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Editorial Editorial Supervivencia y egoísmo

Supervivencia y egoísmo

Escrito por Fusión 03 Julio 2009
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Supervivencia y egoísmo 4.8 out of 5 based on 34 votes.
Vivir es sobrevivir y para sobrevivir hay que comprender las reglas de la vida.
Antes de que existiera la vida en el planeta, existió el planeta.
Antes de que nos subamos a un barco o a un avión para hacer un viaje, ya existen el barco o el avión, ya fueron diseñados y creados. Nosotros, luego, utilizamos esas creaciones para nuestro beneficio, pero respetando sus normas, sus reglas, sus condiciones. Y lo hacemos básicamente por nuestra supervivencia.
Vivimos en un mundo creado mucho antes de que apareciéramos en él. Aún estamos estudiando su estructura, sus misterios, sus leyes y, sobre todo, su relación y dependencia con su entorno, el Cosmos.
Sin embargo, desarrollamos un modo de vida ajeno a esa realidad. Vamos en el barco o en el avión y nos comportamos como si estuviéramos en tierra firme. Eso implica alterar las leyes que funcionan en el entorno donde nos movemos, no respetarlas.
Un observador extraterrestre diría que somos idiotas o que no nos importa vivir. Pero para cualquier habitante terrestre, dicho comportamiento no sólo es coherente sino que además se cataloga como inteligente.
Pero esa desviación de la realidad tiene un nombre, y se llama egoísmo. El egoísmo es, con mucho, la enfermedad madre de todas las enfermedades. Para una mente abierta e inteligente el egoísmo es la contradicción de la vida, la otra cara de la moneda, la muerte de la vida.
Por tanto, sobrevivir y egoísmo no pueden convivir juntos. Y esto no es una teoría más. Es una evidencia constatada para quien quiera verla.
Atravesamos una crisis que se ha acabado ciñendo a lo puramente económico. Pero ésta no es una crisis económica. Es más bien una crisis humana motivada por un egoísmo salvaje que se ha convertido en el único “dios” al que adoran y siguen los seres humanos.
Si un financiero egoísta monta un sistema falso mediante el cual ofrece beneficios millonarios a la gente, con el único fin de forrarse él, acuden como moscas inversores motivados únicamente por el afán de ganar más y más dinero. Su egoísta ceguera es tal que no intuyen el peligro. Al final todo se reduce a la historia de un egoísta que tendió una trampa para cazar egoístas. Es la misma base del timo de la estampita y de otros muchos. Sólo cambia la cantidad de dinero y de egoísmo que se mueve.
El egoísta sólo ve el barco como un espacio del que puede beneficiarse. Claro que olvidándose del equilibrio natural de ese espacio y de las leyes que lo conforman. Y si el barco atraviesa una tormenta que ponga en peligro su existencia sobre la superficie del mar, el egoísta sólo se preocupará de su propia supervivencia y de sus “bienes personales”, no teniendo en cuenta que en el barco van más seres humanos y que la colaboración entre todos puede salvarles la vida.
Se olvida de que es una criatura diseñada para vivir en unidad, en unidad con las demás criaturas y con el entorno natural en el que se mueve.
Si miramos a nuestro alrededor sólo vemos hombres y mujeres inmersos en sus burbujas egoístas. A veces esas burbujas se asocian bajo un mismo fin u objetivo egoísta, pero siguen siendo burbujas entre ellas, aisladas y ajenas a lo que les rodea. Y su final es el mismo para todas.
Somos criaturas diseñadas para vivir en unidad en un entorno diseñado por la Unidad como Ley Superior de la Vida. También se le puede llamar Amor.
Por tanto, la supervivencia depende del grado de unidad que hayamos asimilado y de la unidad que manifestemos. Pero, incomprensiblemente, y aunque se admitan las bondades de la unidad, aunque se reconozca y se necesite, se sigue actuando de forma egoísta. El “bien” del individuo sigue prevaleciendo sobre el bien del grupo.
Se persigue la satisfacción personal, se busca el bienestar personal, se arriesga la vida y la libertad por absurdos sueños egoístas. Da la impresión de que la humanidad no aprendió nada, no creció nada, no avanzó nada.
Y el egoísmo generalizado nos está conduciendo a la destrucción generalizada.
Ahora mismo es difícil encontrar un lugar en el planeta que no esté en peligro. Montañas, bosques, océanos, ríos, especies. Todo está sufriendo las consecuencias del egoísmo humano. Pero, y esto parece un mal chiste, quien más peligro corre es la especie humana. Aunque es lo que menos se comenta y lo que menos preocupa.
Tal vez porque el egoísmo produce ceguera, física y mental. Y entonces lo evidente no se ve. Pero no hay especie más amenazada ahora mismo que la humana, y es, con mucho, la que tiene un nivel más alto de degradación, de enfermedades y de extinción.
Tal vez se vive en la creencia, motivada por el egoísmo, de que somos invulnerables, de que nada puede con nosotros, de que sobreviviremos siempre.
Y, de repente, se me viene a la cabeza el Titanic.
Tal vez el planeta tierra sea la versión, a mayor escala, del Titanic.
Tal vez haya un iceberg cósmico viajando por ese mar cósmico hacia su encuentro con nosotros. Tal vez nuestro barco planetario se hunda porque lo hemos agujereado y destrozado desde dentro. O tal vez ambas cosas coincidan en un tiempo y en un lugar del espacio. Sólo que esta vez ¿quedará alguien para hacer luego una película de nuestro final en la que el amor, que debería estar por encima del egoísmo y la prepotencia, sólo esté representado en una pareja en la proa del barco? Me temo que no.
Si la vida es supervivencia, y eso implica cumplir unas determinadas normas y utilizar los recursos y las cualidades que figuran en nuestro diseño original, tales como el amor, la inteligencia, el control emocional, la conciencia de unidad, la capacidad de sufrir y de aguantar el dolor, etc., entonces estamos al borde de la extinción, porque cada generación es más débil, y porque lo que se respira en el ambiente es un “sálvese quien pueda”, lo más opuesto a un comportamiento inteligente.
Egoísmo y supervivencia no son compatibles. Eso lo saben los verdaderos supervivientes.
Pero, ¿Quién vive consciente de que su existencia aquí y ahora es una cuestión de supervivencia en grupo? ¿De que dicha supervivencia depende de cuidar a los demás, de cuidar el entorno? ¿De que lo que le falta a cada uno lo posee el otro?
El egoísmo produce ignorancia y ceguera.
El amor, la unidad, produce visión y confianza. Y también aporta fuerza.
Fuimos diseñados para vivir en unidad. Si queremos sobrevivir tenemos que luchar por comprender, conquistar y vivir esa unidad.
Es el único camino que queda.
Aunque los resultados tal vez no los recojamos aquí, en este barco llamado Tierra. Δ
 

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