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Expedición Polo Sur sin limites

Escrito por Marta Iglesias 13 Marzo 2009
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Jesús Noriega, Eric Villalón y Xavier Valbuena forman el primer grupo de discapacitados que ha llegado al Polo Sur. Lo suyo no es sólo superación, sino que plantea un cambio de conceptos: las limitaciones están en la mente.
Aventura ilimitadaNo llevaban equipo de apoyo, sólo les acompañaban como guías los expertos polaristas Ramón Larramendi e Ignacio Oficialdegui. Nada de ayuda exterior, cada uno llegó con sus propias fuerzas, arropado por los demás compañeros. Doce días caminando bajo -40ºC sobre hielo monótono con un solo objetivo: el paralelo 90, alcanzar el Polo Sur. Lo lograron el 20 de enero de 2009. Atrás quedaban las luchas por lograr financiación y un año y medio de intensa preparación física y delante se abrían nuevos horizontes, vírgenes como la nieve que tenían delante. Eric Villalón se encarga de recrearnos la aventura y los retos que le supuso.
-¿Estaba en tus sueños alcanzar el Polo Sur?
-En mis planes entran muchas cosas. Practico el esquí alpino, la escalada, la alta montaña invernal... Para mí la nieve ha sido parte de mi vida, así que cuando Tierras Polares me seleccionó para ir a la Antártida, les dije ¡Qué menos!
-¿En qué sentido tu deficiencia visual fue una desventaja y en cuál una ventaja?
-No fue ninguna desventaja porque toda mi vida he vivido con ello. Muchos de nosotros lo tenemos tan asimilado que consideramos que nuestra discapacidad no es la limitación física. Yo seré un negado para las relaciones de pareja -debido a que entro y salgo mucho de casa-, pero mi discapacidad no es mi deficiencia visual. En el Polo Sur era siempre de día, por tanto a nivel visual para mí era un regalo, no dependía de pilas, ni de linterna. Básicamente mi  problema estaba a la hora de guiar el grupo. Cada día eran siete horas efectivas de trabajo, caminando, desplazándonos con las pulkas. Durante turnos de hora y media cada uno guiaba el grupo y hasta que no sonaba la alarma tú no dejabas de caminar. A nivel de orientación utilizábamos mucho la sombra y el sol para a partir de ello calcular los grados de desviación de la luz, pero como a mí me costaba mucho ver la sombra, ideé un sistema para llevar un compás similar a los de barco a cuatro dedos de la cara.
“Para mí una persona discapacitada es la que tiene limitaciones para vivir el día a día. Que es incapaz de buscar la felicidad en lo sencillo, en lo que se tiene. Que es incapaz de luchar por conseguir un objetivo, o incapaz de levantarse cuando se cae”
-El dossier de prensa indica que os entrenasteis para llegar en el mejor estado físico y, más importante, psíquico. ¿Cómo se prepara uno mentalmente para unas condiciones que aún no ha probado?
-Adivinas que tu cerebro tendrá muchos ratos de locura porque sólo estará ocupado en caminar, y en ese tiempo no verás nada más que un horizonte. Ningún pico, ningún collado, ninguna pista de esquí... todo igual de monótono, sin referencia alguna. Seguramente yo era el que lo tenía más fácil a nivel mental, porque venía del mundo de la competición, además paralímpico, que es bastante desagradecido; tienes que trabajar durante años sin ninguna recompensa. Al final la Antártida se parece a esto: días y días sin ninguna recompensa porque no ves nada hasta el día que llegas, que es el único en que tienes una recompensa. Y te garantizo también que la mejor preparación física y psicológica que hemos tenido es la de montar el proyecto en sí. A nosotros no nos dieron una expedición montada, hemos estado un año y medio trabajando durísimo. Ante un proyecto de esta envergadura tienes tales problemas, tales envidias y tantas cosas que era el desquicie diario. Unos días veías que podíamos irnos y que teníamos dinero, y al otro no. Eso te prepara ya, te deja como un toro.

