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Tanjazz

Escrito por Alejandro Ashley 27 Marzo 2009
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Algunas reflexiones desde la tierra donde se pone el sol, desde el rincón más occidental de una experiencia que algunos llamaron el imperio Islámico.
Una tarde de marzo en Tánger escribí… Tanjazz"Saborea el néctar de una brisa cálida que al atardecer trae el dulce y fresco jazmín marroquí. Siente la brisa del agua que riega la tierra de fuego pasión."
Fue una dedicación de amor, un deseo de sentir y de respirar la magia que una vez sentí en Marruecos. Una magia que a veces se escapa y desaparece entre mis miedos, entre las nubes grises de mi preocupación. Una magia que la realidad de contrastes e incoherencias de este país y de este mundo, se empeña en borrar.
Anoche pude asistir a uno de los eventos de moda en el mes de mayo de la que fue capital internacional de Marruecos. Me refiero al famoso Festival de Jazz de Tánger más conocido como “Tanjazz”. Uno de esos nombres inteligentemente transformados para sonar como el original y transmitir otros mensajes añadidos. El “Tanjazz”, suena bien, tiene enganche, es una publicidad fabulosa para la ciudad. Te creerías que vas a dar una vuelta por Donosita, y de hecho, si sólo te limitas al circuito de los conciertos, hasta podrías pensar que Tánger es una ciudad opulenta, sobrada de medios. Las actuaciones de artistas internacionales en este genero musical deleitan a sus oyentes en lugares como “El Club de Cricket”, los lujosos hoteles “Minzah” y  “Mövenpick” o el club náutico “The Royal Yacht Club de Tánger”. Los precios pueden variar, de 10 a 30 euros por concierto, o un pase por 50. Incluso existen ofertas de vuelo de Regional Airlines de ida y vuelta desde la capital económica, Casablanca con pase del festival incluido por 70 euros. Podría decirse que es asequible, y desde luego que para el europeo medio no es un precio demasiado elevado para saborear ritmos jugosos de swing en una capital mediterránea, fronteriza con el bravo Atlántico. Corrientes que pasan por el estrecho que la separan de la deseada Europa. Aquí comienza el contraste, aquí las incoherencias, la magia se tambalea y el más fanático del jazz, sin salirse del circuito, lo puede ver. Ni siquiera su amor por la música debería de distraer su atención. Tanjazz
Los contrastes y la incoherencia que se ve por todo el país. Complejos turísticos de compañías como Fadesa con tres campos de Golf separados por una carretera frontera de un pueblo de chabolas donde la gente no tiene para comer
Los organizadores piensan que la magia del jazz, de la ciudad, del ambiente festivo de un evento de renombre puede crear una falsa ilusión, pero no miden que los contrastes son demasiado grandes. La élite vive demasiado alejada para darse cuenta de lo que pasa bajo las notas de un solo de bajo y batería. Uno de los lugares que se escogen para dar cita a un concierto diario gratuito, es una plaza a la entrada del puerto de Tánger, la Place Massira el Khadra. Anoche, por curiosidad, por disfrutar de la poca variedad de ocio que existe en la ciudad decidí acercarme a esta plaza. Además, eventos en la calle, como a mi me gusta, algo más popular.
Llegué justo al final de una actuación de un grupo marroquí. No era jazz, pero me llenaron los ritmos de darbuka que tanto me apasionan. La gente no bailaba mucho, pero se veían grupos de jóvenes a ritmo de palmas moviéndose y disfrutando de una actuación que de por sí no era muy excitante, pero no quitemos mérito a la expresión de unos seres humanos y un ambiente popular en la calle.
El concierto acabó, y me relajé, esperando el comienzo del jazz prometido y fue al relajarme que comencé a ver la realidad, a observar al público más que a los artistas, a observar el evento en su conjunto. Tanjazz
Ahí estaba yo, en el puerto de Tánger, observando, un puerto por donde se cuelan cientos de personas para llegar al deseado paraíso europeo. De repente vi un camión pasar con niños agarrados a las puertas de atrás. ¿Era un divertido juego, o eran los niños de la calle buscando un pasaje a una vida mejor? ¿Acaso no les verían en las aduanas?
Un escenario moderno, un puerto, a catorce kilómetros de España. Algunas personas viendo un grupo de Jazz Holandés, Stefan Livestro Sextet. ¿Cuántos les miraban a ellos? ¿Cuantos miraban la personificación de un sueño europeo? ¿Cuántos dirigían sus miradas a lo que había detrás a tan solo catorce kilómetros? Ahí estaba yo, un europeo, escuchando Jazz mientras miraba a los niños de la calle drogándose con pegamento, parejas ancianas con sus chilabas escuchando a estos extraterrestres que acaban de llegar del planeta EUROPA. La música de esta nave espacial desentonaba con el lugar. Los contrastes y la incoherencia que se ve por todo el país. Complejos turísticos de compañías como Fadesa con tres campos de Golf separados por una carretera frontera de un pueblo de chabolas donde la gente no tiene para comer. Una promesa de crear trabajos, donde los marroquíes no pueden acceder. Los marroquíes de a pié, una mayoría sin duda, sufriendo un ataque extraterrestre que promete revelar secretos del éxito. Un chiste, una burla de mal gusto. ¡Mirad lo que no podréis tener!
Y aquí estoy yo, un cooperante internacional, intentando dar alguna esperanza. ¿A quién se la doy? ¿Me la doy a mi mismo? ¿Se lo doy a los habitantes de un pueblo de Larache? Desafortunadamente perpetuamos un sistema, incluso participamos de él, nos beneficiamos del “Tanjazz” y mi única esperanza, finalmente, reside en que el ser humano descubra el corazón, descubra de nuevo el amor y un día podamos decirle a un hermano marroquí, sin miedo a ser incoherentes:
“Saborea el néctar de una brisa cálida que al atardecer trae el dulce y fresco jazmín marroquí. Siente la brisa del agua que riega la tierra de fuego pasión”. Δ

Alejandro Ashley. Cooperante internacional.

 

Comentarios   

 
0 #1 Zoso 10-01-2011 20:48
Mepresento, Soy Mexicano, y posiblemente hagamos una presentación si bien nos va en el festival Tanjazz del próximo año, llevando una propuesta de latin-jazz.

He leído tu artículo y se me hace fuera de contexto lo que escribes, la desigualdad la encuentras en cualquier parte del mundo, desde Europa hasta Asia pasando por América, puedes ver la opulencia & glamour de Manhattan en Nueva York y al dirigirte al "bronx" podrás ver zonas que están más severas que el peor barrio bajo de Marruecos, y ten encuenta que estoy hablando del país más poderoso del mundo (aún más que toda Europa unida) por citar un pequeño ejemplo.

Entonces no tiene caso que hables de desigualdades y contrastes en un artículo que debería referirse plenamente al "Tanjazz", refiérete a la música a las presentaciones al universo tan grande que es el jazz, que por lo que he visto no entiendes, si vas a seguir haciendo reportajes referentes a festivales musicales, limítate a hablar de lo que es: "música" y deja las desigualdades sociales para otros artículos que son referidos exclusivamente a eso.

Saludos!
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