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Escrito por José M. López
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19/06/09 |
El descubrimiento de las neuronas espejo en 1996 supuso una verdadera revolución en el mundo de la psicología. Se trata de una estirpe de neuronas que se activan en nuestro cerebro al observar acciones, emociones y sentimientos en los demás para sentirlos como propios. Es decir, imitan lo que percibimos. Un estudio publicado el pasado mes de abril en 'Science' confirma que son capaces de detectar la distancia de la persona a la que van a imitar.
Las neuronas espejo fueron descubiertas por primera vez en el cerebro de unos monos macaco por Giacomo Rizzolatti y su equipo de la Universidad de Parma (Italia). Estas neuronas tan especiales tienen la particularidad de activarse cuando el mono realiza determinados movimientos, pero también cuando ve a otros hacerlos. Por eso se les denomina neuronas espejo, ya que reflejan la acción del individuo al que se está observando. Estudios posteriores confirmaron que la imitación iba más allá de los movimientos, y que también sucedía con las emociones y los sentimientos, siempre de una manera más intensa si el individuo observado es de la misma especie que el observador. Algunos autores empezaron incluso a hablar de que en estas neuronas se encontraba el origen del “contagio emocional”, es decir, que un individuo tiende a sentirse tal como se sienten los que están en su entorno. Tras las primeras investigaciones de Rizzolatti en monos, pronto se localizaron también dichas neuronas en el hombre, justo en la corteza cerebral frontal inferior, donde está ubicado el centro del lenguaje. Se descubrió que el sistema espejo tiene muchas más implicaciones que las de imitar movimientos, sentimientos o emociones de los demás. El sistema permite comprender lo que piensan otros individuos, logran ponerte en el lugar del otro. De este modo surge la empatía y la posibilidad de imaginar lo que el otro está pensando.
Para el investigador Giacomo Rizzolatti, la existencia de la neuronas espejo es la demostración de que somos seres sociales, y que estamos diseñados para estar unos con otros, para aprender por imitación.
Los últimos estudios con neuronas espejo se han publicado en la edición de abril de la revista Science. Antonino Casile y sus colegas, del Instituto Hertie para Investigación Clínica Cerebral en la Universidad de Tübingen (Alemania) estudiaron en dos monos rhesus cómo afectaba a sus neuronas espejo la distancia que los separaba. Y revelaron que estas neuronas, además de responder a la acción del otro individuo, se activaban en diferentes bloques del cerebro en función de la distancia personal que separaba a los monos. La conclusión del equipo de Casile es que las neuronas espejo cambian sus propiedades dependiendo de que un individuo esté lo suficientemente cerca del otro como para poder interactuar con él. Casile cree que este hecho es importante en el sentido de que las neuronas no sólo se limitan a imitar, sino que también se preguntan si pueden responder y si pueden interactuar o no. Para Giacomo Rizzolatti, la existencia de la neuronas espejo es la demostración de que somos seres sociales, y que estamos diseñados para estar unos con otros, para aprender por imitación. Rizzolatti cree que la mentalidad de la actual cultura occidental, que rechaza la imitación frente a la invención original es un error: lo primero que se debería hacer es imitar, para después poder ser original. Δ
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