-¿En qué te sentiste identificado con tus compañeros y qué importancia cobró el equipo?
-El trabajo en equipo fue fundamental. Piensa que tienes que seguir sea como sea, y si en ese momento el que está a tu lado está indispuesto, tú tienes que suplirlo. Por lo tanto todos teníamos que conocer lo que hacía cada uno de nosotros, y a la vez saber que íbamos a un sitio remoto y extremo donde no podíamos lavarnos las manos de nuestras responsabilidades. Todos callados y a trabajar como Dios manda. Quien no esté preparado para eso, pues que no venga. Realmente el equipo que montamos fue pensando en eso y respondió a las expectativas de una manera impresionante.
-¿Qué reflexión te provoca el saber que en el mundo sois el primer grupo de personas con discapacidad que sin ayuda externa recorristeis 250 km del Polo Norte?
-Sencillamente, si lo hemos conseguido es porque nos planteamos un día que estábamos cansados de que la gente “estándar” decidiese por nosotros lo que éramos capaces de lograr y lo que no. Queríamos luchar y demostrar que podemos hacer lo que se nos antoje con una profesionalidad brutal. En eso el equipo fue envidiable. En mi caso venía de un mundo muy individualista, como es el esquí, y en la Antártida cogí una gastritis que me tuvo tres días sin comer nada. Te aseguro que si no llega a ser por mis compañeros no hubiéramos conseguido llegar al Polo Sur.
-¿Qué aliciente os impulsaba a seguir cuando todo era blanco, el frío atroz, el paisaje monotemático...?
-En mi caso la concentración en el objetivo, visualizarlo, coger el ritmo, y se acabó. Tirar, tirar, tirar. Lo que te pasa por la cabeza es la vida entera, tienes tiempo para pensar en cuatro vidas. Y realmente ese horizonte tan lejano y tan gélido que puede parecer atroz, es de una belleza espectacular porque es lo contrario de lo que estamos acostumbramos.Aventura ilimitada El mundo que nos rodea es de una complejidad social y estructural brutal, en cambio la Antártida no tiene piedad. O te acostumbras a su sencillez o mejor que te vayas corriendo porque podrías acabar muy mal.
-Una persona que no se lleve bien consigo misma no aguantaría esos momentos de enfrentamiento personal...
-Era tanta la soledad personal, que todavía cuando lo pienso se me pone la piel de gallina. Íbamos uno detrás de otro caminando, pero casi no hablábamos porque te congelabas la mandíbula y todos los esfuerzos eran para maximizar el rendimiento de tus recursos energéticos. Realmente la Antártida te pone en tu sitio desde el primer minuto y te da una lección de humildad brutal.
“Las limitaciones cada uno las alberga en su cerebro. Tenemos que ser muy realistas: estamos en un país donde la mayoría de veces se potencia en una persona las limitaciones y no las capacidades”
-¿Qué momento recuerdas más duro?
-El tercer día de mi gastritis. Llevaba dos días sin comer, porque todo lo vomitaba, y les planteé a mis compañeros que como no íbamos al ritmo que teníamos que ir, pues que si ese tercer día no mejoraba el tema, llamaran al helicóptero y me echaran. El mensaje que queríamos transmitir con la expedición era importantísimo y no podía supeditarse a mí.
-¿Pensaste alguna vez que no lo lograríais o siempre lo tuviste claro?
-Yo lo tuve claro desde el momento que pisamos la Antártida, cuando ya habíamos pasado todos los problemas financieros, de espónsores, de material... Una vez allí lo vi clarísimo: al Polo Sur se llega. Ojo, no de cualquier manera, sino luchando al máximo por él.
-Tú eres un deportista paralímpico. ¿En qué sentido es importante mantener la victoria como único pensamiento en la cabeza?
-Para mí lo importante era mantener el objetivo. Si lo fijas en tu cabeza, te concentras, y te has preparado fuertemente para eso, llegas al final a menos que suceda algo ajeno a ti. En ambientes tan duros y tan ilimitados como el Polo, para mantener el cerebro ocupado es imprescindible tener el objetivo bien claro y controlado. A partir de aquí las ganas, la motivación, está asegurada.

