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Actualidad Guantánamo: saldo por liquidación

Guantánamo: saldo por liquidación

Escrito por Alberto Piris 30 Julio 2009
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Para acabar con la pesadilla de Guantánamo no sirve cambiar de nombre las injusticias y no basta con acoger a algunos presos en países europeos.
El Gobierno de España estudia la posibilidad de acoger en territorio español a algunos de los presos de Guantánamo. Según una reciente encuesta, cerca de un 60% de los entrevistados españoles se opone a la acogida de presos guantanameros. Hay quien se expresa así en la página web de un diario nacional: "La mayoría de estos presos son [...] de países que entrenan y exportan terroristas islámicos, que es lo mismo que delincuentes comunes. Es por tanto a estos países donde deben volver estos vagos". No se entiende la razón para tacharles de "vagos", tras haber soportado varios años de brutal confinamiento, ni la de equiparar a los terroristas con delincuentes comunes, en lo que no estarán de acuerdo las fuerzas de seguridad del Estado.
Se entiende que Obama busque ayuda en los países aliados para resolver la enrevesada situación que heredó de su antecesor, y es también obligado que éstos busquen el mejor modo de hacerlo, aunque sólo fuese para agradecerle que nos haya evitado la pesadilla de una Casa Blanca encabezada por John McCain y Sarah Palin.
El apasionamiento ciega con facilidad. No todos los presos de Guantánamo son terroristas. Algunos han sido detenidos injustamente, han visto violados sus más esenciales derechos humanos y han sufrido la humillación y la violencia de la tortura. Tal es el caso del ciudadano británico Binyam Mohamed. Apresado en Pakistán en 2002, fue entregado a Marruecos, luego enviado a Afganistán y por último encerrado en Guantánamo. Cabe sospechar que en ninguna de las escalas intermedias fue objeto de las atenciones que los convenios de Ginebra exigen tener con los prisioneros de guerra.
Sin pruebas que pudieran fundamentar una acusación, fue liberado tras siete años de cautiverio y retornó al Reino Unido en febrero pasado. Ahora ha iniciado un proceso legal para obtener las pruebas de su tortura. Éstas consisten en unas fotografías que le hicieron y que pegaron a la puerta de su celda con el fin de poder identificarlo, pues su rostro había quedado irreconocible tras los interrogatorios de la CIA. Según la legislación de Estados Unidos, las fotos han de ser destruidas, junto con las demás pruebas, desde el momento en que el detenido es puesto en libertad sin cargos.
Mohamed desea recuperar esas fotografías para demostrar que fue torturado, lo que se niega oficialmente, y demandar a Estados Unidos por los delitos de tortura y detención ilegal. Las fotos fueron tomadas en el año 2006: “... tras haberme pateado y golpeado, los guardianes me retorcieron los brazos esposados. Abrieron mis puños cerrados doblando hacia atrás los dedos, uno a uno”. Le fotografiaron cuando estaba tendido en el suelo e inmovilizado por los vigilantes: “Me arrojaron a mí y a mi Corán contra la valla. Cuando protesté, volvieron a hacerlo. Entonces me encadenaron a una silla y me cortaron la mitad de la barba. Luego me humillaron con una ‘búsqueda en la cavidad anal’, cuando era evidente que yo nada podía ocultar allí”.
También demandará a Estados Unidos por haber sufrido detención ilegal y torturas un periodista de la cadena Al Yazira, con el apoyo de la organización "Centro de Justicia de Guantánamo", creada en Ginebra (Suiza) por antiguos prisioneros de la base estadounidense. En el diario británico The Guardian se explica que las acciones legales contra los antiguos miembros del Gobierno de Bush se inspiran en la causa abierta por Baltasar Garzón contra Augusto Pinochet, por el presunto asesinato de españoles en Chile durante su dictadura. El hito que esto supuso en la práctica jurídica internacional no podrá ser olvidado fácilmente, por molesto que resulte para algunos gobernantes.
Aunque Obama firmó una orden paralizando los juicios contra los detenidos en Guantánamo, éstos han continuado. Desarrollados por las llamadas "Comisiones militares", se han disfrazado bajo el nombre de "audiencias administrativas", como la que tuvo lugar la semana pasada para procesar a cinco sospechosos de colaborar en los atentados del 11-S. Numerosos incidentes la hicieron inútil, como cuando a un procesado le fue denegada la petición de interrogar a uno de los testigos, al que acusaba de falsedad.
Se entiende que Obama busque ayuda en los países aliados para resolver la enrevesada situación que heredó de su antecesor, y es también obligado que éstos busquen el mejor modo de hacerlo, aunque sólo fuese para agradecerle que nos haya evitado la pesadilla de una Casa Blanca encabezada por John McCain y Sarah Palin. Pero habrá que comprobar que en este saldo por liquidación y cierre del negocio no nos den gato por liebre. Δ

Alberto Piris. General de Artillería en Reserva. CCS


 

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