia moral tiene que ser el espíritu que mueve a las personas. Debe ser como ley de vida, lo que exige responsabilidad y deber, consideración y respeto. Ya en su tiempo, el singular filósofo José Ortega y Gasset, puso en nuestro camino una de sus frases célebres que hoy debiéramos ponernos como deber: “Con la moral corregimos los errores de nuestros instintos y con el amor los errores de nuestra moral”. Al final, resulta que el amor todo lo reconstruye e instruye. Nos hace falta para retomar el sentido de lo justo y de lo recto, de lo auténtico y de la poesía. De lo contrario, vamos hacia la derrumbe mal que nos pese. Con urgencia pongamos, pues, escuelas de moral en todos los puntos cardinales de la tierra. O todos nos acabaremos sintiendo mal, muy mal, por mucha ciencia que atesoremos o por muchos caudales que manejemos. La excelencia de todas las ciencias es la moral. Punto en boca. Δ Víctor Corcoba Herrero. Escritor.
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Esto no es fácil de entender y mucho menos de cumplir. La crisis de moral que hoy sufre el mundo impide tomar razón y poner bases consistentes para que las desgracias dejen de golpear lo más innato del ser humano, su consideración de persona. Los derechos humanos siguen violándose hasta en tiempo de paz y esto habría que atajarlo, puesto que es un fenómeno incomprensible. Es una buena noticia, pues, que el Consejo de Seguridad de la ONU denuncie a los países y grupos responsables de implicar o abusar de los niños durante los conflictos armados, además de pugnar por hacer justicia procesando a los perpetradores y resarciendo a las víctimas.