El componente mental de la discapacidad

-Mucha gente se fija en vuestras discapacidades, sin embargo muchas personas sin ninguna discapacidad física no podrían haber alcanzado vuestro logro. ¿Las limitaciones son mentales?
-Las limitaciones cada uno las alberga en su cerebro. Tenemos que ser muy realistas: estamos en un país donde la mayoría de veces se potencia en una persona las limitaciones y no las capacidades. Hay que enseñar que las limitaciones son una pérdida de tiempo y a partir de aquí hay que potenciar las aptitudes de cada uno. Si a alguien le llamas cuatro ojos toda la vida, cuando llegas a la adolescencia casi te lo crees.
-¿En tu caso porqué no te lo creíste?
-Porque siempre he hecho mucho deporte. Así que cuando me decían que no podía hacer algo porque no veía, recordaba que ese fin de semana había hecho la cresta de Salenques en el Aneto, y me planteaba ¿qué me dice éste, cuando soy capaz de hacer lo que quiera en esquí, alpinismo, montaña, escalada o hasta en bicicleta siguiendo a mi padrino?
“Era tanta la soledad personal, que todavía cuando lo pienso se me pone la piel de galllina. Realmente la Antártida te pone en tu sitio desde el primer minuto y te da una lección de humildad brutal”
-Has ganado 5 medallas de oro y 4 de plata en los Juegos Paralímpicos. ¿Qué magia encierra el deporte para el descubrimiento de cada uno?
-De entrada yo considero que el aprendizaje psicomotriz es básico para el desplazamiento y el conocimiento de uno mismo, de la mecánica de su cuerpo. Si tú conoces tu cuerpo, aprendes a alcanzar las posibilidades máximas del mismo. Y a partir de aquí, si te conoces a ti mismo y tus posibilidades a nivel físico y psicológico, dime tú qué limitación vas a tener para hacer cualquier cosa.
Aventura ilimitada-¿Tú has encontrado tus límites?
-Con la edad aprendes a encontrar tus límites. Yo dejé el deporte paralímpico de esquí porque un día sentí miedo en una cosa que nunca había sentido miedo. Automáticamente esa fue mi discapacidad de ese momento. Quise descubrir porqué tenía miedo y fue porque me había lesionado ya mucho, de golpe mi cerebro cambió un poquitín y perdí la suficiente locura que te permite llevar el deporte de alto rendimiento a límites insospechados. Si pierdes lo que te permite hacer eso, retírate ya porque estás perdido. El que te viene detrás te va a machacar vivo a nivel de crono.
-La actitud de tus padres ante tu discapacidad ha sido fundamental en tu autosuperación... ¿Educamos a los niños para que sean discapacitados, limitados, quejicas...?
-Creo que sí, que hoy en día se imparte mucho esa educación “burbuja”, como yo le llamo. Yo me asusto mucho porque de entrada les enseñamos a luchar por todo, a ganarlo todo, pero en cambio no enseñamos a perder nada. Aquí nos equivocamos porque identificamos el hecho de perder con un fracaso y no lo atribuimos a una evolución del aprendizaje. Deberíamos comprender que el perder nos hace evolucionar hacia un aprendizaje más rico, y que cuando yo pierdo lo único que tengo que hacer es levantarme rápido, sacudirme el polvo y decir que no pasa nada. Luego encontrar el problema que me ha hecho caer, analizarlo y superarlo. Para mí esto es el aprendizaje. Si un padre enseña eso a su hijo, en la adolescencia confiará mucho más en él, ya que le habrá dado las herramientas y le habrás enseñado cómo se emplean bien o mal. En la escuela te enseñan muchas cosas, pero básicamente eso se aprende en casa. Olvídate de que un profesor te enseñe lo que no te han inculcado en tu hogar. En cambio se está dejando la educación para la escuela y en casa se permiten muchisimas cosas inauditas. ¿Qué estamos creando: personas o discapacitados?
“El trabajo en equipo fue fundamental. Piensa que tienes que seguir sea como sea, y si en ese momento el que está a tu lado está indispuesto, tú tienes que suplirlo. Por lo tanto todos teníamos que conocer lo que hacía cada uno de nosotros, y a la vez saber que íbamos a un sitio remoto y extremo donde no podíamos lavarnos las manos de nuestras responsabilidades”
-¿Cómo distingues una persona discapacitada de la que no lo es?
-Para mí una persona discapacitada es la que tiene limitaciones para vivir el día a día, tanto porque ella se las haya creado o porque lo hayan hecho los demás. Que es incapaz de buscar la felicidad en lo sencillo, en lo que se tiene. Que es incapaz de luchar por conseguir un objetivo, o incapaz de levantarse cuando se cae. Para mí una persona que no sea capaz de esto es un discapacitado. A partir de aquí cada uno de nosotros tenemos nuestras limitaciones.
Polo Sur. Aventura ilimitada-¿Tu próximo reto?-El proyecto aún no ha acabado, nos queda el proyecto educativo. En la expedición hicimos cada mañana conexiones con Cosmocaixa y hablamos con las escuelas en directo. Ahora tenemos que ir a hablar con esos chavales para que vean que el mensaje es en carne y hueso, aparte de una voz. Además los expedicionarios, Gili y Montse estamos montando un juego que engloba la parte científica, educativa, social y deportiva de la expedición. Y por último, al acabar cada día nos pasábamos 45 duros minutos recogiendo muestras de hielo. Tras su análisis, hay que descubrir si realmente nos estamos cargando el planeta a nivel global, tenemos que saber si desde aquí somos capaces de contaminar a nivel atmosférico la Antártida, si todos los contaminantes de aquí precipitan en el hielo antártico. A partir de ahí entenderemos que ya no queda ningún sitio virgen en el planeta, no contaminado. Eso es una preocupación y algo importante para reflexionar.
Los tres expedicionarios han formado tras esta expedición Zero Limits, cuyo objetivo es demostrar la capacidad de los discapacitados en todo lo que se propongan. Hacer accesibles las aventuras y el deporte de alta exigencia a los discapacitados, siempre en un entorno educativo y científico de calidad. Δ



Fotos y vídeos: Zero Limits. Obra Social La Caixa.

 

Comentarios   

 
0 #1 joan 30-07-2009 15:00
enorabuena de todo corazon!!!hay gente que le quitan una pierna i parece que sea acabado la vida..i vosotros mostrais que es todo lo contrario
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