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Firmas José Carlos García Fajardo ‘Prohibido prohibir’, y padece la convivencia

‘Prohibido prohibir’, y padece la convivencia

Escrito por José Carlos García Fajardo 02 Julio 2009
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Nos estamos equivocando en la educación de los menores. Muchos delincuentes surgen en un ambiente que genera niños individualistas y hedonistas, incapaces de aceptar la frustración.
José Carlos García Fajardo .Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Director CCS. Al comenzar el curso en la universidad, les digo a los alumnos: “He oído decir que en colegios e institutos hay profesores que padecen estrés. Olvídense de eso, porque los estresados pueden ser ustedes. A la universidad se viene a compartir saberes, y esto es imposible sin trabajar fuerte, respetando las reglas del juego establecidas, y que han dado su carácter y prestigio a la universidad”.
Se extiende el maltrato de los muchos adolescentes a padres y profesores. Se ha cedido en aspectos fundamentales: respeto, cariño, comunicación, autoridad y concierto en una vida familiar. Hay padres que han pretendido ser los mejores “amigos de sus hijos” cuando estos lo que necesitaban eran padres y puntos de referencia. Los amigos se los buscan ellos. Padres insensatos han sobre protegido a sus hijos y les han consentido vivir sin reglas ni normas ni concierto.
Niños y adolescentes han empezado a levantar la mano a sus progenitores, sobre todo a su madre y este maltrato ha adquirido tintes de epidemia.
En España, durante 2008, las Fiscalías de Menores abrieron más de 4.200 expedientes por agresiones de hijos a padres. No todas las denuncias dan lugar a la apertura de expedientes judiciales -muchas se archivan tras labores de mediación-, y hay que pensar que por cada padre que denuncia a su hijo, hay otros que se resisten a dar ese paso.Estamos ante una sociedad dominada por un modelo económico y social agresivo que amenaza con pervertir los sistemas de valores para devolvernos a la ley de la selva.
Consuelo Madrigal, fiscal de Menores del Tribunal Supremo, dice "Cuando los padres denuncian es porque han llegado a una situación límite. Se sienten doblemente avergonzados por tener que pedir que se actúe contra sus hijos y porque la denuncia misma les parece la constatación de un fracaso". Las estadísticas muestran un espectacular incremento de chicas que pegan a sus madres y también chicas que pegan a otras chicas. En esto, como en el consumo de alcohol, tabaco y drogas, también se han esforzado por imitar a sus compañeros para reproducir modelos machistas, por mucho que hayan estudiado en colegios mixtos y se les suponga aleccionados en los valores de la libertad y la igualdad.
No son casos de marginación social sino que parece concentrarse en familias desestructuradas, de clases medias. Parece que esas conductas son formas de protesta ante una realidad desconcertante pues algunos han sido testigos de malos tratos conyugales o han padecido agresiones paternas.
¿Qué está pasando para que adolescentes que antes se fugaban del hogar opten por quedarse en casa a tiranizar a sus progenitores?, se pregunta Berbería. ¿Y para que los padres que antes expulsaban del hogar a sus hijos díscolos o depravados ocupen hoy el papel de víctimas? Muchos han sustituido el modelo del "ordeno y mando" por una permisividad sin límites, igualmente nefasta.
El principio de autoridad se ha debilitado y ni la sociedad ni la familia han sabido establecer otros valores y límites. Nos estamos equivocando en la educación y muchos menores delincuentes surgen en un ambiente que genera niños individualistas y hedonistas, incapaces de aceptar la frustración.
Algunos sostienen que la familia es la primera patología a tratar y muchos padres no saben qué hacer con sus hijos. Se detecta un problema de ausencia de la figura paterna, bien porque la pareja se haya separado o porque el padre o la madre se inhiben o están muy ocupados en el trabajo.
El Defensor del Menor de Madrid, sostiene que la violencia ambiental influye, "aunque no sea el detonante del problema", por eso hay que prestar atención a esos chicos que "pasan muchas horas solos en casa, delante de la televisión, viendo cómo las situaciones más terribles se presentan como si fueran normales. Se ha comprobado que las imágenes violentas activan el área del cerebro que fomenta la agresión. La sobre exposición a estas señales hacen bajar las defensas frente a la violencia, de forma que la costumbre amortigua su sensibilidad. Estamos ante una sociedad dominada por un modelo económico y social agresivo que amenaza con pervertir los sistemas de valores para devolvernos a la ley de la selva.
El cibersadismo, la difusión de las agresiones, el incremento del maltrato doméstico y escolar practicado por menores sostienen la creciente degeneración. Es preciso volver a una educación en valores de justicia, de esfuerzo y de solidaridad para una convivencia ciudadana. Δ

J.C. GARCIA FAJARDO. Profesor Emérito de la UCM y Director del CCS