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Integrismo anti-aborto

Escrito por Carolina Fernández 10 Julio 2009
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Integrismo anti-aborto 3.0 out of 5 based on 3 votes.
Es sorprendente qué grado de agresividad son capaces de desarrollar algunos de los que se autoproclaman antiabortistas, esto es, y según sus propias palabras, defensores de la vida. Sorprende simplemente porque se cortocircuitan los conceptos.
Uno no se imagina a un pacifista pateándole la cabeza al vecino en nombre de la no violencia, ni a un ecologista empocilgando ríos en honor a la Madre Naturaleza. En esa misma secuencia, un antiabortista no debería andar por la vida, nunca mejor dicho, agrediendo al prójimo. El prójimo, sea quien sea, para bien o para mal, ya ha nacido. Amargarle la existencia en nombre de los que no nacieron no parece que tenga mucho sentido.
En EE.UU. los grupos antiabortistas son belicosos, violentos, feroces. Hablamos de asaltos, incendios, amenazas y asesinatos. (Hace un mes, el doctor Georg Tiller murió por el disparo de un activista; ya antes había sido herido en atentados). Practican una especie de terrorismo pro-vida. Es una paradoja, ya, pero los que actúan en nombre de Dios están incapacitados para detectarlas.
Aquí no llegamos a tanto. No ha habido muertos, quiero decir. Pero teniendo en cuenta la tendencia a copiar todo lo que nos viene del otro lado del océano más nos valdría no despistarnos demasiado. Por lo pronto, las clínicas que legalmente practican abortos en España han pedido protección policial. Cordones de seguridad. Cámaras de vídeo. Alarmas anti-atraco. Distancia que mantenga a raya a los manifestantes, que empiezan rezando el rosario y acaban blandiendo estacas, berreando barbaridades y agrediendo al que se El tema del fanatismo es delicado. Y si se manejan argumentos divinos, más aún. En España debería rendir cuentas la Conferencia Episcopal, que no distingue las churras de las merinas, esto es, una ley democrática de un precepto divino. cruce por delante, aunque vaya a hacer la compra.
Para ser adalides de los indefensos, lo cierto es que dan ganas no sólo de cruzar de acera, sino de advertir a los niños, los que sí han nacido, que ni se acerquen ni les acepten caramelos. Mala gente. Mala gente que va de buena. Peligrosos.
El tema del fanatismo es delicado. Y si se manejan argumentos divinos, más aún. Pero el fanatismo no surge espontáneamente, sino que aprovechando las circunstancias, se alimenta y se dirige en la dirección que convenga. De modo que donde hay que volver la cabeza es en dirección a la mano que lo alimenta. En España por tanto debería rendir cuentas la Conferencia Episcopal, que no distingue las churras de las merinas, esto es, una ley democrática de un precepto divino. Y así, se amparan en una supuesta superioridad moral que los coloca por encima del resto de los ciudadanos, del gobierno y sus leyes, del estado y de la democracia. Con ésas ínfulas, se permiten el lujo de saltarse el Estado de Derecho los días pares y también los impares. Y no pasa nada.
Pero engordar el integrismo tiene consecuencias. Alimentar el miedo, la tensión en la calle, la desconfianza, la agresividad y la división, por fuerza ha de tener un precio. Uno no puede saber dónde acabarán las cosas ni cuánto se van a desbocar. Por eso la irresponsabilidad de la Iglesia Española es tan grave y tan incomprensible para los ingenuos que todavía pensamos que éste es un estado laico. Qué risa.
Como no nos queda otra, oremos pues: por favor, vale ya de proclamas apocalípticas; hartitos estamos de amenazas de infiernos y excomuniones; paren de vender moralidad, que estamos saturados. Y por favor, detengan a los perros de presa. Todo el mundo sabe que lo más fácil del mundo es darle a un tarugo un argumento que defender, envalentonarlo, prometerle el cielo y sacarlo a la calle. No tiene ningún mérito hacer eso. Y no es moralidad. Es basura ideológica.
Por último, que conste lo que no acaba de constar: cada uno tiene derecho a pensar lo que más le convenga, a manifestarse con pancartas y a poner su rúbrica en cualquier lista. También tiene la obligación de convivir.
Qué quieren, es lo que tiene haber nacido: siempre habrá vecinos.
¿Les fastidia? Δ

 

Comentarios   

 
0 #1 felipe tudela 13-07-2009 14:38
Muy acertado el artículo. El enfrentamiento entre lo que se defiende y lo que se hace es increible. La responsabilidad de la Conferencia Espcopal es algo inconcebible que asusta a los católicos de buena fe. La responsabilidd de los que nombran a los obispos también. Recuerdo las declaraciones del Nuncio en España, una vez cesado: "He hecho lo mejor para España" ¿Seguro? Sería interesante saber a qué España se refiere.
Un cordial abrazo
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