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Editorial Editorial Pandemias

Pandemias

Escrito por Fusión 30 Julio 2009
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Estamos ante una alerta de pandemia. Un virus, el H1N1, trae en jaque a la comunidad internacional y está provocando un movimiento sin precedentes para tratar de controlarlo y dominarlo. Un virus, un organismo sencillo en su composición, que puede reproducirse sin ayuda de nadie, utilizando su metabolismo, que puede mutar y también matar. Una lección de humildad para el ser humano quien, en su prepotencia, se cree el dueño del mundo, el dueño de la vida.
Pero también una oportunidad para reflexionar sobre la criatura humana y sobre la vida.
Porque la criatura humana es sumamente imperfecta si la comparamos con la mayoría de las criaturas que nos rodean y que pueden afectar nuestra vida, sobre todo las unicelulares.
El ser humano ha construido un mundo irreal, ficticio, que “funciona” al margen de una realidad que existe a nuestro alrededor fruto de un diseño original.
El ser humano se ha dejado absorber hasta tal punto por su propia creación que es incapaz de percibir la tremenda fragilidad de ésta, sobre todo porque las fuerzas que modelaron y sostienen la vida en el planeta no dependen ni cuentan con el ser humano para su movimiento, para su caótico comportamiento.
El ser humano ha querido, y sigue pretendiendo, poner orden en un sistema caótico, y eso es imposible, por eso se levantan y se destruyen civilizaciones, imperios, y también por eso cuando, como ahora, nos encontramos ante un “enemigo” invisible, cuyos movimientos y cambios no podemos predecir, nos invade la sensación de indefensión y nos damos cuenta que vivimos en un mundo ficticio, vacío, donde el supuesto poder que manejamos es una absurda mentira que nos creemos para evitar mirar de frente la realidad.
Y esa realidad, en su frialdad y crudeza, nos muestra que son muchas las pandemias que nos afectan, aunque a la mayoría hemos dejado de darles importancia.
Nos acostumbramos a tal velocidad a todo, que no sería de extrañar que la gripe A se instalara entre nosotros para quedarse y convertirse en algo cotidiano. Y es posible que así sea.
Pero también es pandemia el sida, y el alcoholismo, y las drogas, y los accidentes de tráfico, y la corrupción, y la mentira, y el egoísmo, y la pobreza, y la injusticia, etc. ¿Cuántos muertos van hasta el momento por la gripe A y cuántos por la violencia de género? Claro que... ¿existe posibilidad de hacer negocio con la violencia de género? Digamos que existen pandemias “consentidas” y pandemias que pueden alterar nuestro estado de bienestar. Y la gripe A es una de ellas, porque puede ponerle la guinda a la crisis económica si afecta al funcionamiento de las empresas, si paraliza mercados, si exige el cierre de aquello que produce beneficios, de lo que alimenta la maquinaria del consumismo.
Al final, el virus H1N1 va a ser un “elemento” que nos viene a decir que somos altamente vulnerables, que nuestra aparente solidez es una gran mentira que necesitamos creer para no quedarnos vacíos, y que existen otros problemas más serios en nuestra sociedad a los que no se les presta atención ni importancia.
Pero mucho me temo que el citado virus es sólo la avanzadilla de una serie de acontecimientos que van a poner las cosas en su sitio, porque lo que el ser humano construyó y pretende sostener en pie es la más colosal de las mentiras, algo elaborado inteligentemente para enriquecer y dotar de “poder” a unos pocos en detrimento de la gran mayoría de la humanidad.
Por eso es necesario un reajuste, una cura de humildad, algo que coloque al ser humano en su lugar, que no es como dueño y señor del planeta, sino como un eslabón más de una inmensa red donde, de momento, quienes mandan son los organismos unicelulares, y mucho me temo que nunca van a perder el mando ni cederlo al ser humano.
Un sencillo e invisible virus puede alterar todo lo que el ser humano considera “su mundo”. ¿Dónde está entonces el verdadero poder?
Cuando el verdadero poder se mueve las cosas son sencillas. Cuando las cosas se complican, cuando vivir se convierte en una batalla sin tregua ni descanso contra los problemas, contra las enfermedades, contra el comportamiento egoísta del mismo ser humano, entonces no podemos hablar de poder, ni de equilibrio, ni de sentido común, ni siquiera de vida, porque la vida es otra cosa, algo que, a pesar de su larga historia, el ser humano aún no descubrió.
En realidad, vivimos inmersos en una permanente pandemia, suma de innumerables pandemias, y lo peor es que se ha asumido como algo lógico, normal, cuando no tiene porque ser así.
La solución es muy sencilla, y está escrita en el tiempo, y es que el ser humano viva en unidad entre sí y con la madre tierra. Eso produce equilibrio, armonía y progreso, auténtico progreso.
Lo contrario es lo que hay, nada que valga para nada.
La pandemia que viene es impredecible en sus consecuencias, pero no es más grave que las que ya están instaladas y asumidas por esta absurda sociedad.
Es una gota más en un vaso que ya está lleno. Si el ser humano no está por la labor de vivir en unidad tendrá que asumir las consecuencias de sus decisiones.
La pregunta es... ¿se está preparado para vivir dichas consecuencias?
La respuesta es no, en parte porque ni siquiera se contemplan como algo previsible, en parte porque el sistema establecido genera criaturas débiles, dependientes de la tecnología, incapaces de pensar por sí mismos.
El ser humano no tiene madera de superviviente, y eso, ante el futuro previsto por los científicos y por quienes sepan leer los signos del presente, es sinónimo de suicidio.
Tiempo al tiempo. Δ


 

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